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14 noviembre 2009

Palabras

Palabras - HologramaBlanco

Existencia de ciertos enunciados científicos y taxonómicos que funcionan como legitimadores del discurso político y social, y operan a través de estrategias tales como: tipologías biologicistas, clasificaciones, terminología específica, y analogías entre conceptos provenientes de distintos campos del saber que mueven la maquinaria humana en pos de intereses decadentes.

Somos testigos de un frente de oscuridad que se cierra ante nosotros, por lo tanto, nuestra voz debe ser coral y no un murmullo solitario perdido en un desierto sordo de voces que enmudecen en las ciudades, que muere en la penumbra del "jamás escuchado" y del “nunca dicho”. Y mientras digo esto, el sistema que nunca descansa, por lo bajo (y por lo alto) no se detiene en su inventiva, en su creación, en su formulación nefasta.

Lo que el sistema dice encierra una idea ilusionista: la fantasía de creer en el talento de los impotentes y, a su vez, el mecanismo de defensa de éstos para embotar cabezas, ideas, rechazos y confrontaciones. El poder habla inventando términos que ni ellos entienden o creen, pero que nosotros adoptamos y vomitamos al pie de la letra.

“Nuestro lenguaje forma nuestras vidas y hechiza nuestro pensamiento” dijo Albert Einstein y tenía toda la razón, por lo tanto, no implementemos esos términos nefastos que inventan o traen a colación para trastornar todo. Es increíble el efecto que producen las cosas que decimos por lo tanto hay que tener cuidado con lo que se dice.

El sistema constantemente está estableciendo y conformando un nuevo/viejo orden de palabras que utiliza para controlar, diezmar, asesinar, saquear e imponer sus ideas sin que podamos masticar lo que nos imponen. Hay que tener en cuenta que los voceros del poder son “mentirosos emotivos por excelencia”, “deliciosos macaneadores”, que presentan una “incoercible verborragia”, “oralidad verbosa cargada de colores chillones” y una “pose sugeridora” que solo destila inequidad, injusticia, violencia, atropello, sufrimiento y separación. Se trata de un lenguaje artificial, adornado, exagerado, veloz, irrefrenable y vacío, demasiado cargado y agobiante que complica la realidad y la deforma. Pese al esfuerzo que hacen por ocultar sus intenciones, su locuaz intelectualismo, su retórica política, se visualiza claramente el riesgo, su esencia: son mentirosos emotivos, son macaneadores deliciosos apoyados por las nuevas tecnologías, con la complicidad de la mafia de los medios masivos de comunicación, mientras hablan sin miramiento y sin verdad sonríen, lloran, guiñan un ojo o cierran los dos para que las cámara los tomen de la manera que los hagan más abarcadores. Con este tipo de mecanismo adjetivador, si bien no se deje de acusar, se intenta justificar el por qué sería posible creerles y confiar en ellos; la emoción que se pone en juego en esos discursos es una estrategia que, en parte, funciona, y además logra hacer un discurso aún más peligroso para el receptor común.

Es por esto que nuestra voz debe ser alternancia, canon, enlace, una fuga que se superponga y se amplifique hasta alcanzar los cielos y trasponer los cerrojos de tanta puerta clausurada, de tanto estruendo en las esquinas, de tanto golpe sobre el cuello, sobre el pecho, sobre la espalda que se quiebra y tiembla, se rompe, entre estallidos que retuercen nuestra voz, debemos hacernos escuchar, que nuestra voz supere a la de ellos. Tenemos un vocabulario propio, utilicémoslo, tenemos ideas propias, hagámosla conocer. No debemos tener temor, la voz del Pueblo no puede ser ocultada. Debemos despabilar a los dormidos que todavía mascan la última pesadilla de la noche sin darse cuenta que nunca se durmieron realmente y repiten los verbos, adjetivos y sustantivos que le indican repetir. Se ha pasado tanto tiempo callando al que tenemos al lado, o estudiando mecanismos de palabra de choque en “operaciones educativas” creadas por miembros de élite cultural, que el mundo y sus palabras se nos han ido de las manos. Pensemos un segundo, los que digitan nuestro habla, la educación, los medios masivos de comunicación, utilizan los diferentes recursos de información hacia un propósito único de dominación, horror, explotación, ganancia y sumisión. Pensemos pues qué es aquello que estamos comunicando cuando hablamos, nos expresamos, qué mensaje se encripta dentro de esas palabras que utilizamos. Lejos estamos de transportar dentro de nuestro habla principios, ideas personales, vivencias, simplemente somos "repetidoras" de patéticos mensajes, de pequeños personajes que nos marcan cada uno de nuestros verbos.

Los límites de nuestra voz deben superar la censura del poder y ser claros para el Pueblo. Muchas estrategias de comunicación están basadas en palabras y no tienen una verdadera y auténtica base con ideas de donde sustentarse y ser creíbles, pero las tomamos como verdaderas, y entonces todo cambia, ante nuestro silencio y frente a su imposición, el Pueblo pierde el horizonte. Los voceros del poder imitan el discurso, al confundir a través de la palabra robada, adquieren ese registro privilegiado que no poseen; su discurso se carnavaliza porque lograrían dar valor a las palabras, palabras que originalmente no lo tienen, pero que a partir del recurso formal y de la imitación, lo consiguen; de este modo, su valor se invierte. Si “la vida es carnaval”, en toda la sociedad también está el peligro de inversión de valores.

¿Qué es protesta, qué es habladuría, qué retórica barata, fundamentos imprecisos y tendenciosos? Nuestra voz debe ser palabra, movimiento, canción, respuesta, poesía, y sobre todo lucha política. Porque no es necesario decir mucho, sin describir tanto, ni utilizar la rumia consabida como artilugio para que la cultura popular se haga presente y ponga un freno a la dominación miserable y ocasional del imperio que nos domina. Debemos hablar con nuestras formas para que la palabra del Pueblo se conjugue en acción, más, intentando construir con la vivencia el sustento de nuestras vidas impuestas, dirigidas por una retórica barata.

La capacidad humana de contemplar ideas está asociada a la capacidad de raciocinio, la creatividad y la habilidad de adquirir y aplicar el intelecto. Luego las ideas dan lugar a las palabras, los conceptos. Aunque provengamos del lugar más pequeño y vulgar de la tierra nuestra palabra vale, aunque nos digan lo contrario, que sin título, sin clase, sin profesión todas las palabras carecen de valor siempre tenemos algo que decir y debemos decirlo. Debemos entender que todas las palabra son importantes, palabra tras palabra vamos tejiendo la trama y la lucha, la acción de sumar, de confrontar, de entendernos y relacionarnos, lejos de las mentiras que el sistema establece como ciertas. Debemos abandonar esos términos recogidos por los medios de boca del poder que solamente divide, genera odio, violencia y sobre todo hambre y muerte.

Nuestro hablar es la formulación de palabras que contienen un modo de ser, de amar, de reír, de olvidar, en nuestro hablar se contrasta el universo todo en un modo, en un rictus, en una inflexión. Y de nuestras palabras se elevanrán plegarias, denuncias, afirmaciones.

Todo amalgamado, mixto, signo de una necesaria unidad, la política, la cínica, la esencial, en la universidad y la insolencia del paredón que tapa el campo. Hacemos política o deberíamos hacerla en la palabra que es acción, porque ella es la hiedra en el muro, incómoda, húmeda, vital que da “esperanza”.

Si no es con la palabra, si la política está cercenada por lo “justo” o por un ser cualquiera que nos dice qué decir o el tema para hablar, entonces lo que derrama necesidad se vuelve conspiración y posibilidad. Hablamos de afecto singular, de percepción de uno siendo muchos en un mundo que se derrumba en silencio. Es hora que la polis y nuestras palabras hundan sus cimientos y reglas en cada historia que dentro de la realidad se presenta, no para auto convalidarse, sino para que todo tenga sentido. La palabra es del que la ve como su cosa y la doblega hasta hacerla de uno mismo. Por eso, el habla debe expresar confesión, recodo, ser letra intimista que forma ángulo con el dolor, el recuerdo o la pérdida, la prédica y la construcción, con la política y la sociedad, con el todo, con la parte, con el mundo y el hombre.

No hablo de dar un giro ni ser romántico ni modernista con nuestras palabras. Es una necesidad vital para seguir, para entender, para hacernos comprender, es una forma de afirmar lo propio para instaurar nuestra propia ética, que hablemos y digamos lo que nos pasa, lo que pensamos, sin repetir tanta frase hecha, con tanta palabra armada, con tanto medio generador de opinión.

Sabemos cuándo nace una palabra y los buenos diccionarios suelen indicarlo, pero no sabemos cuándo muere. Podría decirse que no mueren, sino que, como los dioses, dejan de ser apeladas por los humanos, ya no las necesitan, esto pasa siempre, pero en nosotros, en el fondo de nuestras almas permanecen ocultas, a la espera de ser nuevamente usadas. Resistencia, revolución, cambio, lucha no pasan de moda, aunque la moda quiera olvidarlas, maquillarlas, o se pierdan tras un “nuevo orden de palabras” que sirven para confundir, equivocar el camino, diezmar a la humanidad, sumirla en las sombras, para que nada cambie nunca, para que el viejo orden siga establecido silenciando nuestros destinos.


5 comentarios:

Catalina Zentner dijo...

He leído alguna vez que la patria del escritor es el lenguaje.
¡Cuánta verdad! No pude menos de recordar la frase mientras te leía.
Es que el lenguaje actual se ha plagado de doble sentido, incoherencias, exabruptos, todo ello contraría al diálogo superador y civilazado.

Saludos,

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

La palabra es un arma: para someter o para rebelarse. Por eso, la educación es la mejor forma de hacernos libres.
Buena entrada.

fgiucich dijo...

Mientras nos quede un hilo de voz y podamos articular una frase audible, el camino hacia la libertad, duro y tenebroso, será nuestro. Abrazos.

SAUVIGNONA dijo...

hola holograma ...mira lo mejor que tengo es la palabra porque creo que es muy autentica....mi palabra o las palabras ...son un arma que cargamos todos los seres humanos ya sea ..para bien o para mal.... en mi caso creoqe que es lo mejorsito que tengo...}}}

bueno que estes bien y besines
:) sau

momo dijo...

Es una necesidad vital para seguir, para entender....
esa que aveces nos falta, incluso para pnernos delante de eate aparatín y colocar en su sitio unas palabras, ellas se dispersan y salen alocadas a colocarse en otros lugares , las buscas y carajo no sé donde se han ido.
Te echo de menos y esta mañana aprovechando que el duende pasota está despistado me he venido a tu orilla , he paseado por tus palabras, estas, y las que tengo guardadas,esas maravillosas palabras que a vos te salen como si nada, y he sentido nostalgia, de las mias, por eso te escribo.
Te escribiré despacio a tu correo, te contaré cosas ahora que estoy despertando.
Un beso, cantor

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