
Pensar “La Política” (1 de 4) - HologramaBlanco
¿En que momento encuentra la pregunta por la política condiciones relevantes para su realización? En el instante preciso en que los problemas de un determinado colectivo humano ya no hallan respuesta alguna en aquellos pensamientos y acciones que han asumido para sí el nombre de política.
Que actualmente no podamos determinar con precisión y rigor la esencia de la política y, en consecuencia, la índole de lo político y el carácter del acto político, no sólo pone de manifiesto la dirección de nuestra crisis en tanto colectivo humano; parece indicar, antes bien, la definitiva inutilidad de un tipo de pregunta, y con ello, de una forma de preguntar.
Pensar nuevamente la política implica, en primer término, pensar la ruptura de una alianza y de una identificación: por una parte, la ruptura de la alianza del pensamiento político con una determinada modalidad de su ejercicio, esto es, con su ejercio propiamente laboral; por otra parte, pensar la ruptura de la identificación del pensamiento político con una cierta modalidad de la filosofía política, esto es, con aquella modalidad de pensamiento que no cesa de impedir cualquier tipo de realización en el pensamiento político mismo.
La tarea de repensar nuevas direcciones y modalidades de hacer y el preguntar sólo puede tener algún sentido si aparece vinculada a un escenario de realización y de litigio particular, pero paradójicamente, sólo si ese hacer o ese preguntar se proyectan más allá del universal que nombra una cosa “otra” o el particular reclamo o preguntar localizado, que simplemente de ese modo parece adquirir un sentido claramente político.
Pensar nuevamente la política, es ir contra toda esa predilección por los problemas del mando y, correlativamente, contra todo ese interés por los problemas de gestión y de organización de multitudes, contra esa reflexividad que no cesa de producir condiciones imaginarias, contra ese método que no sirve a otro fin que el de sostener la miseria de los “hechos” por la que anda la ciencia política en general.
Tal vez esto determine un compromiso apresurado con un modo de pensar la política, un modo de asumir la política “propiamente dicha”, que siempre involucra un encuentro controversial del universal con el particular, o si se prefiere, siempre implica un conflicto entre “el orden total y naturalmente instituido” en que cada parte tiene su función y razón de ser, y “la parte de los sin parte” que irrumpe allí donde ha sido antológicamente ignorada, perturbando y modificando el orden de la situación al inscribir “la igualdad de cualquier con cualquiera como libertad del pueblo” en el modo de una voz que asume la representación de lo universal como tal, yendo más allá de la propia particularidad que lo enuncia, poniendo en evidencia la potencia inagotable del demos.
De esta manera, pensar nuevamente la política es pensar las condiciones bajo las cuales la pura gestión no es sino pura miseria; pensar las condiciones de la composición mayor del diferir de las voluntades más allá de la gestión; pensar al Estado como efecto de exterioridad o, lo que es lo mismo, buscar la manera de colocar al Estado al servicio del diferir voluntades y a la gestión más allá de las necesidades del Estado moderno; y pensar desde otro lado de su eficiencia, esto es, más allá de aquella perspectiva de pensamiento que coloca a la victoria y al fracaso al comienzo de todo pensamiento político.





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