HologramaBlanco

Largo es el camino que recorremos para alcanzar lo que buscamos. Un camino lleno de penurias y contradicciones que nos detienen, retrasan o pierden, pero con fuerza, determinación y comprommiso podemos superar. El curso de todo proceso revolucionario se levanta sobre la adversidad. Hay que trabajar honestamente y por el bien general, para que todo sea posible.
  • Osama es Obama y sus terrores nos embriagan



    En un país donde se hace la guerra para conseguir la paz, asesinar a un hombre para hacer justicia no es algo que debería llamar la atención, y la verdad no lo hace. Las portadas de todos los diarios testimoniaron convincente y convenientemente que el poder destructor del “terrorista” más buscado y odiado del mundo había terminado, gracias a una operación relámpago de la marina norteamericana que dio muerte al hombre más odiado.

    En este simple y complejo acto, el de asesinar a una persona, Estados Unidos develó –una vez más- el modo con que desarrolla sus procesos de lucha política a nivel global. Una lucha a sangre y fuego por el dominio global. Una lucha más violenta e ilegal que aquellas contra las que dice combatir.

    Estados Unidos con sus “daños colaterales”, sus asesinatos selectivos, su apoyo a insurgencias o dictaduras en todo el mundo ha matado a más personas que cualquier grupo “terrorista” de la historia. No es Osama Bin Laden quien debería formar parte en el selecto y decadente grupo de genocidas, son otros los que tienen más “merito” si se quiere que él, por ejemplo, el presidente norteamericano que decidió tirar una bomba nuclear sobre un pueblo inocente e indefenso, el que ordenó invadir Irak, el que firmó la orden de ejecución del “terrorista” más buscado.

    No es Osama Bin Laden el que más se parece a Hitler o a Hussein, es más, no es Osama Bin Laden el que debería haber aparecido en la portada del Time. El que debería haber aparecido en esa revista es el hombre que en un solo acto destruyo nuevamente la esperanza y los sueños de millones de seres humanos. Barak Obama es quien debería haber aparecido tachado en esa publicación y no Bin Laden. Porque en el momento en que Osama Bin Laden recibe el tiro de gracia, el asesino se vuelve victima y el victimario se vuelve asesino, y con Bin Laden muere más que un hombre, muere la posibilidad de hacer justicia, de comportarnos mejores que nuestros enemigos, de dar el ejemplo y otorgar la misericordia necesaria para que el devenir de la tierra sea diferente.

    En la muerte de Osama Bin Laden puede advertirse claramente el final de “Seven” (la película que en castellano se llamó “Pecados Capitales”), porque al igual que ocurre en la película, es el “malo” el que al final triunfa y le da un ejemplo irrefutable al mundo de violencia, ilegalidad, decadencia y miseria. Como en la película, Osama Bin Laden logra convertir en “monstruo” –una vez más- al que debería ser “héroe”, con ese desenlace deja ver que todos somos asesinos, pecadores, ilegales, miserables, horrendos.

    Osama Bin Laden aparecía en la más que a menudo alucinada mente norteamericana y de occidente como clave bajo la cual puede ser descifrado el enigma de la brutalidad mundial, brutalidad de la que alimenta el Imperio para subsistir y crecer. La figura del “terrorista” árabe resumía como pocas el talante del conflicto que agrupa en amigos y enemigos el escenario político del mundo. La sombra terrible de este ser gestado en la violencia norteamericana, alimentado con armas y dinero de la CIA había logrado conquistar los sueños de los Estados Unidos al principio, hasta que los norteamericanso necesitaron crear un “monstruos” contra el cual luchar para vender armas. Osama Bin Laden fue la excusa perfecta para que Estados Unidos volviera a la Guerra Mundial después de la Guerra Fría.

    Está claro que la operación fue un asesinato planificado mucho tiempo antes que Osama Bin Laden fuera dado caza. Está claro que su asesinato viola múltiples normas elementales del derecho internacional, mucho más al no hacer ningún intento de aprehender a la víctima desarmada, lo que presumiblemente podrían haber logrado 80 comandos que virtualmente no enfrentaban ninguna oposición, excepto, afirman, la de su esposa, que se lanzó hacia ellos.

    En sociedades que profesan un cierto respecto por la ley, a los “sospechoso” se les aprehende y se les conduce a un juicio justo. En un país que dice defender como nadie el Estado de Derecho, lo de Osama Bin Laden es mucho más que un error o una contradicción.

    Juristas internacionales y ex gobernantes señalaron que Estados Unidos cometió una clara violación de la ley internacional con su “ejecución” sin un juicio previo, a pesar de que para el Premio Nobel de la Paz su país hizo “justicia” “ajusticiando” al sospechoso.

    El ex jefe de gobierno de la Alemania Occidental Helmut Schmidt dijo a la televisión de su país que la operación fue “claramente una violación de la ley internacional”. También se mostró crítico el prestigioso abogado australiano de causas de derechos humanos, Geoffrey Robertson, quien estuvo a cargo de la investigación de la ONU de la guerra entre Hamas e Israel de 2009. “Eso no es justicia. Es una perversión del término. La justicia significa llevar a alguien ante la Corte, hallarlo culpable en base a evidencias y sentenciarlo”, dijo Robertson al canal de TV de la cadena pública Australian Broadcasting Corp.

    El especialista en derecho internacional holandés Gert-Jan Knoops afirmó que Bin Laden debería haber sido detenido y extraditado a Estados Unidos. “Los estadounidenses dicen que están en guerra con el terrorismo y que pueden eliminar a sus oponentes en el campo de batalla”, dijo Knoops a medios locales. “Pero en un sentido estrictamente formal, este argumento no se sostiene”, agregó el experto.

    Hasta hace una semana, como hasta hoy, Osama Bin Laden solo era un sospechoso de un acto condenable con la peor de las penas y rechazos, pero sin pruebas reales e irrefutables que los volvieran en culpable de todos los delitos cometidos. En abril de 2002, el jefe del FBI, Robert Mueller, informó a la prensa de que después de la investigación más intensiva de la historia, el FBI solo podía decir que “creía” que la conspiración se tramó en Afganistán, aunque se implementó en los Emiratos Árabes Unidos y Alemania. Lo que solo creían en abril de 2002, obviamente no lo sabían 8 meses antes, cuando Washington desdeñó ofertas tentadoras de los talibanes (no sabemos cómo de serias porque se descartaron instantáneamente) de extraditar a Bin Laden si les presentaban alguna evidencia, la que, como pronto supimos, Washington no poseía. Por lo tanto Obama simplemente mintió cuando dijo en su declaración de la Casa Blanca, que “rápidamente supimos que los ataques del 11-S fueron realizados por al-Qaida”.

    Desde entonces no han suministrado nada serio. Han hablado mucho de la “confesión” de Bin Laden, pero suena más bien a un alarde de algo que consideró un gran logro y un acto que sumaba mucho a su causa, que una verdad irrefutable. En el derecho se sabe que reconocer un delito no hace al confesor culpable del crimen, ¿Por qué acá si?.

    Osama Bin Laden tenía 54 años al momento de morir, nació el 10 de marzo de 1957 en Arabia Saudita. Fue el decimoséptimo hijo del jeque Salem Bin Laden. Se graduó en la Universidad Rey Abdul Aziz y, según él mismo contó, tres hechos de fines de la década del ’70 definieron su vocación: los acuerdos de paz impulsados por los Estados Unidos entre Israel y Egipto, la revolución islámica de Irán y la invasión de la URSS en Afganistán. Fue entonces cuando se involucró en la guerra contra las fuerzas soviéticas, buscando fondos para financiar la resistencia afgana, y fue entonces también cuando supo ser un aliado dilecto de Norteamérica. En Afganistán se vinculó con la Jihad Islámica, en su versión egipcia; sobre aquellas relaciones basó la fundación de Al Qaeda, hacia 1987-1988, con un propósito único: la “guerra santa islámica contra los judíos y los cruzados”. Pocos años más tarde, con la Guerra del Golfo, con pies infieles pisando Arabia Saudita, el mismo suelo que había pisado el Profeta, su sociedad con los Estados Unidos viró en enemistad.

    Osama tenía una idea fija sobre lo que ocurría en Medio Oriente que nadie pudo desmentirle: “Mientras los israelíes matan a niños inocentes en el Líbano y Palestina, ¿por qué los judíos y los musulmanes inocentes de EE.UU. se callan la boca? Su silencio los hace cómplices. Entonces tenemos que matarlos”.

    Osama Bin Laden murió en un “tiroteo” sin huellas visibles, dentro de una escuálida “mansión” de Abbottabad, que asemejaba más a una prisión domiciliaria que a otra cosa. Cuando las Fuerzas Especiales llegaron a la “mansión” de Abbottabad se encontraron con el hombre más buscado del mundo: desarmado, recién salido de la cama, atrapado como un principiante en una habitación sombría que no muestra rastro alguno de tiroteo, de enfrentamiento, de resistencia. ¿Realmente Osama no tenía escape o simplemente recibió una señal del Profeta indicándole que la hora del martirio digno del más temible guerrero del Islam todavía no había llegado? Sea como sea, Osama Bin Laden debió encomendarse al Dios Todopoderoso en el momento de darse cuenta que las Fuerzas de elite norteamericana entraron a su “casa”.

    Contrariamente a lo que se pensaba, ese hombre flaco y desgarbado, retratado casi siempre con un fusil Kaláshnikov en la mano izquierda no estaba dirigiendo las operaciones de Al-Qaeda desde una inexpugnable caverna en las montañas de Afganistán, sino instalado cómodamente en una casa de seguridad a las afueras de Islamabad, sin demasiada custodia ni privacidad. A todas luces, Osama se sentía seguro en esa casa, ubicada a pocas cuadras de la principal academia militar de Pakistán, que había sido provista por sus viejos camaradas del ISI, los servicios de inteligencia paquistaníes, aliados nominales de Estados Unidos pero con fuertes lazos con Al-Qaeda y socios de ambos en el multimillonario negocio de la heroína afgana.

    Desde que protagonizó su “gran escape” en las montañas de Tora Bora en diciembre de 2001 –donde los norteamericanos y los británicos supuestamente lo tenían rodeado–, Osama Bin Laden se desplazo unos escasos 240 kilómetros hasta su última guarida, pero la maquinaria bélica y de espionaje más poderosa del planeta tardó casi una década en encontrarlo. ¿Realmente lo buscaban? ¿Realmente no sabían donde estaba? El prófugo Osama vivo o muerto, encontrado o desaparecido, siempre fue de gran utilidad para agitar el fantasma del terrorismo global y vender así más armas y tener una excusa para controlar mejor a la sociedad mundial.

    En la truculenta operación escenificada en las afueras de Islamabad hay múltiples interrogantes; la tendencia del gobierno de los Estados Unidos a desinformar a la opinión pública torna aún más sospechoso este operativo. Una Casa Blanca víctima de una enfermiza compulsión a mentir nos obliga a tomar con pinzas cada una de sus afirmaciones. ¿Era Bin Laden o no? ¿Por qué no pensar que la víctima podría haber sido cualquier otro? ¿Dónde están las fotos, las pruebas de que el occiso era el buscado? Si se le practicó un ADN, ¿cómo se obtuvo, dónde están los resultados y quiénes fueron los testigos? ¿Por qué no se lo presentó ante la consideración pública, como se hiciera, sin ir más lejos, con los restos del Comandante Ernesto “Che” Guevara? Si, como se asegura, Osama se ocultaba en una mansión convertida en una verdadera fortaleza, ¿cómo es posible que en un combate que se extendió por espacio de cuarenta minutos los integrantes del comando norteamericano regresaran a su base sin recibir siquiera un rasguño? ¿Tan poca puntería tenían los defensores del fugitivo más buscado del mundo, de quien se decía que poseía un arsenal de mortíferas armas de última generación y los guardaespaldas mejor entrenados? ¿Quiénes estaban con él? Según la Casa Blanca, el comando dio muerte a Bin Laden, a su hijo, a otros dos hombres de su custodia y a una mujer que, en principio dijeron que Osama uso de escudo humano para defenderse, cuando en realidad fue la mujer la que se interpuso entre los “verdugos” y Osama para protegerlo. También se dijo que otras dos personas más habían sido heridas en el combate. ¿Dónde están, qué se va a hacer con ellas? ¿Serán llevados a juicio, se les tomará declaración para arrojar luz sobre lo ocurrido, hablarán en una conferencia de prensa para narrar lo acontecido?

    El manual de procedimientos utilizado por los comandos Seals en decenas de secuestros perpetrados en todo el mundo recomendaba inmovilizar al sospechoso, colocarle una bolsa en la cabeza, transferirlo a un helicóptero (había tres afuera, uno ya se había estrellado), transportarlo a una base militar, y luego de enfundarlo en un mameluco naranja, despacharlo en un vuelo sin escalas a Guantánamo.

    Sin embargo, la rendición del enemigo público número uno era el único escenario que los planificadores del operativo no habían calculado. De allí, las torpes contradicciones de la Casa Blanca. Según el testimonio de su hija, Osama fue capturado con vida, cosa que no estaba previsto en el guión que tan cuidadosamente habían elaborado. ¿Por qué Estados Unidos quería a Osama Bin Laden con tanta urgencia muerto, que sabía, que podía decir, que iba a hacer?

    La foto de los cadáveres de los guardaespaldas no deja margen de dudas: los tres recibieron el tiro de gracia al mejor estilo de fusilamiento mafioso. ¿Osama corrió la misma suerte que ellos? Todo hace creer que sí y esa sería la razón por la que impiden publicar las fotos de su cadáver.

    Cualquier guionista mediocre de Hollywood le hubiera sugerido a la Casa Blanca una mentira más verosímil: “Digan que Osama fue ejecutado por sus guardaespaldas para no ser atrapado vivo”. Esto hubiera sido perfectamente creíble, salvo por un detalle: la munición con la que le pegaron el tiro de gracia sólo la usan los Seals y el mundo se hubiera dado cuenta del montaje, por eso no hablar de suicidio, ni de ejecución por parte de sus propios guardaespaldas.

    En la “mansión” no hay rastros de ningún tiroteo en las paredes ni las ventanas de la habitación de Osama, sólo puede advertirse un charco de un cuarto litro de sangre. Según el testimonio de la hija de Osama, presente en el lugar, los comandos se llevaron a Osama herido. No está claro dónde ni cuándo lo remataron con un tiro en la cara y le arruinaron a Obama la foto de su trofeo, no se sabe si realmente se lo llevaron y en las condiciones en que lo hicieron. Lo único que se sabe es que Osama Bin Laden terminó en el fondo del mar.

    Ante este panorama surgen varias explicaciones de por qué Estados Unidos mató a Osama Bin Laden, pero ninguna se termina de dar. Por ejemplo, que se resistió y no hubo otro camino que matarlo. Sin embargo, los voceros del propio gobierno norteamericano son contradictorios. Durante la tarde del día posterior a la ejecución, se dijo que el único fin de toda la operación fue para matarlo, y no para detenerlo. El criterio llama la atención, en primer lugar desde el punto de vista humano: hubiera sido una señal al mundo si se lo apresaba y se realizaba un juicio con todas las garantías (como si se hizo en el juicio a los nazis en 1945). Pero, además, marca una notoria diferencia con el caso de Saddam Hussein, encontrado en Irak, juzgado y ejecutado en la horca el 30 de diciembre de 2006. Brennan, en cambio, dijo a la noche que si se presentaba la chance de detenerlo se lo hubiera apresado. Esto entró en contradicción con otro dato difundido por la CNN: Bin Laden no disparó. Para redondear el cuadro, la cadena ABC sostuvo que el líder de Al Qaeda usó a una mujer como escudo “y no se sabe si ella lo hizo en forma voluntaria”, después se descubrió que ella lo hizo voluntariamente. Todo sorprende: ¿el mayor prófugo del mundo no tenía preparada vía de escape? ¿La casa no tenía ningún escondite? ¿Por qué se estrello el helicóptero, si las condiciones de vuelo eran buenas, los pilotos altamente entrenados para este tipo de operaciones pueden cometer un error de estas características? ¿Se sabe que el elemento sorpresa es el mejor ataque, estrellar un helicóptero no es darle aviso al enemigo? ¿Dónde estaba el ejercito de Pakistan? ¿Y los seguidores de Osama Bin Laden?

    Al final todos fueron eliminados en la operación y ningún efectivo del comando de la marina sufrió ninguna herida. O sea que murieron todos los testigos posibles de lo ocurrido, del lado de Bin Laden, y sólo quedan testigos del lado norteamericano, que sabemos jamás van a hablar.

    Desde hace varios años existe una razonable duda sobre si Osama está con vida o no. En los últimos siete años hubo sólo dos videos en los que se vio hablando al líder terrorista. Los demás mensajes fueron sólo audios, muy poco confiables. El video de octubre de 2004 nunca fue cuestionado en su autenticidad, de manera que se toma como la última prueba de vida. En septiembre de 2007 hubo un largo video, pero todas las partes en las que supuestamente hablaba de la actualidad aparecieron con la imagen congelada. Se trata de un video de dudosa validez. Además se sabe que Osama Bin Laden necesitaba de hacerse diálisis cotidianamente, ¿Cómo se lo hacía? ¿En la casa no había ninguna maquina? ¿Dónde se la hacía? ¿Quiénes lo ayudaban? ¿Nadie lo reconocía?

    ¿Cómo consiguieron la información los norteamericanos? Los métodos “submarino” y “privación de sueño” no se acabaron con Bush. La información que la CIA consiguió para ubicar a Bin Laden la obtuvo aplicando técnicas de tortura como el “submarino” (simulación de asfixia) a detenidos en cárceles secretas. El director de esa agencia de inteligencia, Leon Panetta –quien en febrero de 2009 decía que el submarino “es un error”–, por estas horas reconoció que sus hombres procedieron con tales “técnicas coercitivas” de interrogatorio para dar con el archienemigo de Estados Unidos.

    El funcionario de la administración Obama dijo a la cadena de noticias NBC que las pistas que llevaron al refugio de Osama provinieron de “muchas fuentes de información”. Entre ellas, “técnicas de interrogación coercitivas que fueron empleadas contra algunos detenidos”, dijo Panetta.

    Desde el anuncio de la muerte del jefe terrorista en la madrugada del lunes, el propio gobierno norteamericano presentó los interrogatorios de dos detenidos “de gran importancia” como los elementos centrales de la operación. El mensajero a través del cual se llegó a Bin Laden habría sido un protegido del cerebro del 11 de septiembre, Jaled Sheij Mohamed, y un asistente de confianza de Abu Faraj al Libi, el número tres de Al Qaida capturado en 2005.

    Michael Hayden, el ex director de la CIA bajo la presidencia Bush, estimó que la administración Obama utilizó informaciones obtenidas de ciertos detenidos de “gran importancia”, durante interrogatorios realizados en cárceles secretas de la CIA.

    Hay un detalle para nada anecdótico que torna aún más inmoral la bravata norteamericana: pocas horas después de ser abatido, el cadáver del presunto Bin Laden fue arrojado al mar. De entrada, se dijo que se intentó entregar el cadáver a Arabia Saudita, país en el que Bin Laden nació. El régimen saudí no aceptó esa posibilidad –siempre según la versión norteamericana– y entonces “se lo sepultó en el mar, de acuerdo al rito islámico”. Toda la versión requiere de evidencias. El cuerpo de Bin Laden era la mejor prueba de que la Operación Jerónimo cumplió su objetivo. Los funcionarios de Estados Unidos afirmaron que tienen tres pruebas: un reconocimiento oral del cuerpo, un ADN y análisis facial, esta última es la técnica que se está imponiendo en el mundo después de las huellas digitales. Por ahora, no se vio nada de esto.

    La mentirosa declaración de la Casa Blanca dice que sus restos recibieron sepultura respetando las tradiciones y los ritos islámicos, pero no es así. Los ritos fúnebres del Islam establecen que se debe lavar el cadáver, vestirlo con una mortaja, proceder a una ceremonia religiosa que incluye oraciones y honras fúnebres para luego recién proceder al entierro del difunto. Además se especifica que el cadáver debe ser depositado directamente en la tierra, recostado sobre su lado derecho y con la cara dirigida hacia La Meca. La única posibilidad de sepultar a alguien el mar, es si esa persona murió en el mar, cosa que no ocurrió con Osama Bin Laden, ¿o sí? ¿reconocer esto es reconocer que fue atrapado con vida y fusilado sobre uno de los portaaviones de Estados Unidos? Sea como sea, lo que se hizo fue abatir y “desaparecer” a una persona, presuntamente Bin Laden, siguiendo una práctica siniestra utilizada sobre todo por la dictadura genocida que asoló a la Argentina entre 1976 y 1983.

    Las revueltas pacíficas en el mundo árabe, no sólo desnudaron la complicidad de Estados Unidos con los dictadores locales, sino también demostraron que Al-Qaeda estaba en estado de coma. La imperiosa necesidad de Washington y las monarquías árabes de sofocar las revueltas pacíficas exigían reciclar a Al-Qaeda y prescindir definitivamente de su creador, Osama Bin Laden. Por eso la noticia del asesinato de Bin Laden reinstala a Al Qaida en el centro del escenario. Si hay algo que a estas alturas es una verdad incontrovertible es que esas revueltas no responden a ninguna motivación religiosa. Sus causas, sus sujetos y sus formas de lucha son eminentemente seculares y en ninguna de ellas –desde Túnez hasta Egipto, pasando por Libia, Bahrein, Yemen, Siria y Jordania– el protagonismo recayó sobre la Hermandad Musulmana o en Al Qaida. El problema es el capitalismo y los devastadores efectos de las políticas neoliberales y los regímenes despóticos que aquél instaló en esos países y no las herejías de los “infieles” de Occidente. El fundamentalismo islámico, ausente como protagonista de las grandes movilizaciones del mundo árabe, aparece ahora en la primera plana de todos los diarios del mundo y su líder como un mártir del Islam asesinado a sangre fría por la soldadesca del líder de Occidente.

    Si ésta es una victoria contra Bin Laden, contra Al Qaeda y el terrorismo, ¿significa que las fuerzas norteamericanas deberían regresar inmediatamente a sus casa? Claro que sí. ¿Por qué entonces permanecen en Afganistán? ¿No fueron ahí los estadounidenses y los británicos en 2001 para luchar contra Osama Bin Laden? ¿No lo mataron el lunes de la semana pasada? La verdad es que nada va a cambiar, hubo un doloroso simbolismo en el ataque aéreo de la OTAN la semana pasada –apenas 24 horas después de la muerte de Bin Laden–, que mató aún más guardias de seguridad afganos. La lucha excede a Bin Laden, Estados Unidos está ahí para proteger sus intereses.

    Irán por una vez habló en nombre de los millones de árabes en respuesta a la muerte de Bin Laden. “La excusa de los países extranjeros para desplegar sus tropas en esta región bajo el pretexto de luchar contra el terrorismo ha sido eliminada”, dijo su vocero de la Cancillería. “Esperamos que este hecho termine con la guerra, con el conflicto, los disturbios y la muerte de gente inocente, y ayude a establecer la paz y tranquilidad en la región.”

    Cualquiera fuesen los actos atribuidos a Bin Laden, el asesinato de un ser humano desarmado y rodeado de familiares constituye un hecho aborrecible. Aparentemente eso es lo que hizo el gobierno de la nación más poderosa. Bin Laden fue amigo de Estados Unidos, lo entrenó, siendo un ferviente soldado contra el socialismo. Asesinarlo y enviarlo a las profundidades del mar demuestra temor e inseguridad, lo convierten en un personaje mucho más peligroso que antes.

    Solo un asesino puede matar, Obama es un asesino como lo es Osama. Al final, Obama y Osama son lo mismo, los dos matan, los dos luchan, los dos hacen guerras en nombre de Dios y de la justicia.

    Obama es Osama y Osama es Obama, los dos son “terroristas”, los dos jugaron y juegan el juego del miedo, los dos construyen su poder gracias a la violencia y la muerte.

    En esta realidad, un Premio Nobel de la Paz es “terrorista” y un “terrorista” puede ser Premio Nobel de la Paz si las condiciones fueran diferentes. Nada está bien, y Obama nos a empujado un poco más al abismo con su orden de asesinar a Osama Bin Laden.

    El Mundo está convulsionado por un terror que proviene tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, desde los fundamentalistas religiosos, como de los fundamentalistas democráticos, desde los Estados más fuertes, como de los Estados más débiles, desde Oriente a Occidente el terror se hace presente.

    Cuando una Nación abandona los principios del derecho para combatir el terror, el “terror” se aproxima a ganar la guerra de la que jamás podremos volver. El derecho tiene que tener absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, extraordinarios, nacionales o internacionales, que ofrezcan a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio. Podemos permitirnos perder cualquier cosa, lo que no podemos permitir es implantar el “terror” en nuestras vidas. Ni asesinatos, ni ajusticiamientos unilaterales, ni torturas, ni genocidios.

    A los delitos de los “terroristas” los Estados, y mucho menos, un Premio Nobel de la Paz, pueden responder con un terrorismo infinitamente peor que el combatido.

    Ningún presidente puede juzgar, para eso están los jueces constitucionales, si lo hiciera corre el riesgo de producir la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Son muchísimos los pronunciamientos sobre los sagrados derechos de la persona a través de la historia y, en nuestro tiempo, desde los que consagró la Revolución Francesa hasta los estipulados en las Cartas Universales de Derechos Humanos y en las grandes encíclicas de este siglo. Todas las naciones civilizadas, estatuyeron en sus constituciones garantías que jamás pueden suspenderse, ni aun en los más catastróficos estados de emergencia: el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal, el derecho a proceso; el derecho a no sufrir condiciones inhumanas de detención, negación de la justicia o ejecución sumaria. Todo esto el Señor Barak Obama parece olvidar, violando todos los principios y todas las normas morales.

    Osama fue asesinado, no lo sabemos, lo que si sabemos es que Obama continúa siendo el presidente de los Estados Unidos, manejando la maquinaria del terror que el poder necesita para mantener el sistema de dolor y explotación en el que vivimos, por eso no podemos aplaudir, festejar, ni dejarnos engañar con tanto cuento estúpidos.

1 comentarios:

  1. Anónimo says:

    muy buen articulo concuerdo con mucho de lo que diceso que dices

Twitter @EdgardoRovira

Jacques Lacan

La primera virtud del conocimiento es la capacidad de enfrentarse a lo que no es evidente.



Juan Gelman

Mientras el dictador o burócrata de turno hablaba
en defensa del desorden constituido del régimen
él tomó un endecasílabo o verso nacido del encuentro
entre una piedra y un fulgor de otoño
afuera seguía la lucha de clases/el
capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/
la represión/la muerte/las sirenas policiales cortando
la noche/él tomó el endecasílabo y
con mano hábil lo abrió en dos cargando
de un lado más belleza y más
belleza del otro/cerró el endecasílabo/puso
el dedo en la palabra inicial/apretó
la palabra inicial apuntando al dictador o burócrata
salió el endecasílabo/siguió el discurso/siguió
la lucha de clases/el
capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/la represión/
[la muerte/las sirenas policiales cortando la noche
este hecho explica que ningún endecasílabo derribó hasta
[ahora
a ningún dictador o burócrata aunque
sea un pequeño dictador o un pequeño burócrata/y también
[explica que
un verso puede nacer del encuentro entre una piedra y un fulgor
[de otoño o
del encuentro entre la lluvia y un barco y de
otros encuentros que nadie sabría predecir/o sea
los nacimientos/ casamientos/ los
disparos de la belleza incesante
de "Hechos"
Envar El Kadri

Perdimos, no pudimos hacer la revolución. Pero tuvimos, tenemos, tendremos razón de intentarlo. Y ganaremos cada vez que un joven sepa que no todo se compra, ni se vende y sienta ganas de querer cambiar el mundo
Mario Benedetti


"Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventanas navideñas
su culto a dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordena


pero aquí abajo
el hambre disponible
recorre el fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras que el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohíbe
con su esperanza dura
el sur también existe

con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
son su gesta invasora
el norte es el que ordena


pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el sur también existe


con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos sus misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo

cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el sur también existe

Ernesto Sabato

"Leer les dará una mirada más abierta sobre los hombres y sobre el mundo, y los ayudará a rechazar la realidad como un hecho irrevocable. Esa negación, esa sagrada rebeldía, es la grieta que abrimos sobre la opacidad del mundo. A través de ella puede filtrarse una novedad que aliente nuestro compromiso







Mariano Moreno

Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía.
Calderon de la Barca

"Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son"
Silvio Rodriguez



En qué camino crecerá la hierba?
porqué hoy no vino alguien a su contienda?
qué puente estará roto?
porqué una mano no se crispo otro poco?


A qué ciudad tendrá un color marchito?
y porqué una vida no dejo nada escrito?
qué sueño tendrá hambre de una palabra,
de una gota de sangre?


Hubo un no fue bajo un jamás
hubo un tal vez bajo un quizás
hubo un regué bajo un frutal
hubo un llegué bajo un andar.


Hoy la pregunta
luego el viento hace un gesto
la hace un rol
por un fuego que no des a tiempo

puede no salir el sol.

Qué salto a las estrellas será tarde
de una esperanza raquítica y cobarde?
qué mundo submarino no será nuestro?
porqué un vigor no vino?

Qué misterio vital del universo
quedará oscuro esperando su verso?
En fin, que maravilla, la indiferencia
contra la pesadilla.


Hubo un no fue...

Hoy la pregunta...

Jorge Luis Borges

"Madre antigua y atroz de la incestuosa guerra,
borrado sea tu nombre de la faz de la tierra.
Tú que arrojaste al círculo del horizonte abierto
la alta proa del viking, las lanzas del desierto.
En la Torre del Hambre de Ugolino de Pisa
tienes tu monumento y en la estrofa concisa
que nos deja entrever (sólo entrever) los días
últimos y en la sombra que cae las agonías.
Tú que de sus pinares haces que surja el lobo
y que guiaste la mano de Jean Valjean al robo.
Una de tus imágenes es aquel silencioso
dios que devora el orbe sin ira y sin reposo,
el tiempo. Hay otra diosa de tiniebla y de osambre;
su lecho es la vigilia y su pan es el hambre.
Tú que a Chatterton diste la muerte en la bohardilla
entre los falsos códices y la luna amarilla.
Tú que entre el nacimiento del hombre y su agonía
pides en la oración el pan de cada día.
Tú cuya lenta espada roe generaciones
y sobre los testuces lanzas a los leones.
Madre antigua y atroz de la incestuosa guerra,
borrado sea tu nombre de la faz de la tierra."
Eduardo Galeano

Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.

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