HologramaBlanco
-
Sabato entre héroes y tumbas (1911-2011)

“Existe cierto tipo de ficciones mediante las cuales el autor intenta liberarse de una obsesión que no resulta clara ni para él mismo. Para bien y para mal, son las únicas que puedo escribir. Más, todavía, son las incomprensibles historias que me vi forjado a escribir desde que era un adolescente. Por ventura fui parco en su publicación, y recién en 1948 me decidí a publicar una de ellas: El Túnel. En los trece años que transcurrieron luego, seguí explorando ese oscuro laberinto que conduce al secreto central de nuestra vida. Una y otra vez, traté de expresar el resultado de mis búsquedas, hasta que desalentado por los pobres resultados terminaba por destruir los manuscritos. Ahora, algunos amigos que los leyeron me han inducido a su publicación.”. Ernesto Sabato, “Sobre héroes y tumbas”.
Fue un día gris, lluvioso, plomizo, silencioso, apesadumbrado, fue un día bien Sabato, un día donde el clima estaba acorde con la despedida que se merecía ese gran personaje que fue el escritor Ernesto. Fue un día diferente, un día donde lloró Alejandra Vidal Olmos y lloro Martín del Castillo, lloro Castell y María, lloro Bruno y la mama de Alejandra, fue un día donde lloramos todos. Es que murió EL ESCRITOR, se murió el maestro -mi maestro de adolescencia-, ese ser que me enseño a pensar y sobre todo a sentir el dolor imperecedero que lleva el hombre a la más grandes proezas y a las más detestables acciones, a la grandeza, a la locura, a la miseria, a la nada de la que es parte.
Ayer fue un día difícil, hoy lo fue más –por lo menos para mí-, es que se nos fue Ernesto, el humanista. Y si bien ya no hablaba, ni aparecía en público, mucho menos escribía, el estaba vivo, viejito, frágil, débil, pero vivo en su rincón en el mundo, en Santos Lugares.
Llora Alejandra y llora Martín y lloran todos los ciegos de aquel fantástico informe que fue infierno y fue cielo para todos. Un informe que mostró como nunca, la ceguera existencial del hombre que quema por dentro y nos impulsa a la muerte y destrucción. Se nos murió Sabato y los héroes lloran desde la tumba la historia del escritor y de una nación perdida desde su génesis.
Se nos murió Ernesto, el escritor que fluía como “río negro” y profundo por las calles de Buenos Aires, que fluía y nos ahogaba en las corrientes subterráneas del existencialismo más personal y primario que un físico podría concebir. Ayer se murió el escritor que nos enseñó que el hombre se convierte en ser, y que los personajes se construyen con el dolor natural del hombre, bajo principios metafísicos inviolables. Ayer se murió el escritor que enseño que las tramas son itinerarios decadentes que nos sorprenden por la mañana y nos atormentan por la noche, y que al final, la muerte viene a cobrarse, queramos o no, la deuda que contraemos cuando nacemos. Para Sabato el hombre fue ese misterio al que debíamos indagar más allá de todo. Desde el misterio el hombre debía combatir el racionalismo que lo condenaba. Así aprovechó Sabato el surrealismo y la impronta camusiana. La novela, con todos los recursos compositivos que la modernidad le prestó, le sirvió para acercarse al amor, la muerte, el mal y el más severo pesimismo. Lloramos todos porque murió el escritor coherente, pertinaz que en la búsqueda de verdades manifiesta descubrió que el pesimismo en el diagnóstico moral es resultado del ímpetu homicida ontológico que acunamos en nuestro pecho vaciado.
Sabato es un ícono de la cultura argentina con todo lo positivo y negativo que trasunta ocupar esa posición en el imaginario de una sociedad. Supo articular, declaración tras declaración, páginas tras página, la estela del escritor torturado y sufriente que luchaba contra las tinieblas y fantasmas. Su conciencia parecía que nunca lo dejaba en paz. Su carácter conflictivo y muchas veces arbitrario se dibujaba en las arrugas de su frente. Le dolía la Argentina, le dolía el mundo y vivió con intensidad la obvia falta de soluciones que toda generación padece.
Lloramos porque se murió el escritor que develó el monstruoso mundo de sus tinieblas y al mismo tiempo la de todos nosotros. Ernesto Sabato era un hombre triste; tan triste era que parecía que esa era su real y única naturaleza; pero más que su cuerpo, su mirada, sus palabras, más que todo eso, Sabato demostraba que fue una persona física y mentalmente triste. Pero se hizo tan mayor su tristeza que convirtió su cuerpo, su memoria y su deseo en pura melancolía, y se fue deteriorando su salud, sin que nunca pudiera pensarse que aquel cuerpo del que tanto se quejaba lo fuera a traicionar, algo para su liberación, quizá, pero también para su congoja, cosa que terminó por suceder. Pues, a pesar de las apariencias, las que él hacía explícitas y las que se le notaban en las oquedades pocas veces risueñas de sus ojos, Ernesto Sabato era también un cascarrabias que amaba la vida, un hombre capaz de alternar su preocupación por la ceguera (la suya, la que lo amenazaba) con las bromas y los dimes y diretes que le gustaba levantar para hablar de la clase literaria a la que pertenecía de lleno pero a regañadientes.
Con 99 años la muerte no debería sorprendernos demasiado, pero sorprende y esa sorpresa es llanto puro, el llanto que produce en el hombre la muerte de un héroe de adolescencia, aquel ser que me abrió las puertas de la escritura y quebró mi alma para siempre. Lloro, porque se murió el escritor que me enseño a sufrir, a reír, a pensar, a mirar el mundo desde otro lugar. Se murió el que me enseño que los hombres sufren por igual y por igual buscan salidas para no sufrir –aunque eso sea imposible-. Llora Alejandra y lloro yo, se ha muerto uno de los escritores fundamentales de la literatura Argentina, Latinoamericana y mundial del Siglo XX.
Se ha muerto el escritor que creó ha Alejandra y nos enseño que la vida es un túnel sembrado de héroes y tumbas. Se murió el escritor que nos ha hecho pensar en el mundo y a pensarnos nosotros dentro del mundo. Se ha muerto el “maestro”, el “genio”, el “canalla” (hincha de Rosario Central), el “quijote lúgubre” de nuestras pampas. Se murió el escritor, pero sobre todo, el hombre, ese hombre con aciertos y errores, con miserias y virtudes, como todos.
Descendiente de padre italiano y madre albanesa, Sabato está considerado como uno de los grandes de la literatura latinoamericana no solo por sus novelas, incluida Abaddón el exterminador, sino también por su amplia obra ensayística sobre la condición humana. Obtuvo el Premio Cervantes en 1984, y se tomo el atrevimiento de decir que El Quijote era “un simple mortal, tierno desamparado, andariego, el hombre que alguna vez dijo que por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida".
Sabato tuvo también una vida andariega, marcada por la literatura y por su compromiso ético que le llevó al final de su vida a declararse más cercano al "anarco-cristianismo" que al activo comunismo de su juventud. El escritor empezó su vida profesional como físico, en Zurich (Suiza), pero muy rápidamente comenzó su actividad literaria y su amistad con el Grupo Sur, donde conoció a Victoria Ocampo y a Jorge Luis Borges, con quien mantuvo siempre una relación conflictiva pero que dio origen, en 1976, a un hermoso libro titulado Diálogos con Jorge Luis Borges.
La vida y la importancia de Ernesto Sabato, no se comprende sin su faceta de luchador por los derechos humanos y su compromiso contra la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983 pese a que en los primeros meses del golpe participó en una comida con el general Jorge Videla, a la que asistió también Jorge Luis Borges y que los militares promocionaron para publicitar el Proceso. Sabato cambió de opinión al conocer los continuos asesinatos y abusos contra los derechos humanos que protagonizaba la dictadura y firmó todas las peticiones que pudo reclamando la aparición con vida de quienes habían sido secuestrados, mientras muchos guardaban silencio o se escondían detrás de libros y editoriales.
Ayer, aproximadamente a las 0:40 de la madrugada, en su vivienda de la calle Severino Langeri 3135, en el partido de Tres de Febrero, Provincia de Buenos Aires, falleció Ernesto Sabato. Y aunque todos sabíamos que estaba en silencio desde hace mucho tiempo, preso de una enfermedad muy grave que lo afectaba, esta noticia golpeó fuerte a todos.
Había sido de la izquierda reformista universitaria y sus primeros contactos con la vida cultural habían sido a través de la ciencia y la física. Desde temprano Sabato se dedicó a pensar una suerte de resurgimiento humanística en un universo transitado por una revolución técnica que evidentemente no lo convencía, puesto que parecía que dejaba desamparado al hombre creador, espiritual, al escritor, a la comunidad misma.
Sus orígenes tienen que ver con el positivismo científico, se fue apartando progresivamente del él en busca de lo que alguna vez denominó los dioses, los dioses de la creación, los dioses de la reparación de la vida por la sociedad contemporánea, las grandes ciudades de cemento. Su formación es admirable: pensamiento marxista, la filosofía existencial, el humanismo de Camus y de Sastre, la experiencia científica concretada en sus estudios en Francia, donde como físico se aproxima al conocimiento nuclear.
Sabato, en los años 30, era una personaje con un pie en la militancia comunista y otro en la ciencia. "El proviene de la izquierda tradicional con la que rompe al verse desencantado", señaló el secretario de Cultura de Argentina, Jorge Cosía.
Temiendo persecución por parte del gobierno de Josef Stalin, al deslindarse y cuestionar el del comunista, Sabato rechaza un viaje a Moscú y se aboca de lleno en Buenos Aires a la ciencia, hasta que obtiene un doctorado en Física en 1938.
Fue justamente la ciencia la que inspiró su primer libro. Y no por su creencia en este campo sino por las contradicciones que encontró en la exactitud y los números.
Lo que Sabato definió como una "crisis existencial", fue lo que generó su primer libro, en 1945, Uno y el Universo, a pocos años después de abandonar la ciencia y dedicarse por entero a las humanidades. El demonio libertario de la creación literaria lo aleja del racionalismo gnoseológico y lo lleva a optar por las letras. Comprende que la novela (la gran novela en el sentido de los maestros rusos Dostoyevski, Tolstoi o de los alemanes Mann, Hesse; o Proust y Joyce), es el camino de una visión total del hombre y de la vida, una Weltanschauung.
La publicación de Uno y el Universo ofrece una serie de reflexiones filosóficas en donde el escritor cuestiona la supuesta neutralidad moral de la ciencia. Este fue el puntapié inicial de su trayectoria literaria.
Pero su trabajo más difundido llegó pocos años después. El Túnel, fue una novela que se llena del existencialismo del momento cuyo tema central es el asesinato y de cómo el amor se puede convertir en odio.
Esta obra le valió los elogios de grandes filósofos como el francés Albert Camus, y llegó a ser lectura obligatoria en centros académicos en todo el mundo, al ser traducida en varios idiomas.
En El escritor y sus fantasmas era el hombre y la maquinaria, y fueron lecturas que los jóvenes de los 60 hacían con interés. Era, de algún modo, la búsqueda de soluciones político colectivas con una humanidad que parecía descentrada de los objetivos morales, intelectuales.
En los ´40 publicó El Túnel, que fue elogiada por Albert Camus en Francia, el escritor más leído en aquella época. El Túnel de Sabato era una novela inspirada un poco en Camus, que también buscaba en medio de la oscuridad el sentido de la vida", planteó.
`Sobre Héroes y Tumbas` en los 60 fue su novela conmocionante, una novela sobre la Argentina, una búsqueda también del sentido de la verdad y la existencia, pero a través de distintos personajes. Fue una novela que realmente conmocionó la literatura argentina, también en medio de un mundo sin valores o sin sentidos, sobre todo la ciudad de Buenos Aires, que él pinta con sentido metafísico. Los personajes son como sonámbulos que se buscan a si mismos en medio de una sociedad que les da la espalda y esa novela durante muchos años fue la marca que dejaba Sabato a los nuevos lectores, y no pocas otras escrituras se inspiraron en Sobre Héroes y Tumbas.
Abbadón el exterminador, según muchos no logró el nivel de Sobre héroes y tumbas, pero es una obra que viene a continuarla, y a romper con el espació y tiempo establecido hasta el momento. En este libro, Sabato, subraya sus propios conflictos existenciales, en el, elige asumirse como protagonista, método que le permitía observarse y ser observado, según la imagen con que pretendía reflejarse en los demás. Prefirió expresarse al cómo expresarse. Con este libro intentó avances en el ocultismo y en las quiebras de la espiritualidad occidental. La novela provocó interés en Europa, no tanta en Argentina, pero terminó su trilogía novelesca.
En 1981 publica La robotización del hombre. Tres años más tarde le sigue Nunca más, terrible y dolorosa crónica de investigación sobre los desaparecidos durante la dictadura de los militares comandados por Rafael Videla. Tuvo un protagonismo relevante en la elaboración del informe de la Conadep (Comisión Nacional contra la Desaparición de Personas) al restaurarse la democracia en el año 1983, que hizo resaltar su valor humanista y su sentido de justicia.
No es hasta 1999 que edita Antes del fin. Un texto autobiográfico, pesimista. Contradictorio y agustiniano. Radical en la premonición de un futuro desesperanzado. Su destinatario era la juventud argentina. Y en cierta manera, un libro de despedida.
Luego empezó a pintar temas que en general eran calificados como lúgubres, como una gran despedida del mundo, debido a su escepticismo, pero nunca tuvo repercusión su pintura.
Sabato afirmaba creer en el hombre, "a pesar de ser el animal más siniestro". También pensaba que “La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, hay que morirse" y tarde o temprano se muere y nada queda.
Un cascarrabias, un ermitaño, un vanidoso, un irónico, un conflictivo sin igual, un ser atento y respetuoso, un independiente político, un renegado del marxismo totalitario, un enemigo del neoliberalismo, un empeñado antiperonista, un anarquista liberal, un anarquista crítico por convicción.
Con sus errores, su vanidad, sus compromisos, su voluntad argentina, su fe en el conocimiento literario, Sabato fue una personalidad grande que dedicó su vida a escudriñar luces y sombra del hombre y la sociedad.
No llegar al centenario fue su última maniobra de espíritu indomable, de físico devenido escritor, de hombre comprometido con “el ser y la nada” y de eterno hablador mientras muchos callaban. Noventa y nueve años no es un número despreciable y no lo fue para él.
Celebremos su vida y su literatura, ese será el mejor agradecimiento que podemos hacerle. Y que su literatura nos ayude a atravesar el extraño túnel que es la vida, porque hombres como Sabato son necesarios para que el recorrido sea menos oscuro, menos doloroso para todos nosotros.
3 comentarios:
-
Qué necesarios son estos intelectuales de los que cada vez quedan mejos ejemplos. Que la tierra le sea leve.



Videos y Fotos tomadas de Google o sites libres de descarga. Si por algún motivo se entiende que se vulnera el copyright de éstas ponganse en contacto con el autor de este blog que las retirará de inmediato.













Siento que "El túnel" es su obra principal.Sábato relacionó el " túnel" con lo oscuro del alma, lo que el ser humano intenta descifrar como la verdad.
El conflicto de la incomunicación , el amor - odio y la soledad interior.
"Cuando uno empieza a aprender el oficio de vivir ya hay que morir."
"Escribo para buscar el sentimiento de la existencia."
-Ernesto Sábato -
Se sentirá su ausencia.Especialmente al pasar por Santos lugares ," su lugar en el mundo".
"Vivir consiste en construir futuros recuerdos"- escribió...
Me sumo a tu homenaje.
Seguiremos celebrando su vida y su palabra.
Un abrazo.