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La maldita clase media

No importa que la realidad y las ideas los desmientan, la acusación es persistente y agresiva porque permite óptimas ganancias a las tendencias fascistas. La propaganda antiinmigratoria, anticomunista, antisubversión constituye un arma privilegiada en el arsenal de la ultraderecha. Ha sido usada con éxito en todos los confines del mundo, desde Argentina hasta Polonia. Su objetivo es explotar los miedos de la clase media y de los sectores más atrasados de la población para manipularlos políticamente a favor de soluciones antidemocráticas.
El fascismo llegó al poder en Alemania porque la clase media fue aterrorizada por la propaganda que describía con atuendos demoníacos a los bolcheviques de Lenin. Los pequeños tenderos y propietarios se arrojaron a los brazos del partido nazi para “salvarse del comunismo”. Finalmente, de manos de Hitler, los esperaba la barbarie de los campos de exterminio. La guerra civil en España se hizo a nombre de la lucha contra “los rojos”. Finalmente, llegaron los fusilamientos y el terror de Franco. En Chile se explotó con igual intensidad los miedos del pequeño burgués timorato e ignorante fin de abrir las puertas a Pinochet y a sus secuestradores y asesinos.
La clase media, esos benditos “pequeñoburgueses” que se arrastran por la ciudad, no sólo son pequeños por su bolsillo, menos abultado que el del gran burgués, sino también por la dimensiones de su cerebro. Y no es que el gran burgués sea un ser inteligente, sino que el del “pequeñoburgues” se empequeñece en la medida misma de su terror a que los haberes se le reduzcan todavía más, y a pasar de medio o cuarto de burgués a pobre entero. La definición del pequeño burgués y de su prejuicio podría justamente ser: alguien con miedo.
¿Miedo a qué tienen estos enanos de clase? A que el diferente no termine convirtiéndose en semejante o, más bien, que no se levante una mañana y se encuentren convertidos en otro pobre, negro, sucio y feo ser social, esos seres del que tanto escapan.
La clase media es una clase que no tiene grandeza. La clase media es lo que no quiere ser; no quiere ser clase media porque quiere ser clase alta, pero tampoco es lo que no quiere ser, que es ser clase baja. ¿Qué es? Es eso que está ahí en medio, y no va a salir de ahí, no va a ser lo que quiere ser y, sí posiblemente, va a ser ese terror que tiene de ser pobre.
Y eso la vuelve asustadiza y en tanto es asustadiza, se vuelve muy tendiente al fascismo. Todo avance de los negros es para la clase media algo terrible: ‘los negros nos van a unir a ellos y nosotros nos queremos correr siempre a la derecha, pensar como la derecha, comer donde come la derecha, manejar los modismos de la derecha’.
Un temor por la identidad propia, precisamente en la clase media, que está estrechamente relacionado con el miedo al declive económico y, junto con ello, la recriminación a los inmigrantes en cuanto a que no muestran ninguna voluntad de integración.
Ambos aspectos son alimentados por el temor. Temor al extranjero, temor al prójimo. Pero temor también a perder los logros alcanzados. Ver desvalorizadas cosas muy valiosas para uno. Contra ese temor no hay argumento que valga. Ese miedo sólo puede superarse cuando a la gente que lo siente se le puede mostrar que existe un objetivo positivo a alcanzar.
La clase media es una clase insolidaria, muy cobarde que siempre está dispuesta a darle votos a quienes aseguren proteger los cuatro bienes materiales que lo separan del indeseable.
Cuando Jacques Chirac quiso congraciarse con la mayoría de los “pequeñoburgueses” prejuiciosos que integran el otrora país de la Bastilla y el mayo francés, aludió a “los olores” de la inmigración. Lo mismo ha hecho Sarkozy con los gitanos, obteniendo como compensación un 60% de opción “pequeñoburguesa” favorable. Berlusconi por su parte ha dicho en reiteradas oportunidades que: “"Menos inmigrantes, menos criminalidad" y eso mismo, palabras más o menos, hizo Macri la semana pasada.
Estas palabras dichas desde el atril donde se grita el discurso o detrás del escritorio del Jefe de Gobierno de cualquier Estado crea un pogrom de catastróficos resultados.
¿Qué es un pogrom? Pogrom es una palabra rusa que significa un ataque o disturbio. Las connotaciones históricas del término incluyen ataques violentos por las poblaciones locales contra judíos en el imperio ruso y por todo el mundo. En la época moderna, resentimiento económico y político contra los inmigrantes han sido usados como pretextos para los pogroms.
En la Rusia zarista, la población cristiana llevó a cabo olas de pogroms entre 1881 y 1917. Organizados localmente con el ánimo del gobierno y la policía, los agresores de los pogroms raptaron y asesinaron sus victimas judías y saquearon su propiedad. Durante la guerra civil que siguió la revolución bolchevique de 1917, decenas de miles de judíos murieron en la violencia del pogrom en la región de la Ucrania y en la Polonia oriental (entre 1918 y 1920).
Después del ascenso al poder del partido nazi en Alemania en 1933, Adolf Hitler desanimó actos de violencia “desordenados”. Kristallnacht (la “noche de vidrios rotos”), la serie de disturbios que incluía el incendio de sinagogas por todo Alemania el 9 y 10 de noviembre de 1938, fue el primer acto de violencia masiva contra la comunidad judía alemana.
Durante la Segunda Guerra Mundial, los Einsatzgruppen (equipos móviles de matanza) sistemáticamente eliminaron comunidades judías en Polonia y la Unión Soviética. Los oficiales de la policía nazi incitaron a los ciudadanos de lanzar pogroms (con grados variados de espontaneidad) en pueblos como Bialystok, Kovno, Lvov, y Riga. En Iasi, Rumania, por lo menos 8.000 judíos fueron asesinados durante un pogrom de 1941, realizado con el apoyo de la dictadura militar fascista.
Los pogroms no terminaron con la Segunda Guerra Mundial. En Kielce, Polonia, un pogrom fue lanzado en 1946. Una muchedumbre de residentes locales atacó judíos después que rumores falsos se difundieron que los judíos estaban usando la sangre de niños cristianos para rituales. Cuarenta y dos judíos murieron y alrededor de cincuenta fueron heridos.
El pogrom de Kielce era una de los factores que resultó en una migración masiva de cientos de miles de judíos que habían sobrevivido el Holocausto. Conocido como la Brihah, este movimiento trajo a judíos de Polonia y otros países de la Europa oriental a los campos de refugiados en Alemania, Austria e Italia ocupadas por los Aliados.
¿Cómo se arma un pogrom? Atizando el miedo, sobre todo el miedo de los “pequeñosburgueses”, esa clase media que siempre está a mitad de todo, soñando ser lo que no es, y a un paso de lo que detestarían ser, y además, créase o no, exaltando la envidia: ese judío ropavejero tiene más plata que yo, a ese negro de mierda lo ayudan con planes y a mí no. Siempre hay un Zar o un Führer que echa leña al fuego y siempre los punteros por ellos enviados con el objeto de excitar al “pequeñoburgues” encuentran las palabras justas para que el temeroso y/o envidioso, en general, buena persona, buen padre, buen amigo, se vuelva criminal.
La semana pasada salió a la luz lo que hasta ahora había permanecido en estado latente en el interior de las vísceras “pequeñoburguesas”, ese racismo, esa xenofobia, esa mierda “pequeñoburguesa”.
La culpa no es de los inmigrantes, deberíamos reconocer nuestros errores como punto de partida para cambiar la realidad. Errores han habido bastantes y el primero se sustenta en la creencia de la clase media a merecer mucho más de lo que tiene y a responsabilizar a otros de los errores y fallas que padecen. La integración sólo funciona en base a la reciprocidad. Necesitamos no sólo a alguien que se integre, sino a alguien que quiere integrar y los “pequeñosburgueses” solo quieren desintegrar lo que cuesta tanto conformar, por mediocre y miserable.
Lo fluido es una sustancia que no puede mantener su forma a lo largo del tiempo. Y ese es el rasgo de la modernidad entendida como la modernización obsesiva y compulsiva. La clase media intenta moverse, mejor dicho, escalar en ese fluido posiciones y beneficios, para alejarse del horror que representa la clase baja, donde la pobreza, la marginalidad y el inmigrante se mueve con total libertad destruyendo todo aquello que anhela la clase media.
La modernidad nos encuentra divididos más que nunca, la clase media que produce revoluciones sólo para alcanzar el honor de sentirse por un rato un gran burgués, por eso estudia, por eso trabaja, por eso vota, por eso persigue, por eso reclama estados policíacos.
Ya no existe la idea de una sociedad perfecta en la que no sea necesario mantener una atención y reforma constantes. Nos limitamos a resolver un problema acuciante del momento, pero no creemos que con ello desaparezcan los futuros problemas. La clase media es la mayor responsable de esta situación. Cualquier gestión de una crisis crea nuevos momentos críticos, y así en un proceso sin fin.
El sentimiento dominante es lo que los alemanes llaman “Unsicherheit”, que significa: incertidumbre, inseguridad y vulnerabilidad y podría traducirse simplemente como “precariedad”. Es el sentimiento de inestabilidad asociado a la desaparición de puntos fijos en los que situar la confianza. Desaparece la confianza en uno mismo, en los otros y en la comunidad. La clase media vive cotidianamente con este sentimiento la que lo vuelve peligrosa, irritable, racista, desdichada, violenta, cobarde, traidora.
Esa clase media intransigente, ese “pequeñoburgues” molesto, ese enano fascista que toda sociedad lleva dentro nos está desgarrando por completo. Esa clase media que protesta por los que cortan rutas o toman tierras si son pobres, pero aplaude si lo hace la Sociedad Rural que gana miles de millones de pesos con esos cortes de rutas o con esas tomas de tierras. Esa clase media que crítica a la presidenta por usar cartelas de cinco mil pesos pero que compraría más de una de esas carteras si las pudiera comprar. Esa clase media que sólo busca tener bienes materiales sin importar los costos que eso conlleve. Esa maldita clase media que por ser término medio, a la manera en que lo creía Husser, demuestra no ser absolutamente nada. Esa maldita clase media que define elecciones, sustenta golpes de Estados y represiones y ponen en el poder a tipos como Hitler, Videla, Menem, Aznar, Bush, Zarkozy, Berlusconi y un largo etc., sigue produciendo barbaridades.
Esta semana en Buenos Aires los hemos vuelto a ver, han vuelto a salir a la calle a pedir imbecilidades. Esta semana los “pequeñosburgueses” han dado muestras de estar igual que siempre, buscando culpar a otros por su eterna infelicidad.
6 comentarios:
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Una clase media que cae en el miedo es la peor de las clases sociales. Me temo que está pasando.
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"No hay peor fascista que un burgués asustado" -B. Brecht -
Si.Continúa saliendo a la luz esa mediocridad de los malditos pequeños burgueses.
Sigo escuchando comentarios aberrantes y discriminatorios de parte de tacheros, en el entorno de la escuela , comerciantes , vecinos ... etc...atizando los principios sucios de la derecha.
Es patético y peligroso.No miden lo que dicen.
Aterra este compromiso con lo superficial , lo intrascendente , lo antisocial, lo "insolidario".
Es una muestra de violencia y mezquindad humana .
Esa clase media es la que elige a tipos de la calaña de Macri y Cia. para que la gobierne.
Nada es casual.
Hitler y Franco no hubiesen podido implementar los genocidios y la barbarie sin cómplices que los secundaran.
Excelente artículo!
Coincido plenamente.
Merece divulgación.Lo hago.
Abrazos!!
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Troba menciona la frase del poeta Roque Dalton : otro gran luchador y defensor de los derechos humanos.
Enhorabuena!
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Es cierto; cuando flamean las banderas del miedo, la clase media mira con temor y reacciona, muchas veces, injustamente; pero también es muy cierto, que los gobiernos de turno no hace nada para calmar esos temores de ese grupo social, que en el fondo, lo banca con sus impuestos. Abrazos, amigo.
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La verdad es que radicalmente discrepo con lo afirmado. El desprecio manifestado hacia la clase Media que es lo que pretende que existan solo ricos y pobres.? que los menos privilegiados economicamente e intelectualmente no tengan un espacio de progreso delante de si..?Los Fanatismos no son propios de derecha lo son y abundantes tambien de IZQUIERDA..



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Como decía el gran poeta Roque Dalton, nunca hay que olvidar que el menos fascista de entre los fascistas es también fascista.
Un abrazo.