Tres mil millones de dólares para que Israel siga humillando a Palestina con sus asentamientos ilegales

Los colonos judíos que viven en los asentamientos de Cisjordania controlan el 42% del territorio. Gran parte de esas tierras que hoy poseen fueron arrebatadas a sus dueños legítimos, los palestinos, a pesar de la prohibición que la Corte Suprema de Israel dictó al respecto. Según la B'Tselem, una organización de Derechos Humanos israelí, "los extensos cambios geográfico-espaciales que Israel ha hecho al paisaje de Cisjordania socavan las negociaciones que Israel ha realizado durante 18 años con los palestinos y violan sus obligaciones internacionales".
Sin embargo, representantes de los colonos rechazaron las cifras y dijeron que el informe tenía motivaciones políticas. El gobierno no hizo declaraciones al respecto. Y los palestinos que sufren esta realidad, siguen padeciendo humillaciones, abusos, violaciones, represiones, encarcelaciones y genocidios.
El documento del B'Tselem se basó en registros oficiales, incluidos mapas militares y una base de datos de los asentamientos compilada por las fuerzas armadas hasta el día de la fecha.
A pesar que las construcciones propiamente dichas sólo cubren 1% de la superficie de Cisjordania, la jurisdicción de los asentamientos se extiende a más del 42% del terreno, lo que demuestra lo ilegal e injusto de la situación para la población Palestina.
Los asentamientos quitaron 21% del territorio de Cisjordania a propietarios palestinos, una gran parte después que la Corte Suprema lo prohibiera hacer en 1979.
Ashton, la máxima representante de la Unión Europea advierte en un comunicado que: "Los asentamientos son ilegales desde el punto de vista del Derecho Internacional, suponen un obstáculo a la paz y amenazan con hacer inviable la solución de dos Estados". A su juicio, las intenciones del Estado hebreo van en contra de los esfuerzos de la comunidad internacional para retomar las negociaciones directas e Israel deberá revisar su decisión. Finalmente, ha recordado que la UE no reconoce cambio alguno en las fronteras anteriores a 1967, lo que incluye Jerusalén, salvo las acordadas por las partes. "Si no hay una verdadera paz, cualquier estatus final debe ser negociado, y eso incluye Jerusalén como capital de dos Estados".
El Gobierno de México, al igual que el de Argentina, Uruguay y Brasil, condenan a través de un comunicado lo sucedido. En el caso de México, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), manifestó su profunda preocupación por la decisión israelí de construir 1600 viviendas en el barrio de Ramat Shlomo, en Jerusalén Oriental, así como a los subsecuentes anuncios de ampliación de asentamientos, tanto en Cisjordania como en la misma Jerusalén Oriental.
El comunicado advierte que este tipo de actos no contribuyen a crear un clima propicio y de confianza que permita a las partes reiniciar conversaciones. La expansión de los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados, constituye un acto contrario al derecho internacional y representa un serio obstáculo para el proceso de paz en la región.
Concluye reiterando el apoyo a la solución del conflicto en Medio Oriente, con base en la existencia de dos Estados que vivan uno junto al otro dentro de fronteras seguras y reconocidas internacionalmente, de conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, la Hoja de Ruta y la Iniciativa Árabe de Paz.
Para Philip Luther, director adjunto del Programa Regional para Oriente Medio y el Norte de África de Amnisty International, "las autoridades israelíes deben detener de inmediato la expansión de los asentamientos en Jerusalén Oriental y el resto de la Cisjordania ocupada (…) la construcción de estas viviendas no sólo contraviene el derecho internacional, sino que también se añade a la larga lista de abusos perpetrados contra los derechos humanos de los palestinos que viven en los Territorios Palestinos Ocupados (TPO), incluidos sus derechos al agua y a una vivienda adecuada". Israel se anexionó unilateralmente 70,5 km de tierras ocupadas en Jerusalén Oriental y sus alrededores desde la guerra de 1967. Lo más grave es que "la discriminación por motivos de nacionalidad y religión es la característica dominante en la política de asentamientos de Israel. Esta política viola tanto los derechos de los palestinos que viven bajo las leyes civiles en Jerusalén Oriental como los de aquéllos que viven en el resto de Cisjordania, sujetos a las leyes militares israelíes."
En Cisjordania, Israel ha calificado ya aproximadamente el 40 por ciento de la tierra como tierra "estatal", que a menudo utiliza para asentamientos. Además, un 21 por ciento más de las áreas edificadas de los asentamientos se encuentran en tierras palestinas de propiedad privada.
Las confiscaciones, tomas y apropiaciones de tierras para construir asentamientos, carreteras de circunvalación, la valla/muro e infraestructuras relacionadas, han tenido como consecuencia desalojos forzosos de palestinos.
Según la ONU, sólo en 2009 más de 600 palestinos, ¬más de la mitad de ellos menores¬, se vieron desplazados de Jerusalén Oriental y el resto de Cisjordania tras ser demolidas sus viviendas por orden de las autoridades de Israel, a menudo a fin de dejar sitio para futuros asentamientos israelíes.
Según las leyes militares israelíes, las familias palestinas desalojadas de sus viviendas no tienen derecho a una vivienda alternativa ni a una indemnización. Por consiguiente, muchas se quedan sin techo y en la indigencia.
"El año pasado, Amnistía Internacional informó sobre las discriminatorias políticas y prácticas hidrológicas de Israel, que niegan a los palestinos su derecho al agua", ha dicho Philip Luther.
"Hemos documentado reiteradamente la relación entre los asentamientos y la destrucción de las viviendas, cosechas, tierras de cultivos y medios de vida de los palestinos."
La política israelí de asentar a su población civil en tierras ocupadas viola el cuarto Convenio de Ginebra y está tipificado como crimen de guerra por el Estatuto de la Corte Penal Internacional.
De la misma manera que Philip Luther y los demás jefes de gobiernos y de organismos internacionales, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, criticó el anuncio de la construcción por Tel Aviv de 1600 viviendas en Jerusalén Oriental, durante una reunión con el primer ministro israelí Benjamin Netanyaju.
El máximo responsable del organismo mundial consideró también de vital importancia reanudar las negociaciones de paz con los palestinos y expresó su esperanza de que el gobierno de Israel tome medidas para facilitar la circulación de personas y mercancías desde y hacia la Franja de Gaza.
Ban "expresó su preocupación por la reanudación de las construcciones y los recientes anuncios sobre nuevas edificaciones en Jerusalén Este".
Las negociaciones de paz, reanudadas el 2 de Septiembre bajo el auspicio de Estados Unidos, se encuentran en punto muerto debido, precisamente, a las diferencias que mantienen ambas partes sobre la cuestión de la colonización.
El fundador del movimiento nacionalista judío, Theodor Herzl, en su obra "El Estado Judío", dice: "Nadie es lo bastante fuerte o lo bastante rico para transportar un pueblo de una residencia a otra. Esto puede hacerlo solamente una idea. Parece que la idea de Estado posee esa virtud". Para poder realizar esta idea, o sea la emigración de población judía, Herzl necesitó un ideal nacional asentado en un justificativo religioso, que era lo que había mantenido y cohesionado a la "Diáspora" a través de la historia, evitando su desintegración.
Este cambio conceptual, el de considerar a una comunidad religiosa como un pueblo que quiere un "Hogar Nacional", venía unido a la idea de diferenciar al judío del no-judío.
En los diarios de Herzl, podemos leer: "La solución de la cuestión judía no consistía en luchar para acabar con el antisemitismo y conseguir la total igualdad de los judíos en los países donde vivían, sino en separar a los judíos de los que no lo son".
Con los lineamientos marcados por su ideólogo, el Estado de Israel sanciona la Ley del Retorno en 1950 y la Ley de Nacionalidad en 1952. La primera, otorga a todo judío el derecho de asentarse en Israel, mientras que la segunda, confiere automáticamente la ciudadanía a los que ejerzan dicho derecho. O sea sólo se reconoce el derecho a las personas judías, manteniendo a los palestinos, en un status de refugiado; Israel justifica esta diferenciación y la prohibición del retorno palestino, diciendo que si los palestinos refugiados volvieran de su Éxodo -forzado-, provocarían un desequilibrio en la identidad judía del Estado de Israel y por lo tanto en su existencia.
En 1967 Israel ocupó Gaza, Cisjordania y Jerusalén, creando la figura jurídica de los Territorios Ocupados Palestinos (TPO), con la consiguiente necesidad de colonizar, de forma efectiva, dichos territorios.
Los asentamientos son la estructura que permite mantener el dominio en los territorios ocupados, teniendo como ventaja para el gobierno israelí, la poca población de colonos que esta requiere. Esta ventaja, es posible gracias al régimen jurídico-político-social separado entre "colonos" y "colonizados", el cual plantea para uno tribunales civiles (colono israelí) y para el otro tribunales militares (palestino).
De acuerdo al artículo 47 de la Cuarta Convención de Ginebra y la legislación internacional humanitaria, los asentamientos israelíes son ilegales, porque a una potencia ocupante no le es permitido transferir parte de su propia población al territorio que ocupa, de la misma forma que introducir cambios permanentes en el territorio que ocupa, si estos no son para beneficio de la población ocupada.
Aparte de Israel, el sistema de asentamientos no ha sido reconocido por ningún otro país del mundo y demuestra el final de la aplicación de una estrategia, que ha sido planteada y comenzada a desarrollar por Ben Gurion, primer Presidente del Estado de Israel: "Un Estado judío parcial no es el objetivo final, sino apenas el principio. Estoy convencido de que nadie puede impedirnos el establecernos en otras partes del país y de la región".
En una entrevista el 12 de Marzo con el canal de televisión NBC, la secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton calificó la noticia israelí de los asentamientos, efectuada durante el viaje del vicepresidente Biden a la región, como “insulto”, tanto al vicepresidente como a Estados Unidos.
“Nosotros compartimos valores comunes y apoyamos lo mucho que Israel representa. Pero creemos en la solución de los dos estados” que establece un estado palestino viable, contiguo e independiente, en el cual el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu también ha dicho que cree. La administración Obama quiere ver “medidas para establecer la confianza y medidas que den pie a la reanudación de las negociaciones y posteriormente avanzar hacia la resolución de los temas relacionados con la condición final”, dijo.
Pero el 15 de Noviembre de 2010 el sentir norteamericano cambió (¿gracias a descuidos, cansancios, nuevas metas, presiones y traiciones?), gracias al lobby sionista. Los ministros israelíes comenzaron ayer a decidir si aceptan los generosos incentivos de los Estados Unidos, que incluyen aviones de guerra por un valor de tres mil millones de dólares, a cambio de una moratoria de 90 días en la construcción de los asentamientos o se niegan a aceptar ningún acuerdo, ninguna concesión y vamos a la guerra.
La propuesta está diseñada para recomenzar las conversaciones de paz con los palestinos. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, le presentó a su gabinete el primer bosquejo de la oferta de la Casa Blanca con la que Washington pretende restaurar el congelamiento parcial de la edificación en Cisjordania, que para el presidente palestino, Mahmud Abbas, es la condición mínima para retomar las negociaciones.
A pesar del escándalo inicial, en el que algunos de los ministros de la extrema derecha se opusieron al trato, Washington espera que Netanyahu consiga el apoyo de sus colegas para lanzar una nueva moratoria, en reemplazo de la que caducó el pasado 26 de Septiembre y que detuvo las conversaciones directas entre las dos partes en conflicto. Fuentes diplomáticas dijeron que Estados Unidos estipula que se congelaría la construcción en Cisjordania que comenzó desde esa fecha. La organización Peace Now (Paz Ahora) calcula que se han construido unas 1600 viviendas desde entonces.
Las fuentes agregaron que el paquete de incentivos ofrecido por la Casa Blanca incluye el compromiso de no solicitar otra moratoria después de que se terminen estos 90 días y la promesa de usar su veto contra las resoluciones que adopte el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y que sean contrarias a los intereses de Israel. La iniciativa estadounidense está pensada para desbaratar los intentos de persuadir al Consejo para que ratifique una declaración unilateral de un Estado palestino, el Plan B que los palestinos frecuentemente enarbolan, si las conversaciones fallan o no dan frutos.
EEUU le entrega a Israel 20 aviones de guerra, para seguir manteniendo su pleno dominio militar en la región, como se expresó en la masacre en Gaza, los ataques al sur del Líbano, el atentado a la Flotilla de la Libertad.
Lo de la moratoria no tiene pies ni cabeza. La moratoria de 10 meses que terminó en Setiembre no sirvió de nada. Israel continuó construyendo en los territorios ocupados más casas que en todo 2009. Las colonias judías florecen en todas partes, y las obras públicas no se quedan atrás. Las excavadoras no paran de construir carreteras para los colonos en Cisjordania. Mientras esto ocurre, EEUU le promete a Israel todo tipo de beneficios.
Aún así, en el gabinete israelí, tanto el canciller ultraderechista Avgdor Lieberman, de Israel Beiteinu, como el ministro del Interior Elie Yishai, del ultrarreligioso Shass, se oponen a toda moratoria, así como el consejo representativo de los 300 mil colonos israelíes de Cisjordania.
¿Qué negociación puede establecerse si una de las partes sólo abusa, impone, viola, explota y reprime a la otra todo el tiempo?
¿Cómo puede Estados Unidos incentivar la paz si da tres mil millones de dólares en armamento a Israel para que otorgue una prórroga que no le corresponde, que no merece, que no es justa ni sirve de nada?
¿Qué clase de negociación es aquella donde sólo una de las partes es la que debe ceder a las pretensiones que se imponen?
¿Qué resultado puede arrojar una negociación donde sólo existe el prejuicio, la intolerancia y la falta de respeto a la ley?
¿Por qué nadie condena y sanciona los abusos y violaciones a los derechos humanos e internacionales que comete Israel?
La situación de los palestinos es intolerable. Sufren las humillaciones diarias que acompañan a la ocupación. Nunca debemos darle la espalda a sus derechos legítimos de vivir con dignidad y un estado propio.
Qué difícil solución tiene todo esto.