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02 noviembre 2009

Justicia



Justicia - HologramaBlanco

El punto de encuentro de las múltiples memorias es, antes que la nitidez de una idea clara de Justicia, las marcas imborrables de lo terrible. A pesar de esa vaga confianza en “como si la justicia existiera” lo que se presenta de forma “nítida” siempre a nuestra existencia, a nuestra realidad insufrible, no es la “justicia” sino el “régimen”, el “sistema”, el “aparato”, que doblega la voluntad de los trabajadores, de los hombres, en suma, los nombres de la injusticia, los nombres y los rostros, las manos y los cuerpos de todos los oprimidos, de todos nosotros. La justicia es en consecuencia de ese “sistema”, de ese “aparato” algo siempre oscuro, casi nulo.

La justicia, como la promesa, no puede ofrecer más que un horizonte difuso, abierto, donde la impronta de aquel resentimiento constitutivo se mezcla, se empasta con el deseo de una comunidad otra, más allá de la mera pervivencia de lo existente, se mezcla con el lodo que hunde nuestros pies, con el peso de un andar desgastante en pos de algo que no llega, de un silencioso rostro apagado, perpetuo, que consume verdades, realidades, fines y pasados, que enclaustra nuestro mañana, porque "Mañana, mañana ¡todo habrá terminado…!" como dice F. Dostoievsky

18 octubre 2009

Sociedad



Sociedad - Hologramablanco

Lejos estamos –y estuvimos- de lograr construir, en esta fascinante y disímil Latinoamérica, comunidades realmente consideradas, construidas, en contrapartida, hemos alcanzado, gracias a los poderes de turnos, los falsos intereses, las mezquindades particulares y traiciones de un sin numero de cobardes, conglomerados básicos, patéticos, enjambre de hombres, de cuerpos muertos, mal formados, explotados, desgarrados, reprimidos, hacinados, que se arrastran por fronteras, por calles, por trabajos mal pagos, por Estados mal constituidos intentando de alguna manera sobrevivir a su presente y pasado, a su realidad de entes productivos, cuerpos usufructuados por el imperio. Conglomerados de criaturas que carecen de una espiritualidad en común, inmersos en la inseguridad profunda de su entorno, padecen el temor de cualquier movimiento (todo los espanta), no soportan cualquier reacción o cambio que modifique este enfermizo entorno. La conciencia anormalmente aguda muestra la precariedad estructural en la que despertamos, y este despertar se hace fuerte cada día apresando con fuerza nuestras manos y pies, capturando nuestros destinos, volviéndonos corrosivos al grupo y a nosotros mismos, aunque el sistema encuentre siempre la manera de superar estas complicaciones. Toda esta realidad establece y afirma un régimen ético negativo con el cual formamos ideas, relaciones, retóricas y comportamiento, cuyo único atributo es la avidez desmesurada, la vanidad, la ostentación, las diferencias sociales impetuosas, vertiginosas que aceleran los momentos, dan lugar al falso refinamiento, elevando la barbarie, la infeliz civilización, mostrando el abuso constante, la ironía sistemática, la pasividad contínua, la desconfianza en todos los ámbitos. La coyuntura reclama, además de enfrentar los problemas inmediatos y urgentes, la tarea de conocer, aceptar y canalizar los hechos sociales que dentro de ella se suceden

Por pensar en esto uno no debe creer que es un “oscuro” (a la manera de Heráclito). La interpretación misma de este razonamiento exige un tratamiento agresivo, poco concesivo con las evidencias que puedan considerarse inmediatamente. Ahora bien, ¿por qué deberíamos rechazar estos razonamientos? Es imposible llevar adelante de otra manera la batalla política y culturar contra las injusticias que en el seno de nuestra comunidad asumimos si no es planteando las cosas como son, o mejor dicho, de la manera que más se acerque a la realidad en la que vivimos. Para afrontar esta batalla deberemos establecer también con qué parámetros observaremos la historia, si con el rostro conciliador del Estado Benefactor, o con la lógica del antagonismo clasista, desde ya deberemos pensar muy bien si la estratégica toma de distancia respecto de la claustrofobia artificial que propone la fortaleza estatal realmente es aplicable.



El camino hacia el desarrollo debe comenzar, por tanto, con la devolución al ciudadano de la libertad política, de la responsabilidad e iniciativa para labrar su propio y particular destino, y el compromiso de cada ciudadano de asumir su responsabilidad histórica, pero al reconocer que esto no ocurre salvo contadas ocasiones, me pregunto, ¿qué queda de nosotros? ¿Una suspensión, la obsesión, el pacto de larga duración entre el capital y el trabajo que nunca se consigue? A lo mejor quede esto o mucho menos, vestigios de una gloria que no será jamás y que siempre fue prometida, como la tierra misma donde los hombres serían libres, la justicia reinaría sobre el mal en el mundo. Con el enfrentamiento más o menos abierto con las estructuras de poder o la fuga de las tan cercanas instituciones escolares, familiares, sanitarias, militares se establece este cuadro de imperfecciones y falencias. Este enfrentamiento que ha sido siempre imperativo vital que tiene por objetivo poner en entredicho el orden socio-político a través de unas violencias ya destructivas, ya sustractivas y elusivas no hacen más que exponer los artificios a los que nos enfrentamos, las imposiciones establecidas, si esto ocurre, cuando estas actitudes realmente confluyen en nosotros y en nuestro Pueblo, puede (en el menor de los casos) darse una Revolución Liberadora, o por lo menos, encontrarse próxima dicha revolución, lo que abre estdíos de reflexión y cambio. La cuestión está clara, porque no hay una comunidad estructurada por un Estado que siempre es garante de unas ciertas y determinadas relaciones de clase, estamos solos y así andamos, con un Estado distanciado de sus ciudadanos y somos nosotros los que debemos ser "garantes" y "vigilantes" de una sociedad más equitativa, justa, "valorativa". Debería ser un sentimiento generalizado que los hombres quieran intervenir en su propio destino. Quieran ser dueños de sí mismos. Que su forma de pensar y vivir se oponga a la idea de ser rebaño o masa, que cada uno de nosotros sea realmente "sujeto" de la historia y no un numero más, un "cuerpo dócil" perdido en la marea humana del siglo sin rumbo, sin participación.

Cuando las máscaras sólidas caigan, cuando las ilusiones del bienestar perenne y las apariencias disciplinarias se derrumben, desde sus restos podremos alcanzar a distinquir como emerge victorioso el poder nihilizador de la producción sistemática de fragmentos. En esta realidad, bajo el abrigo de determinados amparos políticos, metafísicos y culturales, lo que resulta impensable es cómo vivir y resistir ante el dominio inclemente del poder nihilizador de la fragmentación y la precariedad en tiempos de destitución del Estado como fuerza central y estructurante de la existencia de todos y cada uno. ¿Qué quiero decir? Que se nos revela el problema capital de determinar qué significa pensar en tiempos en que el poder disciplinario, como suelo que precede la totalidad de las relaciones sociales, se encuentra en franca retirada, y aún más, qué significa pensar en la liberación, cuando la clase social como identificación activa de las políticas de emancipación ha dejado de ser ese referente de contornos precisos que supo ser.

¿Qué nos queda como elemento firme de estudio? ¿Qué respuestas podremos encontrar cuando los objetos de estudio son tan confusos? Tenemos simples resultados, una verdad que frente a nuestros ojos se construye con hambre, marginalidad, dolor, vanalidad, basura, caída, despojo, desgarro, homicidio. En este panorama todo lo demás para nada puede ser comprobable.

12 octubre 2009

Y se durmió La Negra





Y se durmió La Negra - HologramaBlanco

Y la Negra nos dejó, ya no hubo espacio para la esperanza, sólo una triste resinación amplificada por el peso de tu figura, que trascendió fronteras geográficas y artísticas. Es así, aunque nos duela tanto, Mercedes Sosa falleció, se nos fue, dejando a la música popular argentina sin su máxima voz, que supo poner en la superficie de nuestra realidad los valores del arte contemporáneo latinoamericano. Y te fuiste como siempre intentando recuperar junto a nosotros, esas voces que se han prohibido, censurado, olvidado a lo largo de nuestra triste historia, y mientras intentabamos recuperar esas voces vos te volviste nuestra "gran" Madre, nuestra guía, nuestra contención, ahora nos hemos quedado sin la voz mayor, esa voz que fue la mejor de las voces que pudimos haber escuchado. Porque tu voz fue la más bella, la más honda, la más sentida, la más comprometia. Se nos fue tu figura, esa figura maternal, contenedora en todos los sentidos que le caben a esta palabra. Esta semana te lloramos y ya te extrañamos mucho por tu condición de cantora excepcional (porque eso fuiste en el pleno uso de esas facultades únicas), y también por lo que eligiste cantar, aquel canto con fundamento que sostuviste hasta el final.



En tu funeral muchos de los presentes entonaron tus canciones, esas que cantaste ante los públicos de todo el mundo, respondiendo al pedido de tu propia familia: de que te despidan “cantando, porque es lo que más feliz te hacía. Seguramente, vos hubieras querido cantarnos también en este final” y aunque físicamente no pudiste, espiritualmente nunca vas a dejar de cantarnos, tú voz seguira cantando en nuestros corazones por siempre.

Dijistes alguna ven en una entrevistas, “Soy una cantora, una cantora popular. Mi misión es cantar. Mirar, observarlo todo, pensar y cantar lo que pasa. Mi lucha es cantar, mi vida es cantar”. Tan así fue tu amor y vocación al canto desde la niñez que más de una vez preguntaste que habría aprendido primero: si el habla o el canto.

Siempre quisiste (y por tu clase, calidad, grandeza y fortuna pudiste conseguir) ponerle esa voz inmensa a los poetas que admirabas. Tu canto fue, durante toda tu vida, no sólo un acto de comunión con tu pueblo sino también tu manera de mantener vigente tu testarudez para cambiar el mundo, tu voz fue casi una obsesión, así la cuidaste, la perfeccionaste, la presentaste. Tu voz fue también la voz que acunó niños de la calle, que acompañó movilizaciones, que desveló a militares y “malos” presidentes, que levantó sueños y esperanzas, que dio fuerza al que no la tenía, TU VOZ FUE LA VOZ DE LOS QUE NUNCA TUVIERON VOZ y eso te hizo bien grande, más grande que cualquiera. A nadie puede serle indiferente tu canto, porque eres la voz de Argentina, de la libertad, del que sufre, de la “revolución”. Así como cantamos con vos, nos emocionámos con vos, nos exiliábamos con vos, nos enfermamos con vos, volvimos con vos y bailamos con vos... ahora te fuiste para siempre y eso es dificil de creer y mucho más de superar. Porque se nos hace difícil aceptar que ya no estas para entregarle tu mano al Pueblo que sufre y necesita que vos tan bien supiste escuchar.

Mercedes Sosa nació un 9 de julio en Tucumán: nada de metáforas, ese día y ese lugar fueron una declaración de principios para una mujer que terminaría representando un relato posible de identidad argentina y latinoamericana. “Mi madre siempre me contaba que cuando yo estaba naciendo y oyó los 21 cañonazos que siempre se tocan en Tucumán por la Independencia, pensó que yo estaba marcada para hacer algo grande”. Y claro que estaba marcada para hacer algo grande, para transcender por siempre la historia de nuestro presente, por ser siempre ejemplo de lucha, de esfuerzo, de compromiso, de Independencia.

Vivió durante muchos años en la pobreza, compraba costillas peladas de chancho que los feriantes de la Tristán Narvaja, en Montevideo, tiraban, pero que sus manos aprendieron a convertir en sustanciosos tucos. Como dice ella: “ese fue el principio del fin” de su matrimonio con su primer esposo Matus, el papá de Fabián. Cuando Fabián tuvo 7 años, Matus los abandonó a los dos y Mercedes tuvo que hacerse cargo de todo ella sola.

Mercedes siempre estuvo enamorada de sus canciones, más que de cualquier cosa, quizás por eso cada canción que cantó hizo sentir tantas emociones, como dos amanes que hacen el amor, así ella cada vez que subía al escenario lo hacía y tanto amor se notaba, es imposible ser indiferente ante el canto de la “Marta” como le decía su familia.

“Zamba para no morir” fue una bisagra en su carrera, algo hizo click cuando escuchó esa zamba por primera vez, como decía ella, “cambió la construcción de la zamba en nuestro país”. Se animó a cantarla y “comprendí que hablaba de mí, de mi hijo, de nuestras vidas. Y arranqué. Después vinieron los triunfos”, pero antes de eso, antes de cantarles a todos “Zamba para no morir” sabemos que, “en esa época muchos compañeros me prestaron plata para sobrevivir. Después, cuando empecé a ganar plata, les preguntaba si les debía algo. Y ninguno me dijo que les debía algo. Y ninguno me dijo que sí”.



Comos los grandes artistas de estas regiones, el exilio fue parte de su vida, algo que debió afrontar, soportar, superar (no siempre con gran éxito). Después de comenzar las giras exitosas, la década del ´70 la descubre como una de las voces destacadas de América. “Es el mayor suceso del canto popular, luego de la desaparición de Edith Piaf”, escribió alguna vez un critico alemán. Pero la dictadura destroza el país y en 1979 a la Negra le llega el momento del exilio. “Los años que siguieron fueron muy duros. Mezclados con el éxito y el amor de la gente del extranjero, estaban los ojos de la soledad. Fui una loca que daba vueltas con el bombo y una valijita en la que llevaba un grabador grande. Decían de esa valija que era ´la casita de Mercedes Sosa´. En esos años hablaba como si fuera un telegrama. No tenía palabras”.

Influenciada por su hijo Fabián, Mercedes partió de esa base folclórica para albergar otros géneros. Regresó ovacionada en 1982, con una decena de recitales en el Teatro ópera y un repertorio renovado, cuya novedad para los argentinos era la poesía de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

Cautivó a varias generaciones de jóvenes a través de canciones como Inconsciente colectivo, El tiempo es veloz, Vengo a ofrecer mi corazón, Honrar la vida, María, María, O que será de Chico Buarque y cientos de temas de los más diversos compositores latinoamericano que poblaron sus actuaciones desde su regreso definido a la Argentina en 1984. La verdad que su canto fue escuchado por todo el mundo, por los de las ciudades, por los del interior, por lo que eran profesionales, por los desocupados, por los ricos, por los pobres, por los laicos, por los creyentes, ella les cantó a todos, a los de acá y a los de allá, los que hablan castellano, los que hablan portugués, los que hablan hebreo, los que saben o los que no saben. “Yo nunca más voy a tener prejuicios, es algo que aprendí después de ver la película Submarino amarillo”, deslizó una vez esta madre y madrina de tantos músicos de variada procedencia.

Lo de ella nunca dejó de ser ceremonia de amor del artista para con el público, “no amo el aplauso, amo las canciones. Y amo las canciones imprescindibles. Tuvimos un enorme poeta, Armando Tejada Gómez, a quien nosotros vivimos para seguir recordándolo eternamente. Armando era imprescindible para este país”, insistía, de la misma manera que lo sos vos Mercedes, vos también sos imprescindibles y viviremos para recordarte eternamente, como alguien con tu gracia se merece.

En los últimos años se había reconciliado con Dios. Y ya sabía lo que quería cuando llegara este momento, este trágico momento que se dio en la madrugada del domingo anterior, de ese triste domingo 4 de Octubre de 2009 a las 5:15 de la madrugada. “Cuando me vaya, quiero estar un poquito en Tucumán, un poquito en Mendoza y otro poquito en Buenos Aires”, porque ella es de todos lados, ella es de todos los géneros, ella es la gran voz de nuestra época, capaz de cantar cualquier canción, en cualquier escenario.

Dice Miguel Russo, periodísta de la revista Veinitrés: “Queda la certeza de que, como estuvo y está en todos lados, estará también, para siempre, en todos lados. Y queda la eterna sonrisa de Mercedes al decir, tímida, bella como nadie: Yo canto; a mí me dicen cantá y canto; para eso nací”, y para darles alegrías a todo el resto, darle alegría, fe y esperanza, mostrarle un camino, una salida, desadormecer conciencias.

Quiero decirte simplemente, chau Negra, chau cantora del pueblo y un hasta luego que no es hasta siempre. Porque nunca nos vamos a acotumbrar a tenerte lejos. Te despide un pueblo que no sabe de fronteras, de regiones, de clases, de géneros. Miralos pasar junto a vos, llorarte a la distancia, con respeto, con silencio, con la admiración que los “genios” y “grandes” despiertan. Vos sos nuestra voz, nuestra madre cantora.

Giles escribió: “Una nueva lágrima empieza a ser bordada en el telar de la memoria de un pueblo y una nación. Lleva tu nombre Mercedes. Y canta, canta, canta…”. Mercedes Sosa fue Mercedes Sosa no sólo por ser una voz excepcional: lo fue por abrazar, de allí en más, esa canción con fundamento, superadora del paisaje, abarcadora de lo humano, acusadora de lo social. Ella misma se definía en función de esa elección: “Estos premios colgados en las paredes de mi casa no son solamente porque canto, son porque pienso. Pienso en los seres humanos, en la injusticia. Pienso que si yo no hubiera pensado de esta manera, otro hubiera sido mi destino. Hubiera sido una cantora común. Eso me hace pensar que no me equivoqué. Ni me equivoqué cuando comencé a pensar ideológicamente”.

Mensajes del mundo sobre la muerte de Mercedes Sosa:

* Joaquín Sabina envió, a través de su agencia de prensa en nuestro país, una poesía que le dedicó a Mercedes Sosa tras su reciente muerte. La poesía, que posiblemente en un tiempo se convierta en una nueva canción del músico español, se llama: "Violetas para Mercedes" y dice así:
Se nos murió la gran dama,/ Negra Sosa, pacha mama/ de Corrientes,/ que bordó puntos y comas/ en las prisas del idioma/ de la gente.Martina Fierro de ley/ que sin dios, patria ni rey/ tiró p’alante,/ antes de decir adiós/ me propuso un blues a dos/ voces distantes,distintas, y, sin embargo,/ cerquita del ron amargo/ que consuela,/ que abruma, que mortifica,/ que suma, que santifica,/ que desvela. Cuando rompió la baraja,/ hizo del bombo su caja/ de Pandora,entre el mestizo y el yanqui/ se quedaba con Yupanqui/ hasta la aurora.Todos menos uno, dijo,/ provocando el acertijo/ de Cosquín,militante del futuro,/ no pudo con ella el muro/ de Berlín.Canto ancestral de Argentina,/ la más frutal de las minas,/ todo es nada,no sabe cómo la lloro,/ desafinando en el coro/ de las hadas.Madrina de los roqueros/ más intrusos, más villeros,/ menos brutos;en calle melancolía/ mi letra y su melodía/ visten de luto.Más de una vez la besé/ pero nunca olvidaré/ la noche aquella:aquel piano y su voz/ y mi sonanta y la coz/ de las estrellas.Me aterran las despedidas/ pero gracias a la vida/ de Violeta,Mercedes inventó el son/ que duerme en el corazón/ de los poetas”
Joaquín Sabina. La Chacarita, septiembre 2009

* “Aquellas canciones que entonaste en mi Ecuador, me han hecho recapacitar y cambiar mi forma de pensar. Has dado tanto por la vida que ahora la vida misma te debe tanto. Estamos contigo siempre, así estemos lejos, eres la estrella que brilla en la penumbra de la noche. Has ayudado a un grande de Ecuador, Oswaldo Gauayasamín, ahora sé que él te está eternamente agradecido, desde donde se encuentre. Mil gracias por tu música y tus valores, eres un icono argentino para mí.” Angelo Puente, escribió en la página web oficial de “La Negra”.

* René Pérez, Residente del dúo Calle 13, hizo pública una carta que le escribió a Mercedes Sosa tras conocer de su estado de gravedad y su posterior muerte.
"Cuando me enteré sobre la condición de Mercedes rápido llame a su hijo para corroborar. Su hijo en lugar de quejarse y llorar me habló de cómo sentía tanto el que Mercedes nunca pudo regalarle un saludo telefónico a mi Papá para el día de los padres. Mercedes estaba en el hospital en estado crítico. No me salían palabras. Sólo le pude decir que tanto mi Padre como yo teníamos un sueño menos que completar, gracias al tema que Mercedes había grabado conmigo. Le regalé mis bendiciones, colgué y me puse a escribir esta carta":
Estoy en el medio del océano atlántico. Sentado encima de una hamaca en una islita llamada Ukuptupu. Rodeado por arena, una cerveza, varios insectos, gente bonita durmiendo cerca, una libreta y mi bolígrafo de la suerte. Mirando pa’ mi lado izquierdo, pa’ donde la neblina tapa el mar y la noche tapa a las nubes comencé a recordar la primera vez que escuche a Mercedes Sosa. Una voz fuerte que recitaba las palabras de León Greco, “Solo le pido Dios” y que se había metido por las orejas de Pinochet para sembrarle en el tímpano las palabras de Julio Numhauser con “todo cambia”.
Esa voz que escuché le da esperanza a los habitantes de una islita que se ahoga en el mar Caribe. Su voz me conectó con todo lo que la escuela no me quiso enseñar. Me reveló todo lo que me trataron de esconder. Le inyectó vitaminas a una colonia deshidratada, a mi isla Puerto Rico, una isla que lucha poco porque sabe poco. La voz de Mercedes hizo que mi papá lanzara piedras cuando había que lanzarlas. Logró que un pueblo que siempre había sentido miedo sintiera menos miedo. Con su voz la bandera estadounidense se desaparece y mi bandera parece que está sola. ¡Mercedes hace magia!
Con su voz los desaparecidos aparecen y abrazan a sus madres. Logró que el folklore se escuchara más alto que una canción de Madonna. Le regaló sustancia a los jóvenes. Hoy muere, pero su voz queda como referencia para futuras voces. Mercedes Sosa fue una mujer que se atrevió a hablar como ningún hombre pudo.
Su voz es tan real como las necesidades latinoamericanas.



* “La única noche que estuve presa fue después de un recital tuyo en La Plata, en el viejo Almacén San José. Te habías entusiasmado y cantado canciones no permitidas, habías abiertos las ventanas para que escuchen los que no podían pagar. Estábamos todos eufóricos. Pero llegaron ellos con sus armas, haciendo por fin visible lo que sabíamos que pasaba. Nosotras en fila en el patio, apuntadas, aterradas; vos, tal vez con tu propio miedo, en una oficina donde te hacían escuchar los temas que cantaste, mostrándote tu desobediencia. A las seis de la mañana, consideraron que ya nos habían dado la lección y salimos al sol. ¿Sabés qué? Valió la pena. Si estás cansada, que tu partida sea en paz. Sabremos entender”. Mercedes, escribió en la página web oficial de “La Negra”.
* "La Negra fue una mamá grande para los músicos que se iniciaron tocando junto a ella. Mercedes entreegó su voz y deja un espacio imposible de llenar. Era un talento groso". Dijo dolido Alejandro Lerner en el velatorio de Mercedes.

* “Nunca te encontrará la muerte ‘vacía y triste’, porque fuiste y serás voz de libertad, fortaleza y conciencia de ciudadana del mundo. Gracias por tu canto, gracias por ser siempre tú misma, gracias porque en honor a tu forma de ser, mi hija se llama orgullosamente Libertad.” Laura May, escribió en la página web oficial de “La Negra”.
* "Estoy con una angustimuy grande porque ella es muy importante para los argentinos y para Latinoamérica. Mercedes es alguien imprescindible, una gran luchadora, un ser humano irrepetible, que nos ha dado mucho a todos", fueron las declaraciones de Teresa Podi a los periodistas.

* “Querida Negra: Mi madre te trajo a casa cuando yo tenía unos 14, 15 años (tengo 53). Tu voz sonaba por la casa desde Mujeres argentinas. Desde ese momento te quise y sigo queriéndote... Amo tu voz tan clara, inconfundible. Un día te vi en la entrega de diplomas de mi hija sorda. Los chicos habían aprendido a cantar ‘Dale alegría a mi corazón’ y lo cantaste con ellos. Y allí mi hija (hoy de 24 años) te quiso y te sigue queriendo. ¡Qué maravilla, Negra! Tu voz fue pasando, acariciándonos de generación en generación, y lo seguirá haciendo.” Patricia, también escribió en la página web oficial de “La Negra”.




Tuviste la valentía de no sólo transcurrir, sino de HONRAR LA VIDA, gracias por ser, estar, trascender… por regalarnos tanta cosas.

Cambia todo cambia… pero hay cosas que permanecen, porque hay personas que nacieron para ser siempre presente, por su honra, por su lucha, por su voz, por su escritura, por su arte, por su fuerza, por su compromiso constante con la humanidad.

Simplemente Gracias Negra, por tu paso en la tierra, en este tiempo.

03 octubre 2009

Sobre la Historia



Sobre la Historia - HologramaBlanco

Ante un suelo que se desfonda cada vez con más premura, se escribe la siguiente pregunta: ¿cuán grande es el abismo, y cómo contar los hechos feroces que allí se inscriben? La pregunta da lugar a la necesidad “personal” de generar recuerdos que la memoria omnisciente atesora, con los cuales desplegamos la realidad misma en la que vivimos y de esa forma encontrar las respuestas a nuestras preguntas, ¿pero realmente recordamos algo? Si la respuesta es sí, entonces, ¿qué es lo que recordamos? Pasado y presente se fundan en un punto determinado y nos dan elementos suficientes para afirmar que somos sobrevivientes de nuestra historia, y que a pesar del tiempo y el movimiento continuo que llevamos, somos caída y ascenso de nuestras miserias, somos la historia de una continua “resurrección”.

Pero, ¿qué crisis, y qué verdad tenemos dentro de nuestra memoria para contar nuestra historia? Las primeras noticias después del diluvio jamás son alentadoras en sociedades tan precarias como las que concebimos a lo largo de estos siglos, por lo tanto, nuestra historia es un cúmulo de heridos, excluidos, abandonos, renuncias y muertos por doquier. Es así que podemos afirmar que entre la parálisis y el desenfreno está la línea de la vida por la que transitamos a diario, senda que traza los límites por donde va nuestro existir.

No hay forma alguna de encontrar en esta tierra la seguridad absoluta, ni cuando pensamos, preguntamos o respondemos, porque en la tierra no hay posibilidad alguna de alcanzar absolutos de ningún concepto, por lo tanto: imaginarse inmóvil, al resguardo del peligro, del azar, de la incertidumbre es algo realmente estéril, un sinsentido de otros tantos sinsentidos que llevamos adelante.

Si se lee bien la historia de la humanidad, no la escrita por los poderosos conservadores y ofcialistas, vemos que tan solo podría escribir un relato de hechos terribles que se fueron sucediendo sin freno, guerras mundiales, catástrofes, pandemias, crisis económicas, crisis políticas, crisis sociales, crisis religiosas, revoluciones, contrarrevoluciones, represiones, explotaciones, maquillaje y más maquillaje que sirvieron para mitigar penas o para sostener abusos y autoritarismos, hambre y marginación de un grupo “mínimo” de seres humanos. Nuestra historia es la historia de una “perdida” constante, de un renunciar constante, de un intentar por todos los medios redimirnos de alguna manera.

Vivimos en un sistema que admite injusticia, que admite demencialmente la negación de nuestra condición de humano, sobre todo, de la imposición del no ser sobre el ser. Capatamos nuestra vida con una mirada doble que acentúa dualidades: por un lado, miramos con una mirada amarga y desencantada (cuando no ferozmente indignada) frente a la barbarie política, social y económica; por otro, tenemos una mirada de confianza (casi siempre demasiado débil), una mirada de fe en que es posible una reparación del orden justo más allá de las política sociales y económicas que se ensayen. Si ya no hay afuera –legal, moral o social– donde ubicar un punto de referencia para re-ordenar una situación injusta, no hay posibilidad, la nueva búsqueda, la "nueva historia" reescrita está orientada a definir los contornos del campo interno de batalla que se libra diariamente entre un poder opresor y un Pueblo que padece. Es necesario definir (para evitar errores, más engaños y confusiones) quien es quien en este juego, en este rompecabezas que conforma nuestra realidad toda. Es por eso que descubriremos entre todos los espejos y reflejos, entre todas las historias, la verdadera historia que encierre el pensar y el ser popular, el del Pueblo mismo que es hombre, que es carne, que es hambre, que es trabajo, que es explotado, marginado y asesinado impunemente. Vamos a contar una nueva historia. Contar una historia que defina identidades: que nos represente realmente. Escribiremos una historia que presente, muestre y dé vida a aquellos hombres y mujeres a los que el “sistema” les ha negado identidad; y en ese mismo dar a conocer, a su vez, definiremos una identidad “común” que dé unidad a través de la representación de todas las individualidades que desangra el "régimen".

Es así que la historia deberá contener el testimonio de los que no tienen historia, re-construir el relato de aquellos que, aún silenciados, hicieron la historia de los excluidos, marginados, explotados, engañados, violados, reprimidos a lo largo de los años, re-elaborar la historia, para re-escribirla y comprender cabalmente lo que nos ha pasado a lo largo de estos años. Ese es nuestro trabajo y deber, develar lo que fue ocultado durante tanto tiempo, dar entidad, forma, nombre y apellido de todos los héroes y mártires que han sido "tachados" de los manuales de historia.

Voltaire dijo: "Cuanta charlatanera se ha puesto en la Historia, sea asombrando al lector con prodigios, zahiriendo la malignidad humana o adulando a las familias de los tiranos con alabanzas infames", es necesario que este tipo de historia deje de escribirse y consumirse para poder alcanzar una restitución de derechos y dignidades arrebatadas.

28 septiembre 2009

Multitudes




Multitudes - HologramaBlanco

Si se presta atención puede advertirse el carácter áspero y árido del peregrinar caliginoso y espectral de la multitud que se arrastra por la ciudad cada mañana. Una configuración espacial que busca dialogar con la minucia conminatorio de nuestros “elementos materialistas” que tanto nos seducen, la ausencia de toda dirección clara, la ilegibilidad de caracteres, la nulidad de destinos diferentes, todos sumidos, bajo un mismo matiz opaco, en la borradura de todo horizonte por alcanzar y que nos contenga de alguna manera, abandonados en el cemento gris de una ciudad fantasma, con el peligro de enrancia en el vacío de sentido que asaltan a todos los que por las calles van. Esta imagen realmente perturbadora y oscurecida de nuestra vida común se proyecta sin telón de fondo sobre los renegridos vértices de nuestras directrices impuestas por el poder de turno.

Esta observación inflexible del hombre cotidiano muestra los secretos que esconde el alma al resto de los humanos que junto a uno caminan hipnotizados. Nuestra vida carece de sentido cuando no hemos tenido el coraje de acercarnos lo suficiente a un fin determinado que nos exceda en tiempo y forma. Multitudes que se pierden sin sentido a la espera de un suceso que los encienda, ilumine y ponga en movimiento, porque las multitudes nunca retornan, aunque siempre vuelven a gritar "presente". Imagen eterna y renacida de aquello que nuestra cultura, hechizada por sucesivas oleadas modernizadoras, ha tratado de olvidar sin demasiado éxito. Nuestro entorno no es un terreno firme, sino que es una franja de tiempo y espacio inestable, amenazado por la desaparición.

Lejos de desvanecerse bajo la lobreguez colectiva, las multitudes se abrigan, se resguardan en ella, se acomunan en la deriva de un nosotros tan inestable como el tiempo mismo, tan indeterminado como su condición siempre diferida, espectral. Ante la obligación de abandonarse en la experiencia de un aprendizaje continuo, las multitudes buscan delimitar su espacio vital agrupándose entre escombros de una sociedad devenida en miseria, en caída, en proceso mecanizado. En la cenagoso superficie de lo contemporáneo las multitudes extraviadas en la neblina espesa, arenosa, buscan desesperadamente guías, cartografías, direcciones que la depositen en otro lugar distante a este, diferente a todo, porque el carácter cada vez más fragmentario del tiempo consumido y la imposibilidad de descansar en territorios sólidos no son más que efectos de una larga transformación que no termina de sucederse. Hemos descubierto, quizás tardíamente, que en el centro de la cultura hay, en el más estricto sentido metafísico, nada, ausencia total de sentido último y fundamental. Es así que estamos, perdidos, agrupados, ensimismados, aglutinados en un campo muerto de espinas, de estrellas apagadas, de sueños rotos, de flores marchitas, anclando historias, destinos, perdiendo mañanas, depositando solo muerte en nuestras manos, caminando sobre cadáveres olvidados de tiempos inmemoriales, desconociendo todo lo que hay, porque en verdad, nada queda más que este sabor amargo de derrota en la boca.

Es así que encontramos ilusiones frente a nosotros de ulteriores armonías como formas presentes que pueden asumir el desafío incierto de habitar nuestra precaria conciencia que se pierde en la búsqueda infructuosa de un fin egoísta y mezquino que para nadie alcanza, salvo para algunos que poco saben de multitudes, masas y Pueblos.

22 septiembre 2009

Instantánea



Instantánea - HologramaBlanco

El minuto que antecede a la tempestad, cuando el tiempo queda suspendido en el aire, inquieto, contenido, esperando a que definitivamente se desate el vendaval y llegue la catástrofe. El momento donde siempre uno recuerda lo que hace mucho no recordaba: un rostro (el de la madre), un cuerpo (el del amado), una idea (de la que nunca supo hablar). Recuerdos que nos “hacen” ser de adentro hacia fuera lo que somos. El momento donde “demorado” por la situación, un hombre cualquiera no escucha nada, ni llamados, ni presagios, ni avisos, ni gritos, obnubilado por el dantesco espectáculo que enfrenta, queda inmóvil, impactado, sin certezas ni garantías que lo haga saber que será del “mañana”.

Nada importa, el maravilloso “fenómeno” que frente a él se presenta sin quererlo despliega una trama que lo deviene en actor de una escena delirante y fuera de serie, intérprete de ese universo aciago al que fuera invitado sin aviso. Partimos de un estado de incertidumbre, de una “calma” aparente y tranquila, y avanzamos sobre la masa amorfa que nace en el cielo para trazar un continum indiferenciado del fenómeno que hace a nuestro presente (o realidad) y nos contiene de alguna manera. Entonces ese hombre frente a la tormenta, mientras cae la noche, asume una doble premisa: la ignorancia de la que parte y hacia la que se dirige, como determinación estructural de lo que lo hace “ser” hombre, y el desorden, como apariencia inmediata del mundo que lo contiene, siempre en eterno devenir y construcción que fricciona su andar y lo amolda. Frente al diluvio que llega todo intento por avanzar desde ese punto originario estará marcado, así, por una decisión personal (podría correr despavorido, pero no tendría donde correr, ni sentido alguno, la tormenta ya está en todos lados, sobre él, bajo él, frente a él, detrás de él). Entonces la voluntad intentará (si su determinación es fuerte) resolver clandestinidades por si llega la hora. Porque la voluntad que inquiere sobre fragmentos y enigmas siempre sale victoriosa después de todo, aunque perezca en la tempestad, en la tormenta. Los climas siempre son cambiantes, siempre son contrarios, difícilmente se acomodan a las personas, siempre estamos, a contramarcha, del otro lado de la orilla, del río, sin paraguas, sin abrigo, sin reparo, frente a la masa húmeda que cae sobre nuestras cabezas, y nos enfrenta, con la masa de humanos que engullen la bilis de su propia excreciones para devastarlo todo. Espectros que saben de su precariedad, de su anverso insuprimible que es el azar con que pierden sus vidas.

Este múltiple caótico dado, este mundo dado, entregado, aceptado, donde a poco estamos de que se desate la tormenta, hace posible la construcción de órdenes provisorios, de series estables con las cuales mantener a flote el sistema, sin darnos cuenta que esos pilares, esas columnas, en cierto modo, cada uno de ellos son procedimientos de invención, formas de instituir una configuración, una estructura de sentido, allí donde había nada, o caos, o fragmentos dislocados sucediéndose en el tiempo, cómo será todo en el momento en que arrase la tormenta, así pienso, porque esa tormenta es la idea, la que llega y da cause a lo que antes estaba incontinente.

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Memoria y Justicia

Memoria y Justicia

"El tiempo todo lo da y todo lo quita; todo cambia pero nada perece. Uno solo es inmutable, eterno y dura para siempre, uno y el mismo consigo mismo. Con esta filosofía mi espíritu crece, mi mente se expande. Por ello, no importa cuán oscura sea la noche, espero el alba, y aquéllos que viven en el día esperan la noche. Por tanto, regocíjate, y mantente íntegro, si puedes, y devuelve amor por amor."

Giordano Bruno.


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Hagamos algo con nuestro tiempo.

Realidad

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Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia.

Ernesto Sabato.

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No hay mayor causa para llorar que no poder llorar.

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Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.

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"No ves que todo va, todo creciendo hacia arriba
y el sol siempre saldra, mientras que a alguien le queden
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Perdoname amor por tanto hablar, es que quiero ayudar al mundo a cambiar, que loco si realmente se pudiera
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