Duhalde, Macri y Videla se abrazan en el horror que el espanto de sus discursos genera en la sociedad

El mensaje, es consabido, se construye con muchos más elementos que las palabras del discurso. ¿Cuál es el mensaje que dieron Macri, Duhalde y Videla estas últimas semanas?
Comienza Videla. Aunque dice que pensó en llamarse a silencio como lo hizo estos últimos 25 años, decide hablar para la juventud y las nuevas generaciones. Duhalde está acostumbrado a hablar, un día antes de lo sucedido en el Parque Indoamericano habló de “orden” en Harvard, y todos sabemos lo que significa “orden” para el “cabezón”, también sabemos lo poco que le importan las nuevas generaciones. A Videla también le importaron poco las nuevas generaciones, en su momento, no sólo no las comprendió, las combatió hasta extinguirlas. Macri directamente no sabe hablar, usa asesores para todo, hasta para responder preguntas de periodistas tiene alguien detrás que le “sopla” las respuestas, sus discursos son memorizados y expresados con tan poca gracia que la comparación con Pantriste es obvia. Macri cree que las nuevas generaciones sólo existen en Twitter.
Videla parece no hablar ante un tribunal, sino para la historia. Duhalde es historia y con su discurso intenta devolver el pasado al presente. Macri balbucea lo que le dicen y repite lo que Duhalde y Videla piensan. Videla en el juicio se trabuca, se equivoca, se le desacomodan las hojas, Macri directamente es un idiota sentado en el sillón del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Duhalde de idiota no tienen nada y habla como un pastor evangélico en plena “misa”, quiere presentarse como el “nuevo-viejo” Mesías de la política que viene a salvarnos, nuevamente, del Apocalipsis. Videla y Duhalde no parecen nerviosos cuando hablan, mucho menos, cuando “ejecutan” una idea, una orden, un “orden”, Macri transmite nervios todo el tiempo y nadie entiende lo que ordena. Videla se cambia las gafas porque está viejo y no ve bien. Duhalde no necesita de anteojos o de nadie para ver la realidad, para ver los lugares por donde quebrar la voluntad popular y generar caos y agitación social para ganar. Macri, con o sin anteojos, no ve ni entiende absolutamente anda, es un ciego político, un “pensador” de pacotilla que consiguió una posición en la sociedad gracias a los millones de su padre.
Videla metió miedo, hasta terror en su época, ahora es un viejo que babea como Menéndez y saca conclusiones y amenazas que demuestran que no ha perdido la maña, ni esa cuota de cinismo y monstruosidad que lo caracterizan. Macri sólo asusta con sus discursos de preescolar y de pequeño facho que necesita atención todo el tiempo, de esa manera pide represión cada vez que puede. Duhalde da miedo y asegura que sabe cómo reprimir si es necesario, lo sabe tan bien que tiene en su haber demasiadas muertes, como por ejemplo, la de Kosteki y Santillán, esas muertes nos permiten ver claramente la forma de imponer el “orden” que este “Padrino” de la política tiene a la hora de actuar. Según el eslogan de campaña que repiten: “Sabemos y podemos”, les faltaría aclarar que lo que saben y pueden es matar, reprimir y marginar a los grupos sociales sin que se les mueva un pelo.
Macri repite que los “vecinos” de la Ciudad viven acorralados por las villas y la “inmigración descontrolada”, Duhalde hace causa común y se erige como salvador de una Argentina que “está sedienta de paz”. Videla no habla de paz, habla de Guerra, de una “Guerra Interna” que no terminó: “los guerrilleros eran un enemigo mimético, sin uniforme ni banderas, que usaban mujeres embarazadas como escudo para poner bombas y asesinar (…) esa guerra no terminó”. Se trata de una “guerra imprecisa” que aún continúa por medios no violentos, y concluye: “los enemigos derrotados en el campo militar hoy gobiernan el país, están en el poder, y quieren instaurar un régimen marxista a la manera de Gramsci”. Se define como preso político e insta a la sociedad argentina a recuperar el protagonismo perdido (por protagonismo entiende: haber delegado en las Fuerzas Armadas la defensa de “nuestro estilo tradicional de vida”. Macri ama su estilo de vida, sus comidas en el Jockey Club, sus caminatas por Punta del Este, sus viajes a New York, por eso exige que la Policía Federal vuelva a usar armas de fuego para sofocar la protesta social y la posibilidad de algún cambio en su “cotidianidad” oligárquica. A Duhalde no le importan las clases, sólo sus negocios y por eso dice que no le va a temblar la mano a la hora de “pacificar” al país, porque incluso está dispuesto a sacar a la calle a las Fuerzas Armadas a imponer “orden”. Videla asegura que actuó así porque el Estado en aquella época había perdido el “monopolio de la fuerza”. Macri cree lo mismo, y en el programa de “A dos voces” en TN a dicho que el “Estado debe conservar el monopolio de la fuerza”. Lo que Macri y Duhalde están buscando es imponer un “nuevo” orden como el que impuso Videla en la década del 70´ para implantar medidas antisociales que beneficien sus miserables intereses.
Macri y Duhalde son las dos caras de una sociedad política que ya no oculta sus afinidades. Videla es la máxima expresión de la ultraderecha que actuó hace más de 30 años para tranquilizar los miedos que tenía el status quo a los cambios que se avecinaban. Duhaldistas y macristas agitan esa misma estrategia discursiva, haciendo pie en los dos pilares clásicos de la desestabilización: el lenguaje del miedo y la profecía autocumplida del caos y la recuperación del orden. Videla es su maestro, por eso Pando apoya a Duhalde en su campaña y defiende a Macri en los programas de televisión.
Esa apuesta política al desborde y a la extorsión en las urnas, que registra varios antecedentes en la historia argentina de los últimos 30 años, marcó el discurso de Duhalde en el Pabellón 1 de Costa Salguero, donde lanzó su candidatura a presidente. El mismo día, pocas horas después del discurso de Duhalde, Macri redondeó la idea apelando al pánico ante un grupo de vecinos asustados. “Hoy le tocó al club Albariño, ayer fue el Parque Indoamericano, ya están en Retiro, en cualquier lugar, van a ir a la casa de cualquiera”, razonó el Jefe de Gobierno porteño, que hace tiempo decidió abandonar la moderación impostada con la que alguna vez quiso edulcorarse.
Duhalde pidió que las Fuerzas Armadas se sumen para combatir “la inseguridad”, de la misma manera en que lo hizo Videla. Es que Duhalde y Macri están juntando votos de la derecha dura, esa derecha dura que pidió y protegió a la dictadura, esa derecha dura argentina agazapada, profundamente golpista, que sigue vivita y coleando. No preocuparía Videla, Duhalde o el patético Macri, sino existiese un bolsón reaccionario tan grande como existe.
Hay, en efecto, un núcleo duro embanderado con lo peor del terrorismo de estado. Y ojo que es más numeroso de lo que pueda suponerse. Excede y por mucho a los grupetes que junta Cecilia Pando cada vez que intenta recordar el pasado más terrible de nuestra Argentina.
Duhalde y Videla son los cultores del hecho consumado, los juicios por crímenes de lesa humanidad no son un acto de justicia sino de venganza y la violencia estatal es el principio fundante de la convivencia colectiva. Videla se jactó de haber prestado un “inestimable servicio a la nación agredida facilitando el restablecimiento del orden republicano democrático”. Duhalde dijo que el gobierno había traído la violencia y que él reimplantaría el orden por medio de la represión. Ninguno ha aprendido ni olvidado nada, como el vizconde Chateaubriand decía de los Borbones después de la Revolución Francesa y el imperio de Napoleón. El ex dictador citó el fallo de la Cámara Federal que lo condenó en 1985 para decir que el país vivió una guerra revolucionaria. Pero también recurrió a la justificación teológica, invocando a Santo Tomás de Aquino para caracterizar la represión generalizada que se desató sobre el país como una “guerra justa”.
Duhalde es Videla, Macri es Duhalde, por ende, Macri es Videla y ellos son los exponentes de la ultraderecha Argentina. Sus discursos son tan semejantes que parecen estar escritos por la misma persona, en ellos anida una misma idea, la de control, orden y represión como principio regulador de la política social, principios que ayudan a imponer ajustes y políticas con las cuales ellos solos se favorecen.
Duhalde, Macri y Videla se abrazan en el horror y el espanto que producen. Sin lógica buscan hacer pie en las clases medias y altas que temen a los cambios y mucho más, a perder esa posición de privilegios que ostentan. Los tres entienden que solo a través de los palos, los gases, las balas, la falta de garantías, se puede gobernar a la Argentina.
El mensaje de ellos es consabido, se construye con muchos más elementos que las palabras del discurso, se construyen con el dolor de millones de personas, con la ilegalidad, la violencia, el abuso y la explotación.
Videla fue condenado a cadena perpetua, pero Macri y Duhalde continúan operando en la vida pública intentando que nada cambie en nuestra sociedad.
Felicité al pueblo argentino por la sentencia al asesino Videla.
Deseo felicitarlo nuevamente, cuando -a la hora de dar su voto- silencien las voces y eviten los actos de los fascistas Macri y Duhalde.
Abrazos, querido amigo, que el 2011 nos traiga la paz