
Francisco de Quevedo y Villegas dice en su Salmo XVII: “… Y no hallé cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte” y no se puede recordar otra cosa en ese tiempo que no sean “recuerdos de la muerte”. El 24 de Marzo es otoño, un triste otoñó que no olvidaremos, es sepia, es gris misterio y miedo, es golpe directo que se da suspendiendo Estados, derechos y garantías. Marzo es otoño, otoño con memoria, con recuerdo, con violencia. Vagas melodías bajan de la Rosada, ordenes imparciales y demenciales que retumban en el silencio atroz de las calles que no volverán a dormir de nuevo. Marzo de botas golpeando el piso, de bastones golpeando espaldas, de secuestros y torturas. En esa noche eterna la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia. Hojas secas, caen, mueren, por tiempo, por estación, por designio de una junta que no perdona, ni entiende. Decir presente se hace difícil, “ahora y siempre” serán parte de nuestra lucha, esperando que llegue la Justicia a florecer como en primavera, esta tierra usurpada, desangrada y saqueada por una yunta de sadicos asesinos, cobardes sin cuartel que pretendieron quedarse con todo. No podemos ser indiferentes ante lo que hemos oído, leído y registrado a lo largo de estos 33 años; porque los vestigios de sus actos van mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo y pasan a alcanzar la tenebrosa categoría de los crímenes de lesa humanidad. Sus actos son, fueron y serán crímenes contra la humanidad, no contra un grupo guerrillero o contra un grupo insurgente, ya que los actos que cometieron fueron dirigidos a todo el Pueblo por igual, inocente, culpable, cómplice, despierto o dormido, atacaron a todos los frentes, sin distinción de clase, de religión, de ideología, lo hicieron sin importarles contra quienes lo hacían. En palabras dichas por el General Ibérico Saint Jean, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires en Mayo de 1977: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después… a sus simpatizantes, enseguida… a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos”. Se puede decir que pasado ya tres décadas de esa afirmación podemos comprobar que verdaderamente fueron por todos ellos y por todos los demás, niños, bienes, amigos, hermanos, extranjeros, que encontraron en su camino de terror, secando así esta Patria para siempre.
Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de milenios, fueron arrasados y atrozmente ignorados. Sumando y restando silencios a cada hora del día, extrañando minutos, corrompiendo sucesos, deformaron la realidad para devolverla infierno. Vivimos muchos años a la espera de una salida, de esa paloma bullendo de algarabía que nos trajera la buena nueva de un cambio de gobierno. Pero eso se tardo demasiado tiempo, lo que nos hundió cada día un poco más. Bajo la lluvia tenue de nuestros ojos, resistieron algunos como pudieron, perecieron la mayoría de forma dantesca y los que quedaron perdieron parte de su alma. Después de su irrupción miles de personas, objetos, ideas, sueños, han quedado flotando en el aire, entre la vida y la muerte, volviendose parte de "nada", convirtiéndose en desaparecidos. Si uno lo piensa correctamente, es decir, se toma el trabajo de racionalizar esa época, podrá darse cuenta que pensamiento, instinto y razón coinciden en un vértice de horror y espanto, en una suerte de agujero negro que lo devora todo.
Otoño es sentimiento en los cristales del tiempo, en los umbrales de nuestra historia, recuerdos en lloviznas que perduran, recuerdos de "crónica de una muerte anunciada", pero de todo un pueblo y no de un solo hombre. Soplan nubes desde el norte, el sol se esconde por miedo y vergüenza dejándonos en penumbra. Se siente que todo es diferente.
Nos encontramos en plena noche, y mas allá que sean muchísimos los pronunciamientos sobre los sagrados derechos de la persona que a través de la historia y, en nuestro tiempo, desde aquellos que consagró la Revolución Francesa hasta los que se han estipulado en la Carta Universal de Derechos Humanos y en las grandes encíclicas de este siglo, a los golpista nada de esto les importo y actuaron según sus propios intereses enfermos y destructivos. Con ellos en el poder todas las luces se apagaron, los derechos se suspendieron, todos quedamos a merced de las fieras, sin ninguna posibilidad de defensa, de protección, de salvación. Las fronteras se cerraron, los poderes civiles se intervinieron, los medios se silenciaron, la opinión extranjera se confundió, se compro o se simplemente se arreglo para que no interviniera. Una población entera fue encarcelada, en cárceles sin paredes, ni puertas, ni barrera, todos fuimos sospechosos, todos fuimos culpables, todos fuimos abusados, reprimidos y explotados. Así día a día el Pueblo se despertó viviendo en medio de las barbaridades más desagradable, violenta, demencial y sucia que alguien pudiera concebir en sus peores pesadillas.
Según un estudio del Coronel Florencio García y del Ejército había a lo sumo mil quinientos guerrilleros, sumando todos los grupos guerrilleros en el país. De manera que suponiendo que todos esos guerrilleros hubieran sido aniquilados por las fuerzas armadas, todavía cabe preguntar qué pasó con los 4 mil, 7 mil, 8 mil o 28 mil quinientos (según la fuente que se quiera utilizar, errada o acertada, de derecha o izquierda, estatal o privada) que desaparecieron y no eran guerrilleros, es mas, no estaban a favor, sino en contra, de la lucha armada como salida del problema del país. Ellos aceptan que murieron "inocentes" dando diplomas de inocencia a las víctimas para perdonar a los victimarios como si las víctimas le hubieran encargado esa tarea. Se sabe, eran estudiantes. El 30 por ciento eran obreros, gente que trabajaba más del 50 por ciento. Había intelectuales, había periodistas, hombres de teatro, de letras, había sacerdotes. La Noche de los Lápices es un ejemplo muy claro: gente que peleaba por cambiar una situación de injusticia en el país, por medios pacíficos.
La función de las tres Armas fue la de robarle el corazón y la voluntad a la sociedad entera, mantenerla "dócil" (en el termino mas foucaultiano posible) y maleable a sus intereses, así robaron para sus arcas y para la de la corona, como buenos soldados y lacayos que son de los que realmente detentan el poder.
“Si mi General, mi Almirante, mi Brigadier”. Todas las naciones civilizadas, incluyendo la nuestra propia, estatuyeron en sus constituciones garantías que jamás pueden suspenderse, ni aun en los más catastróficos estados de emergencia: el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal, el derecho a proceso; el derecho a no sufrir condiciones inhumanas de detención, negación de la justicia o ejecución sumaria están contempladas en nuestra carta magna. Y bajo su poder, esas garantías no se cumplieron en casi ningún caso (por no decir en ninguno).
Verdades que fueron robadas en el umbral mismo de la casa presidencial, con la complicidad de todo el sistema. Un golpe impetuoso, que trajo como solución la represión y la opresión en todas partes. Así se instauro el Terror de Estado. Desgarrando la virginidad de todos bajo el puño feroz de los soldados de la Patria, ¿De que Patria?
Se sabe, entonces, que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. La tarde venía complicada y este grupo de infelices terminaron por complicar todo aún más (no se puede apagar el fuego con nafta, ni mucho menos, si hay un incendio en una casa, dinamitar toda la patria para extinguir ese fuego, solo quedaran cenizas y sufrimiento como resultado de ese acto). En la calle se habla por lo bajo, se agacha la cabeza, se incrimina por las dudas, se culpa por miedo. Todos sabemos y somos complices de lo que ocurre con el “algo habrán hecho”. Los vecinos ya no sacan las sillas a la vereda, la calle dejo de ser un lugar seguro para estar. Violaron de manera sistemática todos los derechos, todas las normas, todos los acuerdos, todos los contratos, con el mismo procedimiento asesinaron, robaron, abusaron, olvidaron, usurparon, carronearon, vendieron, mintieron una y otra vez.
Hegel dice que “la realidad es el todo”, por lo tanto, no es responsable solo una parte de lo que ocurrió, somos todos. La violación de los Derechos Humanos no puede no atribuírsele a un subalterno particular, porque se sabe que fue una metodología del terror planificada por los altos mandos, porque hay que ponerse a pensar un segundo y preguntarse, ¿Cómo podrían haber sido cometidos por perversos que actuaban por su sola cuenta bajo un régimen rigurosamente militar, con todos los poderes y medios de información que esto supone?, además, podría darse un caso, donde un solo hombre atacó a un grupo de hombres de forma desmesurada, pero, ni es un hombre al que se acusa, ni fueron unos cientos de personas las victimas, estamos hablando de ciento de miles los que fueron victimas de gran parte de toda la fuerza. De la información que puede encontrarse surge que esta tecnología del infierno fue llevada a cabo por sádicos, pero regimentados, ejecutores, bajo el mando directo de la Junta Militar. Si mi inferencia no bastara, ahí están las palabras de despedida pronunciadas en la Junta Interamericana de Defensa por el jefe de la delegación argentina, General Santiago Omar Riveros, el 24 de enero de 1980: «Hicimos la guerra con la doctrina en la mano, con las órdenes escritas de los Comandos Superiores». Y, “esta es la realidad”, la que construyeron estos deficientes mentales, egoístas, asesinos y feroces, una realidad escindida, dividida, construida a fuerza de golpes, torturas, balas, mentiras, pérdidas, ausencias y dudosas victorias, volviendo a la sociedad insensible, faltos de dolor, de alegría, de frenesí.
Gracias a la picota de la triple A (es decir, las tres A, por las tres fuerzas armadas que componían la Junta Militar) el Pueblo callo, para aquellos que levantaron la voz, quisieron seguir luchando por un mundo mas justo (aclaro, la lucha no necesariamente era a través de las armas, subversivo era un maestro que daba clase en un villa miseria, o una mujer que abría un comedor comunitario en el primer cordón del Gran Buenos Aires, alguien que tuviera mucha plata y la escondiera por no compartirla con el circulo militar, o cualquiera que usara el pelo largo, fuera homosexual, adicto y caminara en la calle a modo de ofensa y provocación) fueron los primeros que se llevaron, pero al final, se llevaron a todos, en esos días, el Pueblo mismo murió.
Para entender la magnitud de lo sucedido, hay que ver que muchos de los episodios que se han recopilado resultan de difícil credibilidad. Es que hombres y mujeres de este, y cualquier pueblo, no pueden más que sorprenderse ante los horrores que se relatan. La enormidad de lo acontecido, la transgresión a los fundamentos mismos de la especie, provocan desconfianza y recelo, haciéndonos negar los sucedido para escapar (o intentarlo) del dolor y del espanto que fue todo aquello, pero también, se actúa así para eludir la responsabilidad que nace del saber, del estar enterado, porque a ello sigue, inexorablemente, el preguntarse: ¿cómo evitar que pueda repetirse? Y la cruda realidad de no saber como hacerlo, haciéndonos temer nuevos actos como estos.
Es angustinte advertir que víctimas y victimarios fueron contemporáneos nuestros, hombres de carne y hueso como nosotros, vecinos, hermanos, primos, hijos, amigos de la escuela, padres, madres que "lanchaban" las calles de día, camuflados, y por lo bajo, por la noche, asesinaban sin cuartel, viejos conocidos pasaban a ser grandes enemigos, y uno recostado en la camilla recibía las descargas que esa mano que muchas veces se apretó, hoy daba descargas eléctricas en los genitales.
Con la instauración del proceso, uno podría leer (imaginariamente) inscripta a lo largo de toda nuestra frontera, las mismas palabras que Dante leyó en los portales del infierno: «Abandonad toda esperanza, los que entrais», porque una vez dentro de este infierno, no hay escape, ni salvación, y eso todos los sabíamos muy bien.
Según declaración de Videla en el libro “El dictador”, de María Seoane y Vicente Muleiro el general dijo; “No se podía fusilar. Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina no se hubiera bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil. No había otra manera. Todos estuvimos de acuerdo en esto. Y el que no estuvo de acuerdo se fue. ¿Dar a conocer dónde están los restos? ¿Pero, qué es lo que podemos señalar? ¿En el mar, el Río de la Plata, el riachuelo? Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas. Pero luego se planteó: si se dan por muertos, enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién mató, dónde, cómo” de esta forma reconoce la existencia de un plan sistemático para erradicar a los “subversivos”, es decir, a todos los que fueran contrarios al orden, mejor dicho, a su orden. Arrebatados por la fuerza, dejaron de tener presencia civil. ¿Quiénes exactamente los habían secuestrado? ¿Por qué? ¿Dónde estaban? No se tenía respuesta precisa a estos interrogantes: las autoridades no habían oído hablar de ellos, las cárceles no los tenían en sus celdas, la justicia los desconocía y los habeas corpus sólo tenían por contestación el silencio. En torno de ellos crecía un ominoso silencio. Nunca un secuestrador arrestado, jamás un lugar de detención clandestino individualizado, nunca la noticia de una sanción a los culpables de los delitos. Y este operar enfermo, enferma a la sociedad, atrofia los músculos, da por tierra cualquier esperanza. La respuesta a los pedidos de los familiares y amigos por sus desaparecidos siempre fue negativa, desconociendo su paradero, desconocían su existencia.
“Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día, y podrá desatar esta alma mía hora a su afán ansioso lisonjera; mas no de esotra parte en la ribera dejará la memoria, en donde ardía; nadar sabe mi llama el agua fría, y perder el respeto a la ley severa” Quevedo. Podrá cerrar la muerte todo lo que conocemos, creemos, sabemos, pero algo siempre permanecerá, la memoria, el recuerdo, la lucha de todos los que buscan un padre, una madre, una hija, un hermano, un amigo, y todos los que luchamos por la verdad y la justicia. En aquel 76´ los lobos aullaron en la calle de una ciudad que había dejado de pertenecerle a su Pueblo.
Es así que nos encontramos con un esquema cercano al fascismo, pero inspirado desde un sector social que se considera aristocrático en sí mismo, y defensor de los valores tradicionales de la “Nación Argentina”, ante una democracia de masas que amenaza el “status quo”, y que es fuertemente rechazada. Con esta particularidad se establecerá el Terrorismo de Estado en la Argentina.
Había que cambiar de raíz el modelo social de la Argentina. Terminar con los últimos vestigios del "Estado de bienestar" capitalista que en la Argentina había y convertirlo en el actual neoliberalismo. Y debía conseguirse a cualquier precio, si era necesario, como lo fue, a sangre y fuego, como en el Chile de Pinochet.
Sin dar cuenta de esa estrategia no se comprende el genocidio. O, a lo sumo, se reduce la responsabilidad a tres generales "locos" o borrachos, eludiendo el lugar estratégico de las grandes firmas capitalistas -multinacionales y locales- que lo impulsaron, financiaron y apoyaron. Exactamente las mismas empresas que hoy siguen facturando millones con dolarización y con devaluación. Por eso, en el 76´mientras se aplicaba el más brutal terrorismo de estado, el equipo civil de Martínez de Hoz irrumpía en escena instalando una dictadura liberal que entregó la soberanía nacional, enfeudó al país al capital financiero internacional, desnacionalizó sus industrias y suprimió las conquistas obreras, extendiendo el genocidio mediante la desocupación y la pobreza.
No se puede analizar el golpe del '76 fuera de una historia de golpes en la Argentina que nace en el año 1930. Todos conocemos la posibilidad de golpe de estado y una de las razones por la cual los gobiernos civiles se vieron imposibilitados de afianzarse. En cierto momento se habló de la existencia de un partido militar, en cuanto que era el ejército el que determinaba el curso de las políticas nacionales, y yo no creo que eso estuviera muy errado, lo que si, nunca necesitaron ser partido político, porque con el poder que dan las armas les fue suficiente. Pero, para que un Golpe de Estado tenga éxito debe contar, si o si, con el apoyo civil. Ese apoyo civil es en general de empresarios, agropecuarios o sectores políticos, según la época en que se de el golpe. Porque fue verdad por ejemplo que el campo apoyo el golpe del 76´, como también los radicales, pero no sólo los radicales, los demócratas progresistas también golpearon las puertas para que los militares derrocaran a Perón. Y de algún modo el golpe del '76 se dio con un consenso social, de capas bastantes grandes, sobre todo en la pequeña burguesía urbana y en los sectores urbanos.
Los pretextos que se usaron para el golpe eran económicos, por la mala gestión que había realizado Isabel, y si bien fue verdad que eso fue así, que el gobierno de Isabel fue desastroso estábamos a nueve meses de elecciones generales, donde se podía cambiar un gobierno y elegir otra posibilidad, pero ellos no lo permitieron o no lo vieron así. Otro pretexto que se utilizó para justificar el golpe fue el de terminar con la guerrilla, pero ocurre que hay países, como Italia y Alemania, donde la guerrilla se pudo controlar y deshacer sin necesidad de un golpe de estado, ni mucho menos con todo lo que ocurrió después, y el proceso termino con la guerrilla en un año, si bien siguieron algunas células (de dos o tres hombres) trabajando en condiciones lamentables, desde la clandestinidad, no eran una amenaza real, hoy, si uno se fijara bien, existen mas células, más organizaciones peligrosas que en aquel entonces donde la guerrilla fue destruida, y no por eso hay que sacar tanques a la calle, violar derechos, suspender garantías.
La Iglesia también apoyó y confortó a los militares asesinos y torturadores, con algunas excepciones. La Iglesia, las llamadas "fuerzas vivas", que son "vivas" en doble sentido y el ejército, son los pilares en lo que se apoya el Estado. Ahora lo que se fue haciendo bajo la dictadura militar a través de disputas de distintos grupos económicos fue el de cambiar el modelo de país. El nuestro fue un país bastante industrializado, con una clase obrera numerosa y combatida. El fin fue económico, pero también político: quebrar el movimiento obrero, que era el otro polo de desarrollo del país, con clase obrera nueva y desintegrar esa identidad política que era el peronismo.
Si bien los conflictos existían y los riesgos de una revolución eran tales, no se dio una guerra directa, y si la hubo (cosa de la que, salvo muchas aclaraciones, estoy de acuerdo) termino antes del primer aniversario del golpe del 76´, por lo que ya no era necesario seguir con la metodología. La Junta invento la guerra, invento la mayoría de los enfrentamientos que pueden leerse en los diarios (y fueron armados ados para sembrar cadaveres y justificar procedimientos y les servía a las fuerzas militares para mantenerse en el poder y con control de las cosas. Una suerte de doctrina que utilizo Bush después del 11 de Septiembre, algo que muestra a ciencia cierta la mentalidad y el proceder de estos sectores mundiales tienen cuando se manejan de esta manera). Más allá de esta guerra declarada, la forma que tuvierno de actuar no tienen nada que ver con el que se utiliza en una guerra, aunque sea una gurra "sucia" (porque lo que hicieron no entra ni siquiera en la categoría de crímenes de guerra), porque sus actos son los actos mas bajo a los que puede caer un ser humano. La tortura, la desaparición forzosa de personas, el robo de niños y bienes materiales por mera conveniencia y mediocridad, sumiendo al Pueblo al hambre y la indigencia, destruyendo casas, sueños y futuros no tienen nada que ver con una guerra. Tampoco lo tiene la censura, el exilio obligado de científicos, periodistas, actores, músico, ni tampoco lo tiene la proscripción de partidos políticos e organizaciones sindicales, estudiantiles, religiosas o ideológicas por pensar diferente al proceso.
Cada aniversario del 24 de marzo de 1976, fieles a las consignas de "no olvidar" y preservar la "memoria", sostenemos que no debe esconderse el funesto papel que casi todos los partidos políticos, la “prensa independiente” y los centros extranjeros de poder jugaron en la preparación del clima del golpe, en su concreción o en la posterior participación en el gobierno de la dictadura.
No se trata de salvar a las Fuerzas Armadas de su responsabilidad aunque no fueron las únicas responsables. Bañadas de un profundo espíritu antinacional desde la “revolución libertadora” de 1955, les correspondió a las tres fuerzas la tarea sucia, la detestable represión copiada de los manuales escritos con sangre por franceses y norteamericanos en Argelia, Vietnam e Irak.
Pero el “proceso cívico-militar” no culminó en 1983, no fue derrotado con el retorno de la democracia. Más allá de toda retórica democratista que quiere desviar la atención de lo sucedido, el programa económico de Martínez de Hoz siguió vigente hasta entrado el nuevo siglo y profundizado mediante el plan Cavallo.
Alguna vez el Che Guevara escribió: "Un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal", por lo tanto no puedo dejar de odiar a estos personajes, a estos sistemas inhumanos, que lucran con la sangre del Pueblo, que torturan sadicamente para mantener el control de las voluntades. No puedo más que odiar a Videla, a Massera y a todo el resto de represores que cometieron tantas atrocidades, no puedo más que odiar al sistema capitalista que eleva nuestro egoísmo y nuestras miserias a niveles demenciales e infernales que no hacen mas que explotar al hermano y secar al obrero.
Ojala tanta muerte no sea en vano, el 24 de Marzo es un día para no olvidar, para escuchar, para reflexionar, para frenar un segundo nuestra vorágine y darse cuenta de lo efímero que es todo lo que conocemos, los peligros que nos asechan desde las sombras y el triste final al que llegaremos si no cambiamos el rumbo definitivamente.
No podemos ser indiferentes, no podemos cometer siempre los mismos errores, tenemos a la historia como testigo de nuestros desaciertos. Tenemos que aprender que nuestra participación es todo, si miramos hacia otro lado, dejaremos que pasen estas irracionalidades y peor vamos a terminar. De nosotros depende, tan solo de nosotros.
La carta de Rodolfo Walsh fue escrita un año después del golpe del 76´, ni cinco, ni diez años después, es decir, todo estaba sucediendo, ahora bien, con esta denuncia, con estos datos crudos y escalofriantes nadie oyó nada, nadie hizo nada.
En esos años hubo una juventud realmente maravillosa, una clase trabajadora magnifica, estudiantes, profesores, intelectuales, artistas comprometidos con el verdadero cambio, con el bien general y no personal, lamentablemente esta manga de asesinos los borro de la faz de la tierra, y si bien sus intenciones también murieron con ellos, no su mensaje y su ejemplo que permanece después de todo. A tener en cuenta también que del otro lado, del ala mas fascista y retrogrado del sistema, también persiste esa idea de aniquilar a todo aquel que quiera cambiar de alguna manera el orden de las cosas.
Ni dejar pasar, ni dejar hacer.
Contra el olvido y la impunidad, por la justicia y la memoria.
JUICIO Y CÁRCEL COMÚN A TODOS LOS GENOCIDAS,
APARICIÓN CON VIDA DE JORGE JULIO LÓPEZ ¡YA!
30.000 COMPAÑEROS DETENIDOS-DESAPARECIDOS ¡PRESENTES! ¡AHORA Y SIEMPRE! ¡AHORA Y SIEMPRE!












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