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28 noviembre 2008

Pensar “La Política” (1 de 4)



Pensar “La Política” (1 de 4) - HologramaBlanco

¿En que momento encuentra la pregunta por la política condiciones relevantes para su realización? En el instante preciso en que los problemas de un determinado colectivo humano ya no hallan respuesta alguna en aquellos pensamientos y acciones que han asumido para sí el nombre de política.

Que actualmente no podamos determinar con precisión y rigor la esencia de la política y, en consecuencia, la índole de lo político y el carácter del acto político, no sólo pone de manifiesto la dirección de nuestra crisis en tanto colectivo humano; parece indicar, antes bien, la definitiva inutilidad de un tipo de pregunta, y con ello, de una forma de preguntar.

Pensar nuevamente la política implica, en primer término, pensar la ruptura de una alianza y de una identificación: por una parte, la ruptura de la alianza del pensamiento político con una determinada modalidad de su ejercicio, esto es, con su ejercio propiamente laboral; por otra parte, pensar la ruptura de la identificación del pensamiento político con una cierta modalidad de la filosofía política, esto es, con aquella modalidad de pensamiento que no cesa de impedir cualquier tipo de realización en el pensamiento político mismo.

La tarea de repensar nuevas direcciones y modalidades de hacer y el preguntar sólo puede tener algún sentido si aparece vinculada a un escenario de realización y de litigio particular, pero paradójicamente, sólo si ese hacer o ese preguntar se proyectan más allá del universal que nombra una cosa “otra” o el particular reclamo o preguntar localizado, que simplemente de ese modo parece adquirir un sentido claramente político.

Pensar nuevamente la política, es ir contra toda esa predilección por los problemas del mando y, correlativamente, contra todo ese interés por los problemas de gestión y de organización de multitudes, contra esa reflexividad que no cesa de producir condiciones imaginarias, contra ese método que no sirve a otro fin que el de sostener la miseria de los “hechos” por la que anda la ciencia política en general.

Tal vez esto determine un compromiso apresurado con un modo de pensar la política, un modo de asumir la política “propiamente dicha”, que siempre involucra un encuentro controversial del universal con el particular, o si se prefiere, siempre implica un conflicto entre “el orden total y naturalmente instituido” en que cada parte tiene su función y razón de ser, y “la parte de los sin parte” que irrumpe allí donde ha sido antológicamente ignorada, perturbando y modificando el orden de la situación al inscribir “la igualdad de cualquier con cualquiera como libertad del pueblo” en el modo de una voz que asume la representación de lo universal como tal, yendo más allá de la propia particularidad que lo enuncia, poniendo en evidencia la potencia inagotable del demos.

De esta manera, pensar nuevamente la política es pensar las condiciones bajo las cuales la pura gestión no es sino pura miseria; pensar las condiciones de la composición mayor del diferir de las voluntades más allá de la gestión; pensar al Estado como efecto de exterioridad o, lo que es lo mismo, buscar la manera de colocar al Estado al servicio del diferir voluntades y a la gestión más allá de las necesidades del Estado moderno; y pensar desde otro lado de su eficiencia, esto es, más allá de aquella perspectiva de pensamiento que coloca a la victoria y al fracaso al comienzo de todo pensamiento político.


20 noviembre 2008

Sobre la educación escolar



Sobre la educación escolar - HologramaBlanco

¿Qué representa la escuela y la cultura escolar? Simplemente un ámbito de saber, un lugar de encuentro y expansión de nuestras virtudes, el desarrollo de acabados planes de estudios que elevan al hombre a una condición superior, o simplemente es la imposición de la prohibición que al concretarse, disciplina el alma de los ciudadanos, acuña saberes muertos que solo aturden al individuo, haciéndoles aprender programas sin pertinencia social ni significación personal de ningún tipo. Es así, que en estas cárceles mentales que guían el saber del niño, la exploración, investigación, contemplación, reflexión y el diálogo con frecuencia permanecen ausentes. Dentro del establecimiento, la escuela intenta socializar al educando, pero no es apresurado ni provocativo asegurarles que solo logran exaltar las diferencias. De esta manera, con esta forma de educar, intencionalmente se está logrando (de la misma manera que siempre) hacer que el alumno pase su educación sin construir sentido, simplemente aprendiendo a obedecer como autómata a las prácticas que día a día se proponen en esas aulas, atentando así contra la condición humana y social, pues así la educación en general y las escuelas en particular cumplen con una finalidad para nada decorosa. En la educación escolar podemos ver claramente los juegos de poder del pensamiento moderno, el mismo pensamiento que cifró en la escuela la esperanza de la ilustración y de una mejor calidad de vida, pero sin embargo, solo construyó “ladrillos en la pared” para servir al sistema de nuevos agentes productivos que sin ninguna razón, ni oposición, sirven a la maquinaria capitalista y a las economías de los imperios para su perpetuidad y deshumanización. De esta manera queda destacado el hecho que la escuela en definitiva sólo certifica y legitima al hombre en su dimensión del pensamiento, subordinando al ser, el hacer y el convivir.

La historia nos muestra que la escuela en el fondo ha permanecido igual, y eso es así porque posee un contenido invariante que habita en su inconsciente colectivo (y en el de toda la sociedad en generar), y coexisten además con los contenidos variantes, aquellos que dinamizan la escuela de acuerdo con su particularidad, su comunidad y cultura local. Es decir, las formas cambian, los contenidos cambian, pero la esencia y el fin que persigue la educación permanece inmutable. La frase celebre de Bernard Shaw referida a la escuela contrasta claramente el deber ser de la escuela con lo que realmente ha sido: "mi educación fue muy buena hasta que me la interrumpió el colegio". Aunado a ello Facundo Cabral refiere en sus cantos que han creado una escuela en la comunidad para desaparecer, con la que nos invita a imaginar "todo el lugar que quedaría libre si sacáramos todas las pendejadas que nos han enseñado". En todas las producciones culturales se representa frecuentemente la cultura escolar. Como se muestra en el video de arriba, vemos en el tema musical de Pink Floy, The Wall (La Pared), un poco de la cultura escolar a la que estamos acostumbrados, en la letra de la canción podemos leer: "...Cuando fuimos a la escuela, había maestros que hacían sufrir a los niños con sus burlas por todo lo que hacían, señalando cada debilidad por más que los niños la ocultaban NO NECESITAMOS NADA DE EDUCACIÓN. Nada de control de la imaginación. Ni turbio sarcasmo en las aulas. Maestro deja a tus alumnos en paz. Maestro, deja a tus alumnos pensar. A fin de cuentas todo es un ladrillo en la pared. (!Así no es!, !repite otra vez!) A fin de cuentas has de ser un ladrillo más en la pared. NO NECESITAMOS EDUCACIÓN (!Si no comes carne!, !no comerás pudín!)..."

En la escuela están dados todos los elementos necesarios para la conformación de la “cultura” que está definida en su organización, en su infraestructura, en su distribución y ordenación física, en su disciplinar el alma de los ciudadanos, en cómo entiende el hombre y su entorno, en su concepción de conocimiento escolar, etcétera. Pero lo más importante está dado en que las escuelas, los alumnos se enfrentan y aprende prácticas educativas que paralizan, entrenan, oprimen y alienan. Los niños no imaginan, no sueñan dentro de las escuelas, no ven la realidad de las cosas, simplemente contestan exámenes, hacen las planas y las copias, pasan la lección, la lectura, hacen la cuenta y sacan el mínimo común divisor sin tener idea de lo que se trata. Mientras teóricamente se propone una escuela justa y democrática que debería constituirse en un agente de integración con respecto a la comunidad y a la sociedad, en la praxis persiste la pena, el castigo, la autocracia y la dominación.

La representación del poder que ejerce la escuela (y la familia, microsociedades que tienen mucho que decir de la sociedad en que vivimos) queda manifiesta en la atribución que se le ha encomendado: "disciplinar" a los ciudadanos. A lo largo de la historia escolar la disciplina ha sido una forma de dominación a través de la imposición de una relación de docilidad-utilidad, de allí que Foucault compare a la escuela con una cárcel en la que pareciera que un ángel castigador estuviese en vuelo constante para calificar, clasificar y castigar. El poder se ejerce por la "señalización" entre el que impone la disciplina y el que está sometido, se trata de no comprender la orden sino percibir la señal, mándese lo que se mande, la obediencia es rápida y ciega. Sólo basta una señal: campanas, palmadas, gestos, miradas, para que el individuo acate la norma (Foucault). De manera que se puede afirmar, exagerando o asumiendo el riesgo de toda generalización, que la escuela trabaja por la "idiotización funcional" de sus alumnos y todo el mundo sucumbe a esa triste encomienda porque está soslayada en el sueño del derecho a la educación, del desarrollo pleno, de la movilidad social, de la felicidad, de la libertad.

De esta manera se le adjudica un poder a la escuela para garantizar su preservación por medio de una pedagogía transmisiva con alumnos inmovilizados, que escuchan hablar de cosas que no pueden ver, tocar, oler, oír, degustar, amar u odiar. Alumnos que oyen frases exclusivamente lógicas, desvitalizadas de la emoción, el placer, de lo lúdico, de la dramatización existencial. Alumnos sin interacción, casi exclusivamente racionales con una inmensa cantidad de conceptos y palabras en la cabeza, pero casi sin cuerpo, sin decisiones, sin sociedad, sin naturaleza, sin imágenes y sin emociones (Byngton).

No permitamos que la escuela sea una fabrica de ladrillos que servirá para seguir construyendo esa pared que sostiene a este decadente sistema en que nos encontramos, no dejemos que nuestros niños sean parte del muro de mediocridad que hemos levantado a través de la historia para limitar, fusilar, ocultar, dividir, idiotizar, manejar y sobre todo, explotar a cada ser humano que habita en la tierra. No mandemos a nuestros hijos a establecimientos que sólo intentan educarlos con el único fin de cualificarlos para la maquinaría productiva en la que se verán inmersos cuando crezcan (y de la que invariablemente ya son parte), dejando de lado cualquier otro tipo de educación, sensibilidad, razón y sentimiento que pueda hacerlos ver el mundo de otra manera y a través de esa nueva observación crecer y educarse realmente. Debemos entender que la educación debe transitar nuevos caminos, alcanzar nuevos horizontes, a través de otros rumbos, direcciones y enseñanzas. No estoy en contra de los actuales programas educativos, no son ellos el problema, el problema está en la orientación y el fin que buscan alcanzar con esos programas los mismos poderosos de siempre.


14 noviembre 2008

Obama/Por un cambio que no sea solo de color



Obama/Por un cambio que no sea solo de color - HologramaBlanco

Que existan milagros (en los cuales me gusta creer) no significa que el perdón de los pecados, ni la resurrección de la carne, ni la vida perdurable estén siendo impartidos a todos lo humanos en ese momento único e irrepetible de poder divino, ni mucho menos puede creerse que el paraíso esta a la vuelta de la esquina esperando nuestra entrada. De la misma manera, no se debe pensar que la victoria del senador Obama en los Estados Unidos pueda significar que la política social y económica a nivel interno o externo de ese país vaya a cambiar demasiado. La esperanza es lo último que se pierde, por lo tanto, no vamos a perderla nosotros, pero hay que ser realista y ser cautos a la hora de ver en este personaje de oscura piel y pasado de izquierda, a un revolucionario de ideas y actos. Obama es hombre de una franja particular de la izquierda norteamericana. Tiene formación marxista, de nacionalistas negros con opiniones cuestionables (para los viejos conservadora), de pastores fogosos e islamistas (menos fundamentalistas que ciertos Halcones de la Casa Blanca, pero con tan mala prensa, que son mas criticados, peligrosos y satánicos que cualquiera). Obama hizo sus primeras victorias políticas en Chicago, que es celebre para los norteamericanos por su dureza y corrupción, de ahí que hasta ahora no ha tenido un postura moderada en su andar hacia la presidencia. Pero hay que saber reconocerle que es un hombre pragmático, tiene una capacidad increíble para adaptarse a las circunstancias y si bien alguna vez pudo ser duro, nada hace pensar que ahora siga por ese camino. Lo que ocurra de ahora en mas marcará la estrategia política a seguir. Es verdad que este final de elección produjo un cimbronazo en todo el mundo, un hecho que hace ver de diferente manera al presente y sobre todo al futuro, un instante que nos saca un poco de la profunda desesperación en la que nos encontramos hoy en día, pero, ¿Seguirá siendo un político “antiguerra”?, si como dijo, piensa ampliar la guerra en Afganistán, llevándola hasta Pakistán. ¿Cómo hará para recortar los impuestos a un 95% de la población norteamericana? ¿Como impulsará reformas del sistema de salud y de bienestar social? ¿Cómo hará para que todos los que no pueden pagar la cuota de las hipotecas no terminen en la calle? ¿Reducirá el gasto militar? ¿Propondrá cambios en el FMI y en el Banco Mundial para que otorgue préstamos más amplios y menos costosos para los pueblos que mas lo necesitan? ¿Cómo intervendrá en los problemas de Medio Oriente, sobre todo, como juzgará el accionar de la Nación de Israel con respecto a los abusos que le imponen al pueblo Palestino? ¿Hará del mundo un lugar más socialista, justo e igualitario? ¿Cómo piensa redistribuir las riquezas? ¿Bajara las subvenciones al agro que tanto perjudican a los pueblos tercermundistas proveedores de materias primas o agroexportadores? ¿Qué piensa hacer por el medio ambiente, cuando es su país el que no ha firmado al día de hoy casi ningún tratado ambientalista? El panorama no es fácil, ni mucho menos es alentador el comportamiento hasta ahora de Obama, la falta de fervor revolucionario que mostro hasta ahora y tanto molestó a sus viejos amigos de los barrios negros de Chicago, es algo que comienza a preocuparme a mí también, a lo largo de mi vida he sido testigos de grandes administraciones políticas que al ser gobierno no solo defraudaron, sino que fueron peores que los gobiernos que antes fueron nuestros enemigos. Puede imputarse esta falta de fuerza e intención real de cambio a una necesidad del candidato (y ahora presidente) de congraciarse con un electorado congénitamente conservador, antes de sorprender al mundo poniendo en marcha la clase de programa radical que merecería su aprobación. Pero siempre habra un problema y siempre hay excusas para no imponer un cambio radical de rumbo, para decirlo con otras palabras, casi nunca es un buen momento para nada, entonces, si nos ponemos a pensar un poco, nunca hará lo que dijo que iba a hacer. Porque aunque Obama tenga el respaldo por holgadas mayorías demócratas en ambas cámaras legislativas y por lo tanto no tendría dificultades para conseguir la aprobación de las medidas redistributivas que prometió, es poco probable que se arriesgue demasiado.

De cualquier forma creo lo mismo que cree Michael Moore, “todo es posible”, y como no lo va a ser si un afroamericano va a sentarse en el mismísimo salón Oval de la Casa Blanca, que ahora será negra, “bien negra” y desde allí, espero, venga a juzgar a los “vivos” y a los “muertos” y haga de este mundo un lugar mas justo. Lo espero, pero siendo ciudadano de un país que se fundo sobre el genocidio y, a continuación, se construyo sobre la espalda de los esclavos, y sobre el saqueo posterior y sistematico de las arcas de otros Estados, se me hace imposible ver como lo hará, pero los milagros existen y quizás este sea otro milagro de Dios que logre cambiar algo.

07 noviembre 2008

Sitiado



Sitiado - Hologramablanco

Otros destinos inciertos...

En época de esperas las horas parecen no correr nunca, y así estoy, todo el tiempo esperando, ansioso por que las cosas cambien, porque las cosas no duelan, porque las cosas pasen y las celdas se abran, y así pueda conseguir de alguna manera algo que me libere, me saque de este lugar, de mi cuerpo mortecino y sea alguien. Porque estar sitiado (encerrado) es no saber de afuera y apenas comprender lo de adentro. Es circunvalarse en un perímetro determinado, de repeticiones fantasmagóricas, mientras se repite una y otra vez ese miedo atroz, ese desenlace desgarrador que tanto odiamos, tememos, esperamos, y esto pasa hasta genernos en nosotros esa extraña contradicción (o suplica) de no haber llegado a nacer nunca. Y entonces, al repetir esas circunvalaciones, desconfiando de la huella, del de al lado, de todo lo que pasa y sobre todo, de todo lo que nos pasa, vamos conformando círculos, de los cuales también desconfiamos, y negamos las formas (o las trasmutamos) cambiando todo lo que nos rodea, reconfigurando las realidades, los rostros, los trabajos, los animales, sintiendo que todo nos cerca, prohíbe y duele. Aturdidos, sin andar jamás circulando por nuestros deseos, la libertad se entiende por encierro y abandono. Ya nada puedo hacer, la respiración se acelera, la temperatura sube en mi cuerpo, tengo taquicardia y me mareo. Me es dificil andar por la vereda, con tantos ojos que me miran, me enjuician, con tantas cosas pasajeras, tantos instantes dañinos, tanto sueño destruido, tanta represión y mentira.

Así sitiados, tropezamos una y otra vez con nosotros, nos golpeamos con los mismos límites impuestos hasta por uno mismo, y nos apresuramos a salir del paso, del ruedo, con la menor cantidad de heridas posibles sobre nuestro cuerpo, sobre nuestra psiquis, para renacer despues en algo que no comprendo. Al romperse nuevamente esa estupidas defensas que tan precariamente creemos disponer, todo vuelve a repetirse otra vez, y el aislamiento, ese momento de sitio (sin Estado) en que nos encontramos, se hace más fuerte y duradero.

Así un contínuo de aglomeraciones van circundando nuestras vidas y nos ahogamos con tanta facilidad en esta hacinación descomunal en la que vivimos que siempre falta el aire, siempre el pulso se acelera, siempre creemos lo contrario a lo que deberíamos de creer. ¿Vivimos el último de los sitiamientos? A lo mejor simplemente “sobrevivimos” un día más queriendo suspenderlo todo de alguna extraña manera. Así, mientras la mediocridad fluye por todas partes, llegando hasta nuestros propios pies, impidiendo correr a ninguna parte, las respiraciones se tensan por sentirse diferente, observado, enjuiciado; el aire corre lento, tosco, flota como un flujo sucio de boca en boca y amenaza con contaminarme: así se inspira, se expira: y en ese múltiple respirar que se embarra, se sobrecarga, sin prisa y sin pausa, se estaciona, como las ansias plomizas de los moradores de una extraña historia de terror, vamos (y sobre todo voy) perdiendo el sueño, los caminos y las direcciones.

¿Quién marca –los años– el ritmo de los oficios, cuando las cuerdas del campanario ya no nos pertenecen? ¿Quién nos enseñará una puerta que deje entrar (o salir) nuestras almas para copar las torres tuertas de los vigías? Pequeños muñequitos y estridentes señoritas se lanzan sobre las sombras de los soldados, sobre los billetes verdes de los aristocráticos apellidos de Buenos Aires. ¿Quién trabaja en la ciudad cuando se ha borrado el horizonte de la tarde, y la lumbre cae, allí, en algún lado? ¿Quién entiende las palabras grabadas a sangre de los olvidados? Eso es, un falsamiento del nosotros para entendernos. Ese seguir jugando sus juegos y padeciendo los resultados.

Hacen que nos hacen, de afuera hacia adentro. Nos moldean a su imagen y mercado, nos envuelven por completo y nos anestesian para siempre. Es que desde que nacemos somos (salvo excepciones) espectros de otros que ya no creemos. Marcados, quemados en la carne por un contorno imposible, reventamos como sapos, y vílis, y basura sale de nuestros cuerpos anclados y nuevamente marcados (¿realmente marcados?) y remarcados hasta no valer absolutamente nada. Doblados, entre las calles, impostados en una carrera agotada que no tiene ganadores, que no tiene consignas, que no tiene razón de ser: así, al simular otro, nos damos entidad y conciencia, todo bajo el presagio mismo del develamiento.

“... si tan siquiera pudiéramos reconocer las fronteras!, los torvos rostros de aquellos que vigilan, sigilosos –cavilan–, apostados detrás de los muros! Como una enfermedad sin síntomas, que nos carcome, que nos pudre por dentro y deja este solo –tísico y soso– cuerpo mortecino ...”


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"El tiempo todo lo da y todo lo quita; todo cambia pero nada perece. Uno solo es inmutable, eterno y dura para siempre, uno y el mismo consigo mismo. Con esta filosofía mi espíritu crece, mi mente se expande. Por ello, no importa cuán oscura sea la noche, espero el alba, y aquéllos que viven en el día esperan la noche. Por tanto, regocíjate, y mantente íntegro, si puedes, y devuelve amor por amor."

Giordano Bruno.


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Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia.

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