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Largo es el camino que recorremos para alcanzar lo que buscamos. Un camino lleno de penurias y contradicciones que nos detienen, retrasan o pierden, pero con fuerza, determinación y comprommiso podemos superar. El curso de todo proceso revolucionario se levanta sobre la adversidad. Hay que trabajar honestamente y por el bien general, para que todo sea posible.
  • Khadafi es un socio más de la Legión del Mal que conforma el Imperio



    Somos microrrelatos en la estructura de una gran novela cuyo principio leemos pero su final no se ha escrito aún. Estamos de paso: llegamos, vemos y vencemos o perdemos. Mientras tanto y hasta el último telón, nos consolamos con que algo aprendemos de y en el ciclo de la vida, nos consolamos con que nos dejen desarrollar como sea nuestro papel, que no nos arrace la “tempestad”, el holocausto, las crisis del mercado, nos consolamos con poder pronunciar y actuar nuestras líneas, en los sucesivos stages en el vida-game que nos ha tocado jugar. El comienzo, el durante, el final y esa fantasía del después que suele dar lugar a locuras y a religiones y a las grandes películas taquilleras o los renombrados best-sellers nos encuentren de pie, levantando banderas y manejando nuestros puntos de giro. Narrativas grotescas de una realidad detestable nos envuelven, deberías saber lo que estamos haciendo para poder llegar a algún lugar.

    Como en una historia de Graham Greene, Libia alterna encuentros secretos con momentos de tranquilidad, con la misma prosa de Green podemos contar bombardeos, amenazas cruzadas e instantes donde las cadenas internacionales repiten las promesas de los presidentes extranjeros –como siempre- prometiendo libertad, justicia y paz. Dentro de esta atmosfera, el escenario –para nada onírico- mezcla ciudades, calles, desiertos, balas, pozos petroleros, multinacionales, hombres justos, otros tantos pecadores, explosiones, extraños observando, sombras en coches, vendedores, mercenarios, servicios de inteligencia, entendidos en la materia, ignorantes y mucho estúpido en el mundo que habla o guarda silencio interesadamente. En esta historia hay leales, opositores perseguidos, rebeldes, inocentes, culpables y rumores imposibles de confirmar a cada hora dando vuelta por los hospitales, por las comisarías, por las casas clausuradas, por las ciudades destruidas, por las ferias ambulantes, por las escuelas devenidas en escombros. Y apenas todo esto es, una viñeta de lo que puede ser la caída de un régimen que durante décadas jugo un papel importante en Libia y el resto mundo. La caída de un dictador que compró por la fuerza y el poder de los petrodólares el personaje de Dios, de Tigre del Desierto. Estamos en Tierra de Greene. Quizá sólo el autor que cobra vida en Los comediantes en el Haití de Papa Doc o Nuestro hombre en La Habana en la Cuba de Batista podría hacerle justicia a la pesada atmósfera que se siente en Trípoli en lo que pueden ser las últimas semanas del reinado de Khadafi.

    En los 41 años que lleva en el poder Muamar Mohamed Abd As-Salam Abú Minyar al Khadafi, o simplemente Muamar Khadafi, ha hecho gala de un transformismo ideológico y político y un grado de excentricidad difíciles de igualar. Luis D´Elia –dirigente piquetero y social argentino- dijo en su programa de radio: “Khadafi paso de ser ‘El tigre del desierto’ a ‘gatito del imperio’”, mejor explicación para entender la figura de este líder, dictador, libertador, asesino, no puede haber y quizás en esta metamorfosis –que no fue tanta- resida la explicación del por qué de esta guerra civil en Libia y de la futura invasión extranjera –otra más- en tierras árabes por parte del imperio.

    En 1969, cuando sus compañeros de armas lo designaron la persona que lideraría el golpe de Estado contra el rey Idris, Khadafi era sólo un capitán de 27 años, apenas 27 años y ya comandaba un golpe de estado contra una familia Real Árabe. Con la victoria alcanzada, quedó al frente de Libia en el momento preciso en que se descubrían en el país sus vastas reservas de petróleo, lo que le dio margen para emprender importantes reformas en educación, salud y derechos sociales, inéditas entonces en el país y en el resto de la región. Sus reformas fueron inscritas dentro de lo que dio en llamar a partir de 1977 la Jamahiriya, o “Estado de las masas”, su peculiar teoría sobre la democracia, en la que se suprimieron los cargos e instituciones tradicionales –él es simplemente Líder de la Revolución-, para “dar el poder al pueblo”. Los comités populares, constituidos por fieles a ultranza, desplazaron a ministros, gobernantes, alcaldes. De esa manera logró amalgamar su poder a su entorno y a su puño.

    El polémico Khadafi ubicó a los ocho hijos que tuvo con sus dos esposas en lugares claves de la economía y las fuerzas armadas, preparando para sucederle a uno de ellos, a Saif al Islam. Khadafi admirador del panarabismo del egipcio Gamal Abder Nasser, pero también del Che, de Mao, de la URSS y más recientemente, de Hugo Chávez, Khadafi apoyó en los ’70 y en los ’80, con financiación y entrenamiento, a guerrillas y movimientos de liberación nacional de muchos países como Montoneros.

    Esto le valió a Khadafi crearse una aureola de progresista, y por considerarlo que estaba en el campo antiimperialista, no pocos movimientos de izquierda miraron para otro lado cuando reprimía toda protesta social u oposición política interna. Quizás en este punto resida uno de los conflictos de intereses más importantes a la hora de criticar la figura de Khadafi abiertamente, en la contradicción que se da por la ayuda material y humana que dio en décadas pasadas a los movimientos libertarios de América y África, y por el otro, por ser un Dictador, un líder que violo derechos humanos dentro y fuera del país. La figura de Khadafi puede resumirse como la de un golpista, revolucionario precoz, empresario, traficante de armas e intereses, defensor de opresores y un colaborador encubierto –y no tanto- del sistema imperialista al que tanto defenestró durante su mandato incuestionable.

    Su discurso encendido, sus exabruptos, sus “originalidades” lo convirtieron en un personaje pintoresco, oscuro, grotesco. Khadafi se ha ocupado de hacer grandes gestos populistas que ha explotado mediáticamente, mientras él como su familia vivían en la abundancia y acumulaban riqueza y poder y el resto de la población, pese a sus inmensos avances, volvía lentamente a la ruina, el con sus lujos, con sus demagogias, con sus excentricidades construyo una imagen de inigualable. Con el correr de los años, los grandes progresos de la sociedad se fueron reduciendo a nada y su imagen se fue gastando como los murales pintados en los edificios públicos de Tripoli.

    Acusado por Estados Unidos de estar detrás de atentados terroristas en 1985 contra los aeropuertos de Roma y Viena y de un ataque a una discoteca de Berlín frecuentada por soldados estadounidenses en 1986, Ronald Reagan hizo bombardear su jaima, en la que murió su hija Jana. En 1988 se acusó a Libia de estar detrás del atentado contra un avión de Pan Am en pleno vuelo sobre Escocia, que provocó 270 muertos. Y Khadafi terminó aceptando su responsabilidad, entregando a los agentes acusados por Gran Bretaña e indemnizando a las víctimas en abril de 1999. así consiguió levantar el veto de la ONU y Estados Unidos, enese año disolvió la mayoría de los ministerios que conformaban el gobierno y transfirió sus competencias a los congresos populares municipales.

    En 2003, Gadafi anunció una reforma radical del régimen socialista; nació el llamado “capitalismo popular”, que no era sino la culminación de la contenida apertura de la economía libia al sector privador interior y exterior que se venía gestando desde hacía cuatro años.
    Y para rematar: alcanzó en diciembre de 2003 un acuerdo con el presidente estadounidense, George W. Bush, y con el primer ministro británico, Tony Blair, para el desmantelamiento por parte de Libia de sus armas de destrucción masiva.

    El acercamiento diplomático libio a las democracias occidentales prosiguió en 2004; el 20 de septiembre de ese año, Bush levantó el embargo comercial que Estados Unidos ejercía desde 1986, tres meses más tarde de que ambos países restablecieran sus relaciones diplomáticas, rotas desde hacía 24 años; por su parte, el 22 de septiembre, la Unión Europea (UE) puso fin al embargo de armas impuesto 18 años antes.

    Khadafi es un mutante de la patrulla X. Su profunda transformación desde la revolución del 69 hasta nuestros días lo ha llevado de un socialismo personalista a jerarca de una “república monárquica” cuyo heredero es su primogénito, Sayf al-Islam al-Khadafi, al que ha designado único sucesor legítimo. Sus negocios compartidos en proyectos multimedia con Berlusconi hablan también de esta kafkiana conversión de protagonista del Eje del Mal a amigo de Occidente, recibiendo con honores a Sarkozy o Condoleeza Rice.

    Podemos alegar que sabemos poco de lo que ocurre en Libia y sospechar de las condenas occidentales, mediáticas e institucionales, de los últimos días. Podemos quedarnos en eso. Los imperialistas son muy inteligentes a la hora de manipular la información. Ellos, que tienen muchos intereses concretos en la zona, han defendido hasta el final a sus dictadores, pero cuando han comprendido que eran insostenibles los han dejado caer y han elegido otra estrategia: apoyar procesos democráticos controlados, seleccionar minorías postmodernas como motor de cambios limitados y desplegar sin pudor, a sabiendas de que la memoria es corta y los reflejos lentos, democracias títeres, derechos fantasmas, fácilmente modificables..

    Khadafi ha sido durante los últimos diez años un gran amigo de la UE y de EEUU y de sus dictadores aliados en la zona. Baste recordar las incendiarias declaraciones de apoyo del Calígula libio al depuesto Ben Alí, a cuyas milicias muy probablemente proporcionó armas y dinero en los días posteriores al 14 de enero. Baste recordar también la dócil colaboración de Khadafi con los EEUU en el marco de la llamada “guerra antiterrorista”. La colaboración política ha ido acompañada de estrechos vínculos económicos con la UE, incluida España: la venta de petróleo a Italia, Francia y EEUU ha sido paralela a la entrada en Libia de las grandes compañías occidentales (la española Repsol, la británica British Petroleum, la francesa Total, la italiana ENI o la austriaca OM), por no hablar de los suculentos contratos de las constructoras europeas y españolas en Trípoli. Por lo demás, Francia y EEUU no han dejado de proporcionarle armas para que ahora mate desde el aire a su propio pueblo –según Francia y Estados Unidos-, siguiendo el ejemplo de la Italia imperial desde 1911. En 2008 la ex secretaria de Estado Condoleeza Rice lo dejó muy claro: “Libia y Estados Unidos comparten intereses permanentes: la cooperación en la lucha contra el terrorismo, el comercio, la proliferación nuclear, África, los derechos humanos y la democracia”.

    Cuando Khadafi visitó Francia en diciembre de 2007, Ayman El-Kayman resumió la situación en un párrafo que reproduzco aquí: “Hace casi diez años, Khadafi dejó de ser para el Occidente democrático un individuo poco recomendable: para que le sacaran de la lista estadounidense de Estados terroristas reconoció la responsabilidad en el atentado de Lockerbie; para normalizar sus relaciones con el Reino Unido, dio los nombres de todos los republicanos irlandeses que se habían entrenado en Libia; para normalizarlas con Estados Unidos, dio toda la información que tenía sobre los libios sospechosos de participar en la yihad junto a Bin Laden y renunció a sus “armas de destrucción masiva”, además de pedir a Siria que hiciese lo mismo; para normalizar las relaciones con la Unión Europea, se transformó en guardián de los campos de concentración, donde están internos miles de africanos que se dirigían a Europa; para normalizar sus relaciones con su siniestro vecino Ben Alí, le entregó a opositores refugiados en Libia”.

    Khadafi no es ni un revolucionario ni un aliado, ni siquiera táctico, de los revolucionarios del mundo, quizás pudo serlo en los 60´o los 70´, pero el fantoche asesino actual no lo es. En 2008 Fidel y Chávez (junto a Mercosur) denunciaron justamente la llamada “directiva de la vergüenza” europea que reforzaba la ya muy severa persecución en Europa de la humanidad desnuda de las pateras y los muros. De todos los crímenes de Khadafi quizás el más grave y el menos conocido es su complicidad en la política migratoria de la UE, particularmente italiana, como verdugo de emigrantes africanos. A pesar de las denuncias que hablan de verdaderas prácticas de exterminio -o precisamente por ellas, que demuestran la eficacia de Khadafi como guardián de Europa- la Comisión Europea firmó en octubre una "agenda de cooperación” para la "gestión de los flujos migratorios” y el "control de las fronteras", válido hasta 2013 y acompañado de la entrega a Libia de 50 millones de euros.

    La relación de Europa con Khadafi ha rozado la sumisión. Berlusconi, Sarkozy, Zapatero y Blair lo recibieron con abrazos en 2007 y el propio Zapatero lo visitó en Trípoli en 2010. Incluso el rey Juan Carlos se desplazó a Trípoli en enero de 2009 para promocionar a las empresas españolas. Por otro lado, la UE no dudó en humillarse y disculparse públicamente el 27 de marzo de 2010 a través del entonces ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, por haber prohibido a 188 ciudadanos libios la entrada en Europa a raíz del conflicto entre Suiza y Libia por la detención de un hijo de Khadafi en Ginebra acusado de maltratar a su personal doméstico. Aún más: la UE no emitió la menor protesta cuando Khadafi adoptó represalias económicas, comerciales y humanas contra Suiza ni cuando efectuó un llamamiento a la guerra santa contra este país ni cuando declaró públicamente su deseo de que fuera barrido del mapa.

    Ninguno de los actuales enemigos jurados de Khadafi resiste un archivo: no ha pasado mucho tiempo desde que el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, besaba literalmente la mano de khadafi –que además de accionista del Juventus es inversor de Finmeccanica, una de las principales empresas de armamento italianas– y le permitía instalar su carpa beduina en Roma, pero de un día para el otro lo dejó caer como una piedra. Lo mismo vale para los británicos que vendían montones de armas al coronel.

    En junio de 2010, Saif Khadafi declaró al periódico británico Daily Mirror que el ex premier “Tony Blair tiene una excelente relación con mi padre”. Blair es considerado un consejero de confianza para la Libyan Investment Authority. Con eso, las exportaciones británicas para Libia subieron cerca de 930 millones de euros en los últimos años.

    En el olvido ha quedado que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y su colega español, José Luis Rodríguez Zapatero, hasta hace pocos meses eran admiradores y lobbistas de Khadafi y sostenían que era esencial impulsar las relaciones con aquel país, que se llegó a vender ante el mundo como “un oasis para la inversión extranjera”.

    Para darse cuenta de cómo ha cambiado la historia en sólo unos meses, no hay más que ver cómo se define a Libia en una noticia publicada en la página web del Instituto de comercio Exterior de España (Icex). “Muchos expertos no dudan en señalar que actualmente Libia se encuentra en pleno auge y expansión económica teniendo como objetivo convertirse en el nuevo Dubai de la costa mediterránea”, rezaba la información de Libya Investment de finales del año pasado que permanecía publicada en la web del organismo oficial aún después de que comenzaron los ataques aéreos.

    Una muestra del cambio radical de los aliados con Libia es que en noviembre del año pasado 120 empresas de 21 países (entre ellas la firma española Indra) participaron en la feria de seguridad y defensa Libdex 2010, celebrada en el aeropuerto militar de Mitiga, junto a Trípoli. Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia, China y Rusia estuvieron presentes en el encuentro. Ahora, la ONU ha prohibido cualquier transacción comercial vinculada con la defensa.

    Con un lenguaje muy similar al que utilizó su antecesor, José María Aznar, en 2003, cuando implicó a España en la guerra de Irak, el actual presidente español dice que la intervención en Libia es “humanitaria”.

    Para evitar este tipo de comparaciones que lo dejan mal parado, Zapatero argumenta que la Organización de Naciones Unidas (ONU) ha respaldado la intervención para acabar con Khadafi, algo que en Irak ocurrió después de los primeros ataques sobre Bagdad.
    No es cierto que la intervención en Libia trata de evitar que Khadafi masacre a los civiles, sino a los insurgentes que son una amalgama heterogénea en la que convergen monárquicos nostálgicos de un antiguo rey, islamistas que propugnan la Guerra Santa, primos de Al Qaeda y cuñados de los intereses occidentales en la región.

    En España, Khadafi y las empresas estatales libias controlan el banco Aresbank, la red de estaciones de servicio Tamoil y varias propiedades inmobiliarias. Su principal joya es la finca La Resinera, ubicada en Málaga, donde planeaba edificar un megacomplejo turístico.
    Todos estos bienes (con excepción de Tamoil) están intervenidos como parte del acuerdo de los gobiernos de la UE para congelar las propiedades de Khadafi y evitar que las use para financiar la guerra. El Banco de España, por ejemplo, ha tomado las riendas de Aresbank.
    El Gobierno español también ha intervenido las cuentas bancarias de Khadafi y otros 25 miembros de su familia, entre ellos, su hijo Khamis Muammar, que estudiaba un Master en el Instituto de Empresa.

    España, sin embargo, no es el primer destino del dinero libio. En Italia, la antigua colonia, Khadafi participa en Unicredit, en la firma aeroespacial Finmeccanica, y ENI, además de en el equipo de fútbol Juventus, de Turín.

    La mayor inversión de Libia es el UniCredit. A finales de 2008, en plena crisis financiera mundial, el Banco Central libio compró acciones del mayor banco italiano, que estaba en serios problemas. Con la ayuda del fondo soberano Libyan Investment Authority (Leia), Libia se hizo el mayor accionista de UniCredit (con 7,582%), actualmente uno de los mayores bancos de Europa.

    Desde enero de 2011, el gobierno libio es dueño del 2,01% del grupo aeronáutico y de defensa Finmeccanica, controlado por el Estado italiano. Libia tiene también casi 0,5% de la empresa de petróleo ENI. Posee 22% de la empresa textil Olcese y 7,5% del club de fútbol Juventus. En junio de 2009, una empresa controlada por la Compañía Árabe de Inversión Extranjera adquirió una participación del 10% en Comunicaciones Quinta, de la cual el accionista mayoritario es Berlusconi.

    No obstante, aún es más llamativo el cambio de criterio del presidente francés, Nicolas Sarkozy, que ha pasado de vender armas a Khadafi a liderar los ataques contra Trípoli. En los últimos años, el dirigente galo ha pactado la construcción de una central nuclear en Libia, ha confirmado la venta de misiles a Khadafi y ha pagado rescates de cientos de millones de euros al régimen para dejar libres a unas enfermeras secuestradas. Khadafi ha llegado a afirmar que él financió parte de la campaña electoral de Sarkozy.

    Sarkozy traga saliva ante la amenaza de Khadafi de revelar los montos, las cuentas y los bancos a través de los cuales financió su carrera política: si la amenaza se hace realidad, podría asegurarle la victoria de Jean Marie Le Pen en las próximas elecciones francesas.
    Como en toda guerra de conquista, en Libia no sólo las armas, sino quienes las disparan, se venden al mejor postor. Quizás por esto, el primero en dejar caer las bombas sobre el Ejercito y la población de Libia fuera Francia, intentando así amedrentar a Khadafi o hasta aniquilarlo para que no hable.

    La rebelión popular en Libia puede parecer extraña, pero pueden presentarse algunas explicaciones razonables para entender el asunto, por un lado, podemos decir que el régimen libio se ha degenerado en los últimos años; o que el llamado socialismo sólo ha sido una fachada del régimen para contener al pueblo libio; también podemos decir que la rebeldía antiimperialista de Khadafi, ha sido sólo eso, pura rebeldía; o que EEUU esté aprovechando estas movilizaciones de África del Norte para ajustar cuentas con Khadafi. Parece que son las tres primeras sin descartar la última.

    El régimen de Khadafi se agotó hace por lo menos 30 años. Se necesita con suma urgencia que Libia tenga otro gobierno. Es claro que la continuidad de Khadafi al frente de Libia se debe al poder interno que detenta y el juego que juega con las grandes potencias mundiales, siendo lo que las potencias le pidan que sean en determinados momentos de la historia, un día enemigo, otro aliado, otro colaboracionista y otras veces un monstruo que debe ser sacrificado. Libia no es Egipto, pero en Egipto la mayoría de la población se enfrentó a Mubarak, porque eran mayoría, en Libia, eso no ocurre y por eso tantos muertos. Además que el Ejercito apoya en Libia a Khadafi y en Egipto, el Ejercito le soltó la mano a Mubarak ante la magnitud de la protesta al poco tiempo de comenzada la revuelta.

    Es curioso el proceso que desembocó en el bombardeo de Libia. La Casa Blanca vaciló mucho antes de dar su visto bueno: explicó que esperaba una resolución del Consejo de Seguridad y la aprobación de la Liga Arabe. Sólo que lo aclaró después, cuando varios senadores se quejaron de la tardanza en actuar. Cabe preguntarse el porqué de esa demora: ¿se esperaba la contraofensiva de Khadafi para que las dos partes contendientes se debilitaran al máximo, abriendo así la posibilidad de instalar un gobierno tan afín a EE.UU. como el de Arabia Saudita?

    El jefe del Pentágono, Robert Gates, y el contraalmirante William Gortney declaraban que Khadafi no forma parte de la “lista de objetivos” y que matarlo no figura en el mandato de la ONU, mientras el secretario de Defensa británico, Liam Fox, reiteraba que el dictador libio era “un blanco legítimo”. Por lo bajo, Zarkozy sueña con que Khadafi deje de respirar. El presidente Obama dijo que la intervención militar estadounidense obedecía “a una disposición internacional” y que la participación de su país sería limitada, aunque no aclaró sus metas. La resolución 1973 del Consejo de Seguridad autoriza a detener “por todos los medios” la matanza de civiles desatada por Khadafi, de manera que su alcance es, por lo menos, indefinido. ¿Uno de esos medios sería la invasión, como en Irak? Obama aseguró que la invasión no está contemplada, pero todo se limitará a la victoria o no de los rebeldes al régimen.

    La Liga Árabe está molesta porque, a su entender, se estableció la zona de exclusión aérea para impedir las muertes de más civiles y no para aumentar su número con las incursiones. ¿Acaso no recordaba las consecuencias de idénticas medidas aplicadas a otros países sin mayores resultados políticos? Las zonas de exclusión aérea impuestas hace veinte años a Saddam Hussein no lo derrocaron, aunque fueron apuntaladas con sanciones y bloqueos económicos que infligieron un grave daño al pueblo iraquí. ¿Ignoraba la Liga que Occidente resolvió el impasse invadiendo Irak? ¿Se inquieta ahora porque no es unánime el apoyo mundial a la Odisea del Amanecer y porque, además, se cuestiona su papel al abrigar el bombardeo de un nación árabe?

    La Casa Blanca no amengua su optimismo: los ataques durarían “días, no semanas”, una opinión en la que Hillary Clinton se a encargado de repetir, aunque esa idea no se comparta mucho. Heather Huriburt, que encabeza la Red Nacional de Seguridad, un grupo que trabaja para la Casa Blanca, opinó que el desenlace en Libia “se parecerá más al de Kosovo que al de Bagdad”. Kosovo: meses y meses, no días, de bombardeos arrasadores y el transcurrir de un año entre el fin de las matanzas ordenadas por Slobodan Milosevic y su deposición. “El final no está cerca”, agregó Haliburt. El final es el derrocamiento de Khadafi y eso, en efecto, no está cerca. Washington procura desembarazarse del mando de la operación, Obama tal vez no quiere aparecer como el agresor de otro país musulmán, el tercero en una década, pero la OTAN no puede hacerse cargo de la tarea oficialmente: Alemania se abstuvo en la votación del Consejo de Seguridad, ha retirado todas sus fuerzas del Mediterráneo y decidió no participar en la zona de exclusión aérea. La canciller Angela Merkel propuso, en cambio, un embargo general de energéticos libios, provocando un fruncimiento general de cejas: los países europeos importan un 85 por ciento del petróleo libio y Alemania es abastecida por Rusia. Gigantes del ramo como la francesa Total, el ENI italiano, la británica BP, el consorcio español Repsol y la estadounidense Chevron –entre otros– lo extraen del suelo libio.

    Libia es la nación petrolera más importante de África, seguida por Nigeria y Argelia: sus reservas de oro negro se aproximan al 3,5 por ciento de las reservas mundiales y duplican con creces las de EE.UU. La intervención militar abarca, sin duda, mucho más que las preocupaciones por la cuestión humanitaria: si EE.UU. logra hegemonizar el norte africano debilitando la influencia francesa en particular, y la de otras ex potencias coloniales europeas en todo el continente negro en general, se acercará aún más al objetivo estratégico de dominar la mayor parte de esos recursos del planeta. Un designio cumplidamente imperial.

    La decisión del Consejo de Seguridad de la ONU tiene por lo menos tres objetivos distintos íntimamente relacionados por la misma necesidad. El más inmediato es impedir la derrota del Consejo Nacional opositor a Khadafi asentado en la ciudad de Benghazi. Este objetivo le sirve para el segundo, el de blindar la invasión de Arabia Saudita a Bahrein. Converge con la represión impuesta en ese emirato, en Túnez y en Yemen para desarticular la dinámica regional de las rebeliones árabes. El tercer objetivo es el control del Estado libio para asegurar sus yacimientos. Una gigantesca reserva de 46 mil millones de barriles de crudo liviano.

    El petróleo libio –y su Estado, sin el cual no hay petróleo- debe ser visto como una necesidad de la geopolítica imperial del presente. No hay imperios sin materias primas. EE.UU., Japón, Canadá, Alemania, Francia, Italia, España, también China concentran esa necesidad. No por casualidad las multinacionales dominantes en la Libia de Khadafi quieren continuar después de él.

    Hay una exacta continuidad de la era civilizatoria construida con los derivados de este crudo y la era abierta en este siglo. Pocas cosas que se muevan en este mundo desde comienzos del siglo XX pueden prescindir del petróleo como insumo básico. Lo que ha podido ser un avance para la humanidad terminó convertido en “excremento del diablo” en manos del capital. Esta definición pertenece a Juan Pablo Pérez Alfonzo, el ministro venezolano que ideó la OPEP en 1960. Cuando le preguntaron en una entrevista por qué una frase tan macabra para un recurso tan “útil”, le recordó al periodista que “en nombre del ‘oro negro’ creció la estadística de las guerras, que antes se hacían por otras cosas”. Tenía razón. (El Desastre, J. P. Pérez Alfonzo y Domingo Alberto Rangel, Ediciones Vadell, 84, Caracas, 1976.)

    Estaríamos en presencia de la guerra número 37 por el control del petróleo en forma directa, desde la de 1914. Esta sería la primera según autores especializados, porque terminó en el pacto secreto entre Francia e Inglaterra en 1916 para repartirse Siria y el Medio Oriente bajo los mandatos de Mesopotamia y Palestina. (“Historia del Petróleo”, Daniel Yergin, 1992, y “Las guerras del petróleo”, Geoeconomía, revista del Instituto Choiseul para la Política Internacional y la Geoeconomía Nº 38, París, 2006.)

    Siguiendo los datos de las mismas fuentes se contabilizan doce pactos de ocupación territorial entre potencias sin acudir a conflictos armados y alrededor de 75 golpes de Estado en Asia, África incluido el Magreb, el Golfo Pérsico, Europa del Este y América latina. Una cantidad indeterminada de guerras civiles han sido promovidas por las compañías petroleras. Yerguin sostiene que fueron 27 en el siglo XX, pero es difícil deslindarlas de las otras guerras y a veces comenzaron por golpes de Estado como las de Sudán, Nigeria e Indonesia.

    Otro propósito clave en Libia es la OPEP. Las potencias necesitan el control del mercado petrolero mundial y el resguardo de reservas a largo plazo. El problema es que en el medio están los Estados y en algunos de ellos hay regímenes independientes, incluso antiimperialistas. La OPEP perdió a Irak-Kuwait, luego a Libia desde antes de ahora, quieren sacarles a Irán o a Venezuela y así paulatinamente hasta liquidar el sindicato.
    Hay algo más que los tiene con el sueño alterado. Las “7 Hermanas” de empresas petroleras actuales se basan en siete Estados-nación de los cuales sólo dos, Malasia y Arabia Saudita, responden en forma directa a EE.UU. y la OTAN. Las otras cinco pertenecen a Estados independientes: China, Rusia, Irán, Venezuela, Brasil.

    Se agotó en el camino de mediaciones, razonamientos y acuerdos, se agoto por fuerza propia. La Unidad Africana no tiene base moral para actuar, porque se compone de regímenes represivos y la Liga Árabe jugó en el bando contrario. Libia fue quedando sola, con un déspota en Trípoli y una oposición proyanqui en Benghazi.

    Desde entonces sólo sentimos el hedor de una guerra preñada de petróleo. Putin dijo acertadamente que el llamado de la coalición a la guerra le “recuerda a una llamada medieval a la cruzada"

    El jefe de gobierno ruso criticó la operación de la alianza internacional en Libia, a la que tildó de "cruzada". "Intranquiliza la ligereza con que se pueden adoptar a nivel internacional actualmente acciones de combate contra Estados soberanos", señaló Putin.
    Me recuerda a una llamada medieval a la cruzada, donde se incitaba a todo el mundo a marchar a una zona para liberarla", dijo Putin citado por la agencia de noticias Interfax.
    Rusia se abstuvo en la votación en el Consejo de Seguridad de la ONU para imponer un espacio de exclusión aéreo en Libia y no utilizó su poder de veto. "La resolución del Consejo de Seguridad no es completa y además es dañina", dijo en un discurso ante trabajadores de la ciudad de Wotkinsk. "Está claro que permite todo a todos, incluso cualquier actuación contra un Estado soberano".

    Según Putin, Libia no es un país con criterios democráticos, pero pese a ello Occidente no tiene derecho a intervenir en un conflicto interno a favor de una de las partes. El ministro del Exterior ruso, Serguei Lavrov, condenó también las acciones contra Libia. En una visita en la capital egipcia El Cairo exigió seguridad para los ciudadanos rusos que se encuentran en Libia.

    El siglo XXI se encapricha con el mundo árabe. Por tercera vez las bombas de Occidente aran las tierras de un régimen árabe con el pretexto de devolverle al país la libertad. Afganistán fue, en 2001, el primero en saborear las pulsiones liberadoras de la administración Bush. El ex presidente montó una coalición –en ella estaban y siguen estando Londres y París– con el objetivo de derrocar al régimen fundamentalista de los Talibán, los famosos “estudiantes de teología”. El operativo fue la respuesta de Washington al apoyo que los talibán le habían proporcionado a Osama Bin Laden. Pero aquellos nefastos “estudiantes” habían sido también aliados de Estados Unidos y de Occidente, obedientes agentes locales que luego se volvieron contra los imperios del Oeste. Bush quiso sacarlos del poder e implantar un esquema democrático occidental. Afganistán sigue ocupado y en estado de guerra. En 2003, el segundo en experimentar la importación de la democracia con bombas fue Saddam Hussein. Aquí, el pretexto consistió en decir que Saddam Hussein escondía armas de destrucción masiva. Saddam no era cualquiera. Fue un poderoso, espantoso, sangriento y benemérito dictador respaldado por prácticamente todas las democracias del mundo desarrollado. En la lucha contra Irán, Saddam resultó una pieza esencial de Occidente. Le vendieron armas, le compraron su petróleo, le construyeron palacios y edificios mientras el tirano oprimía a su pueblo mucho más allá de los límites de la barbarie. Masacró a chiítas y kurdos, torturó y desangró a su país hasta la náusea. Georges Bush lo desalojó con una invasión. En nombre de la democracia y las armas de destrucción masiva una coalición internacional, en la que no estaba Francia, sembró bombas y muerte en el suelo iraquí. El país sigue ocupado y en guerra. Libia es un caso aparte, pero los argumentos son los mismos: la cruzada militar se hace en nombre de los civiles a los cuales Muammar Khadafi asesina sin miramientos desde que el país se le levantó a mediados de febrero. Occidente encontró en Khadafi un aliado ideal para hacer explotar sus bombas allí donde los sacudones de la historia lo habían excluido. La revolución libia deriva de las revoluciones biológicas que estallaron en Túnez y se propagaron en todo el sur del Mediterráneo y los países del Golfo. Era, por una vez, un movimiento genuino, auténtico, una demostración histórica, colectiva y emocionante de que todas las pavadas y mentiras a propósito del mundo árabe no eran más que la burda propaganda de Occidente, una construcción embustera y racista para excluir a los árabes del legítimo lugar que tenían en la modernidad y sacar, con ello, el conveniente provecho: con el pretexto de la amenaza terrorista o del fundamentalismo islámico se mantuvo en el poder a dinosaurios sangrientos y corruptos con los cuales las grandes potencias hacían negocios múltiples. Las revoluciones árabes, de Egipto a Túnez, pasando por Yemen, Bahrein, Libia o Jordania, le demostraron al mundo que ser árabe o musulmán no significaba ser terrorista, que el Corán no era una bomba ni la barba el distintivo de un kamikaze y que detrás de esa imagen cincelada y modelada por las inteligencias y los intereses occidentales había una sociedad civil. La irrupción de aviones occidentales en el cielo libio viene a empañar esa dinámica. Otra vez, la empresa mesiánica de las grandes potencias se pone en marcha para salvar a los civiles de un tirano con el cual esas mismas potencias mantenían relaciones de fructuosa proximidad. Ningún demócrata puede deplorar el fin de una tiranía, pero sí la forma en que Khadafi vive, tal vez, sus últimos momentos al frente de un país trastornado por 41 años de dictadura, las dos fases del colonialismo italiano –antes y durante Benito Mussolini– la administración británica y la enclenque monarquía del rey Idriss, reintroducido en Libia por los británicos. El operativo montado para sacarlo del poder huele a precipitación, a intereses políticos transversales, a aventura armada, tiene acentos de legitimidad insegura y deja una sensación de desconfianza que el buen fin que se propone, liberar a un pueblo de la dictadura y a la represión, no llega a borrar. Sin dudas había otros medios de ayudar a la oposición libia a sacarse de encima a Khadafi. Con menos intereses en juego entre los actores centrales y periféricos que influyen en esta crisis no hubiese sido necesario recurrir una vez más a la cirugía militar occidental. Existían muchos caminos, pero Occidente volvió sobre sus pasos para servir la fórmula de siempre: la liberación a sangre y fuego. Las potencias se metieron con las armas en un juego que no les correspondía y que ellas contribuyeron a complicar con sus mediaciones precipitadas, su falta de coherencia, su cobardía y sus remotos reflejos, siempre renovados: cerrar los ojos, pactar con los diablos, y luego abrirlos cuando ya es demasiado tarde, para todos.

    Al final la guerra volverá a destruirlo todo, el pueblo de ninguna manera será liberado, ni la democracia instaurada, será democracia ni solución a las agonías que padece la sociedad bombardeada. Afganistan e Irak son dos ejemplos de eso y ahora habrá que sumarle Libia. En los dos países se impusieron democracias a la fuerzas, y en ninguno de los dos países la situación mejoró de laguna manera. Afganistan e Irak siguen siendo bombardeadas, sus gobiernos títeres no solucionan ningún problema y las riquezas de ambos países siguen siendo saqueadas por las grandes potencias, a través de sus multinacionales, sin que al país en cuestión le quede algo. Pero el mundo aplaude las intervenciones en nombre de Dios, la democracia y la libertad.

    Los países que atacan Libia se esconden detrás de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, uno de los organismos menos democráticos y representativos del planeta. Sin embargo, lo que el Consejo establece es palabra santa, son ellos los que establecen que es y que no es bueno o malo en el mundo. Pensemos un poco, son 5 países los que tienen poder de veto y deciden que se hace y que no se hace, sin preguntarle nada a los restantes 187 países que componen la ONU, y sin embargo el mundo entero acata sus decisiones sin cuestionar absolutamente nada. Las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU se traduce en bloqueos que generan hambre, mafias y corrupción, en bombas y balas, en golpe de estados, en atrocidades varias. Muchas veces me pregunto quien es realmente el monstruo en esta historia y quien no lo es.

    ¿A quien pondrá la Coalición de Cancerbero en Libia para que cuide las puertas de entrada a la UE en África? ¿Quién será el mandatario Libio que mantenga los contratos petroleros colonizantes en Libia? ¿Quién será el nuevo poder que desde Tripoli regale todos los intereses libio que tiene el país y Khadafi en el extranjero? ¿Qué líder libio podrá unificar diferencias ideológicas, étnicas y religiosas para que Libia no se desintegre en guerras internas como desean los países que hoy bombardean? ¿Quién será el nuevo enemigo mundial una vez que Khadafi sea exterminado? ¿Cuándo nos daremos cuenta que los 5 países con poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU son los verdaderos dictadores de esta tierra?

    El mundo está crisis económica, los países ajustan, recortan, dejan gente en la calle, jubilados sin jubilaciones, ciudadanos sin asistencia medica, pero ante la primera oportunidad, comienzan un guerra. ¿Cuánto cuesta cada despegue de un avión de combate?

    La operación "Odisea del Amanecer" contra las fuerzas de Muamar Gadafi en Libia muestra que los problemas fiscales de los países desarrollados no afectan el lanzamiento de misiones militares.

    Mientras se recorta el gasto social y se congelan salarios y pensiones estatales citando dificultades financieras insoslayables, los operativos militares se llevan adelante con un simple cálculo de costos.

    En el máximo deudor planetario, Estados Unidos, se estima que el costo de los misiles de un solo día asciende a unos US$100 millones: una operación prolongada costaría varios miles de millones.

    En el Reino Unido, que vive bajo la sombra de unos de los recortes fiscales más drásticos de la Unión Europea, UE, se estima que cada misil cuesta unos US$700.000, mientras que una salida del avión de combate Tornado se sitúa en unos US$40.000.

    Hasta en Grecia, que debió ser rescatada por la UE y el Fondo Monetario Internacional, FMI, el año pasado, un canal televisivo puso esta semana el grito en el cielo al calcular que aún la marginal participación griega en el conflicto costaría un millón de euros por día.

    "Es un despropósito. Hay una especie de tabú a la hora de hablar del costo de un conflicto. Las prioridades de la clase política en muchos países es deplorable", señaló a BBC Mundo Chris Nineheam portavoz de la organización Stop the War Coalition en Londres.

    Lo que debe quedar claro, para que se entienda, es que los misiles de Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y España –en principio- pueden por error caer en una escuela, hospital o vivienda de Libia, pero nunca caerán en un pozo petrolífero.

    Así juegan los amigos cuando no son amigos, así juega el poder Imperial en la tierra para asegurarse su dominio y beneficios por mil años más.

2 comentarios:

  1. MariluzGH says:

    Y ahí andamos todos rasgándonos las vestiduras
    -por la represión de Muamar el Gadafi a su pueblo que pedía pacíficamente sus libertades;
    -por la precipitación de Sarkozy en bombardear Libia
    -porque sea la OTAN quien dirija las operaciones militares y no la ONU
    -por la subida de los carburantes debido a la incertidumbre con el suministro
    -porque nos tememos que -de una forma u otra- van a volver los ataque suicidas que tan famoso hicieron a sátrapa libio.

    Tal vez deberíamos dejarnos impregnar por el viento de cambio que se está levantando en el mundo islámico y pensar en quitarnos todas las vestiduras...

    peliagudo tema, amigo.

    abrazos de mi primavera a tu otoño :)

  1. fgiucich says:

    Es aquí donde se ve, claramente, la doble moral de occidente. Abrazos.

Twitter @EdgardoRovira

Jacques Lacan

La primera virtud del conocimiento es la capacidad de enfrentarse a lo que no es evidente.



Juan Gelman

Mientras el dictador o burócrata de turno hablaba
en defensa del desorden constituido del régimen
él tomó un endecasílabo o verso nacido del encuentro
entre una piedra y un fulgor de otoño
afuera seguía la lucha de clases/el
capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/
la represión/la muerte/las sirenas policiales cortando
la noche/él tomó el endecasílabo y
con mano hábil lo abrió en dos cargando
de un lado más belleza y más
belleza del otro/cerró el endecasílabo/puso
el dedo en la palabra inicial/apretó
la palabra inicial apuntando al dictador o burócrata
salió el endecasílabo/siguió el discurso/siguió
la lucha de clases/el
capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/la represión/
[la muerte/las sirenas policiales cortando la noche
este hecho explica que ningún endecasílabo derribó hasta
[ahora
a ningún dictador o burócrata aunque
sea un pequeño dictador o un pequeño burócrata/y también
[explica que
un verso puede nacer del encuentro entre una piedra y un fulgor
[de otoño o
del encuentro entre la lluvia y un barco y de
otros encuentros que nadie sabría predecir/o sea
los nacimientos/ casamientos/ los
disparos de la belleza incesante
de "Hechos"
Envar El Kadri

Perdimos, no pudimos hacer la revolución. Pero tuvimos, tenemos, tendremos razón de intentarlo. Y ganaremos cada vez que un joven sepa que no todo se compra, ni se vende y sienta ganas de querer cambiar el mundo
Mario Benedetti


"Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventanas navideñas
su culto a dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordena


pero aquí abajo
el hambre disponible
recorre el fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras que el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohíbe
con su esperanza dura
el sur también existe

con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
son su gesta invasora
el norte es el que ordena


pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el sur también existe


con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos sus misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo

cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el sur también existe

Ernesto Sabato

"Leer les dará una mirada más abierta sobre los hombres y sobre el mundo, y los ayudará a rechazar la realidad como un hecho irrevocable. Esa negación, esa sagrada rebeldía, es la grieta que abrimos sobre la opacidad del mundo. A través de ella puede filtrarse una novedad que aliente nuestro compromiso







Mariano Moreno

Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía.
Calderon de la Barca

"Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son"
Silvio Rodriguez



En qué camino crecerá la hierba?
porqué hoy no vino alguien a su contienda?
qué puente estará roto?
porqué una mano no se crispo otro poco?


A qué ciudad tendrá un color marchito?
y porqué una vida no dejo nada escrito?
qué sueño tendrá hambre de una palabra,
de una gota de sangre?


Hubo un no fue bajo un jamás
hubo un tal vez bajo un quizás
hubo un regué bajo un frutal
hubo un llegué bajo un andar.


Hoy la pregunta
luego el viento hace un gesto
la hace un rol
por un fuego que no des a tiempo

puede no salir el sol.

Qué salto a las estrellas será tarde
de una esperanza raquítica y cobarde?
qué mundo submarino no será nuestro?
porqué un vigor no vino?

Qué misterio vital del universo
quedará oscuro esperando su verso?
En fin, que maravilla, la indiferencia
contra la pesadilla.


Hubo un no fue...

Hoy la pregunta...

Jorge Luis Borges

"Madre antigua y atroz de la incestuosa guerra,
borrado sea tu nombre de la faz de la tierra.
Tú que arrojaste al círculo del horizonte abierto
la alta proa del viking, las lanzas del desierto.
En la Torre del Hambre de Ugolino de Pisa
tienes tu monumento y en la estrofa concisa
que nos deja entrever (sólo entrever) los días
últimos y en la sombra que cae las agonías.
Tú que de sus pinares haces que surja el lobo
y que guiaste la mano de Jean Valjean al robo.
Una de tus imágenes es aquel silencioso
dios que devora el orbe sin ira y sin reposo,
el tiempo. Hay otra diosa de tiniebla y de osambre;
su lecho es la vigilia y su pan es el hambre.
Tú que a Chatterton diste la muerte en la bohardilla
entre los falsos códices y la luna amarilla.
Tú que entre el nacimiento del hombre y su agonía
pides en la oración el pan de cada día.
Tú cuya lenta espada roe generaciones
y sobre los testuces lanzas a los leones.
Madre antigua y atroz de la incestuosa guerra,
borrado sea tu nombre de la faz de la tierra."
Eduardo Galeano

Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.

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